lunes, 29 de septiembre de 2014

Ex Discípulo de Satanás se ordena sacerdote

Fanático del Heavy Metal, pandillero, discípulo de Satanás... Hoy es sacerdote y exorcista

Fanático del Heavy Metal, pandillero, discípulo de Satanás... Hoy es sacerdote y exorcista
Su rebeldía fue la detonante para que viviera desde muy temprana edad en las calles de Medellín. En medio del rock pesado, quedó subyugado con el infierno. Pronto descubriría que no era un juego.
Portaluz

Antes de ser sacerdote misionero y uno de los exorcistas más consultados de Colombia, el padre Juan Gonzalo Callejas fue testigo del infierno. Tal cual. Él mismo testimonia, en entrevista difundida por el Canal TeleVida de Colombia, que estuvo al servicio del demonio en su juventud y perteneció a bandas delictuales en su natal Medellín, durante la época turbulenta de Pablo Escobar.
 
Pese a ser criado en un colegio católico, la rebeldía borró todo principio cristiano heredado de sus padres. La anarquía y displicencia en contra de toda autoridad eran más atractivas. Así fue presa fácil para el demonio. “Salí a la calle a disfrutar de la vida, porque podía hacer lo que quería. Todo se coordinó para que me metiera en el terreno de lo oculto. Empecé a pintar distintas figuras del infierno en mi cuarto, a pegar afiches de las agrupaciones de zombies. Capturaba murciélagos y luego de matarlos los disecaba para clavarlos en la puerta del closet. Hice de mi habitación una caverna del infierno”.
 
A los 14 años ya participaba de reuniones clandestinas con pandillas delictuales. Todo “armonizado” con canciones del rock metal, cuyas letras invocaban a la muerte. “Escuchaba a Ozzy Osborne, Iron Maiden, Metallica, Slayer, entre otras agrupaciones que pertenecen al género underground”.
 
Dice que aprendió “las técnicas de la mentira y del placer” gracias al “padre de la seducción”, llegando a tener cinco novias al mismo tiempo con quienes disfrutaba del sexo. Astutamente portó y vendió drogas dentro de su colegio y se introdujo en ambientes delictuales en los suburbios de Medellín.
 
El encuentro con la muerte que le llevó a Dios
 
En ese contexto, asegura, inexplicablemente “la muerte fue la predicadora que me permitió abrir los ojos”. Esta frase se hizo explícita tras fallecer uno de sus mejores amigos y cómplices que tenía por aquellos días, Juan Gonzalo. “Él iba en motocicleta cuando tuvo un accidente y murió. Al momento que estábamos velándolo, decidimos abrir el ataúd. Con unas navajas lo abrimos para verlo por última vez y no olvidaré su rostro… era como si quisiera decirme «el infierno existe y yo estoy en él»”. 
 
Subyugado por las prácticas satánicas no era capaz de escuchar a nadie, tampoco a sus padres que –aferrados a la Santísima Virgen María- nunca perdieron la esperanza de que fuera rescatado. “Ellos siempre rezaron el Rosario. Pero a la par debían soportar que aunque insistieran, hablarme de Dios no servía para nada. Así que se dedicaron a hablar con Dios sobre mí. Asistían a misa diaria con la esperanza de que me convirtiera”.
 
Las plegarias tendrían efecto cuando cumplió los 19 años. Cursaba primer año de Ingeniería Electrónica en la universidad cuando estuvo a punto de morir. “En una ocasión fui a dejar a una de mis novias y un autobús no respetó la parada, embistiéndome. El auto se volcó y yo solamente salí con algunas heridas. Pero hubo algo que me marcó. Espiritualmente vi toda mi vida en fotografías, que duraban fracciones de segundos, instantes de mi vida, y en el que se mostraba desde el minuto de mi nacimiento”.
 
“Mi vida –prosigue- se me mostró tal como fue. Era yo el culpable de todo y después de este accidente comencé a pedirle ayuda a Dios. No podía rezar siquiera un Padre Nuestro o un Ave María, porque no me acordaba”. Aún no liberado, su orgullo le impidió pedir ayuda a sus padres, “porque el súper hombre que en esos días me creía, no podía rebajarse. Por eso, y por instinto, me fui al capellán de mi universidad y le pedí que me regalase una fotocopia del Credo”.
 
Oración de liberación
 
Así, la Profesión de Fe bastó para que Juan Gonzalo tomara conciencia, renunciara a Satanás, pudiendo entrar Dios en su vida. “A través del Credo le pedí al Señor salir de la pandilla”. Le confesó a su madre las malas decisiones que había tomado y ella, sin pensarlo dos veces, le pidió a un grupo de oración de la Renovación Carismática que pudiera visitarlo. “Mi madre me dijo que los sacerdotes de la Renovación tenían la experiencia con oraciones de liberación y me interesé de lo que estaba hablando. Vinieron a casa y uno de ellos que tenía el don de sentir la presencia del diablo donde estuviera pidió ir a mi habitación. Al rato fuimos y luego de vivir un rato de oración, botaron los animales muertos, destruyeron las figuras de rock satánico, quemaron unos libros de brujería que tenía, entre ellos, la Magia Blanca, roja, verde y negras que tenía guardadas”.
 
Lo más impactante, relata, vendría al momento de vivir su liberación. “Cuando me impusieron el crucifijo, sentí el calor como de una plancha que estaba en mi espalda. Luego entró la paz del Espíritu Santo que hasta hoy la recuerdo”.
 
Y esa paz lo cautivó. Se comprometió a rezar el Santo Rosario junto a sus padres y a asistir a misa. Sin embargo, cuenta, lo más difícil vino después, al confesarse con un sacerdote. “Después de muchos conflictos internos me decidí confesar y estuve conversando por más de una hora con el padre”.
 
Vino nuevo en odres nuevos
 
Desde aquel segundo, su transformación sorpresivamente tendría impactos en su forma de relacionar con Dios, hasta el punto de dejarlo todo para ir a misionar al Amazonas, congelando sus estudios. “Compartí con familias vulnerables y conocí las subculturas que habitan en el sector, y me pregunté «cómo sería dedicar mi vida a esto»”.
 
Sintió el llamado del sacerdocio y para ello, se trasladó a la ciudad de Cuenca, España. Una vez ordenado sacerdote trabajó en un canal de televisión católico. Luego fue enviado hasta Argentina, donde desarrolló programas de integración y evangelización con jóvenes. “En este país vi los efectos de la brujería, constaté los daños que hacía el demonio en niños y familias. Por eso, regresé a Colombia con la intención de hablar con las autoridades de la Iglesia sobre los efectos de la brujería”.
 
Desde hace algunos años que se ha dedicado a dictar conferencias en diferentes países en las áreas de la defensa de la fe, demonología y la recta comprensión de los textos de la Sagrada Escritura. Para “enfrentarse a los efectos de la brujería, los efectos de los pecados intergeneracionales y la sanación interior”, comenta. Estas experiencias y testimonios se pueden conocer en su libro «Contra la brujería», un manual para prevenir, diagnosticar y contrarrestar los efectos de la hechicería. También preside la Fundación Victoria de la Cruz, que libera a jóvenes con adicciones al alcohol y sustancias sicotrópicas.

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