*La Virgen le dio un signo

Sor Emmanuel


Un grupo llegado de Oriente Medio estaba pasando algunos días en Medjugorje, deseosos de hacer una auténtica peregrinación. Entre ellos, Souha, una mujer casada y madre de 2 niños. Su marido, médico, no pudo dejar su trabajo y ella ha tenido que venir sola.

Souha tiene un secreto que no le deja en paz. Poco tiempo después de su llegada busca a un sacerdote del grupo para confiarle que hace un tiempo, había realizado un aborto. El bebé que esperaba tenía el síndrome de Down, pero ni su marido ni ella querían continuar con el embarazo. Juntos decidieron sacarlo del vientre materno y realizaron el aborto. 
Como su corazón no quedaba en paz, Souha le preguntó al sacerdote: “¿No es un pecado, verdad?”. El sacerdote le contestó: “Pues sí, hija mía, es un pecado, y un pecado muy grave, ¡tiene que confesarse!”. Pero Souha, no del todo convencida y se obstinó en rechazar la confesión. Sin embargo, pidió a la Santísima Virgen un signo para discernir si tenía que confesar este acto o no.

Esa misma tarde, durante la aparición de la Gospa en la colina con Ivan, Souha se encontraba allí con su grupo. Desde el preciso instante de la llegada de la Virgen, se dobló en dos de forma imprevista, como tirada al suelo, todo su cuerpo curvado y su nariz pegada al suelo. Ella permaneció así un buen rato. Cuando finalmente se levantó, después de la aparición, sus amigos la vieron llorar. Souha les dijo: “¡Hay que llamar a un sacerdote, necesito confesarme ahora mismo!”.

No sabemos lo que le sucedió durante la aparición y sus amigos respetaron su secreto, pero la Virgen actuó. Empapada en lágrimas, Souha hizo la más bonita confesión de toda su vida. Sí, tocó el horror del pecado y por eso lloró tanto. Aceptó la misericordia de Dios hacia ella misma, su paz interior se restauró y se sintió liberada. ¡Qué luminosidad se refleja ahora en su cara! Souha dio testimonio ante sus amigos de su inmensa alegría, una alegría como nunca antes había experimentado.

En Medjugorje, algunos grupos de peregrinos tienen una tradición muy bonita. El líder propone que cada uno asuma la responsabilidad de rezar por otra persona del grupo y que lo lleve especialmente en sus oraciones durante toda la peregrinación. Para ello, durante la primera o la segunda tarde, cada uno debe sacar de una cesta el nombre de otro peregrino. 
Aquella tarde, de las 150 personas que componían el grupo ¿quién recibió el nombre de Souha para encargarse de rezar por ella? ¡Una joven con el síndrome de Down!

Aquella misma tarde, el marido de Souha llamó por teléfono, y tras escuchar el relato de su mujer, le dijo: “Sabes, te llamo porque me parece muy raro que tú estés allí rezando a Dios, mientras que yo aquí estoy realizando abortos. ¡Esto no puede seguir así! Hoy mismo decido dejar de hacerlo”. Él también lloró mientras hablaban. En la distancia, había presentido que algo estaba ocurriendo en su mujer y estaba dispuesto a dar ese gran paso en el terreno profesional. Souha no podía creer lo que estaba oyendo.

Esto ocurrió durante el mes de agosto pasado. Ahora, Souha, su marido y sus hijos viven de manera diferente; han puesto a Dios en el primer lugar. Practican los sacramentos, asisten a misa casi todos los días y dan testimonio. Después de este episodio memorable, mientras se preguntaban cómo podrían reparar el daño hecho en el pasado, recibieron la llamada de un orfanato que necesitaba ayuda. Unas hermanas les pedían que se ocuparan de un bebé huérfano. Vieron en este pedido la respuesta de Dios, y en reconocimiento, decidieron hacer todo lo que estuviera en sus manos para ayudar a ese bebé.
¿Y qué fue del pequeño con síndrome de Down abortado? En Medjugorje, María ha dicho sobre estos niños no-nacidos: “Están conmigo”.
Con toda seguridad este niño ora mucho por sus padres y por sus pequeños compañeros que hoy en día están destinados a no ver la luz del sol.


Y yo me pregunto: ¿tendría realmente el síndrome de Down? Cada vez veo con mayor frecuencia que se realizan diagnósticos equivocados. Cuando las madres, a pesar de la anomalía anunciada, deciden conservar al niño, muchas veces éste nace perfectamente normal. Nuestra cultura de la muerte y la presión cada vez más poderosa del mercado del aborto ciertamente juegan en todo esto. ¡Es para meditar!

¡Pero Dios es maravilloso! Para esta familia, ha convertido el mal en un bien. Cientos de niños (miles, quizás) no serán abortados porque este médico está luchando ahora en favor de la vida.

 

“Queridos niños, esta noche los invito de manera particular a orar por los niños no nacidos. Oren especialmente por las madres que matan a sus hijos. Queridos hijos, estoy triste por tantos niños que son matados. Oren para que no haya madres así en el mundo” (al grupo de oración de Medj, 3-3-90)

Sor Emmanuel

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