viernes, 30 de octubre de 2015

Satanás te coloca trabajos para que no reces


Mayo 29/08
Jesús a Agustín del Divino Corazón


Hijo mío, ven y hazme compañía que en mi Divino Corazón hay soledad, soledad porque llamo a las almas a dulcificar mi amargura con su presencia pero no escuchan mi voz.

Llamo a las almas a que adoren y veneren las lágrimas que brotan de mis ojos, pero no hay quien las recoja y las guarde como reliquias en su corazón.

Llamo a las almas a que se compadezcan del estado en que me encuentro, pero sus corazones de hielo no perciben las saetas de fuego que envío sobre ellas.


Llamo a las almas para atarlas a mi cruz y perforar sus manos y sus pies con los clavos de mi amor, pero los aterra el sufrimiento, el estado victimario a las que las puedo reducir. Llamo a las almas para perforar su costado con la lanza de mi eterna presencia, pero no les queda tiempo de venir a reposar en Mí porque tienen ocupaciones más importantes que las mías.

Llamo a las almas para ceñir en sus cabezas una corona de azucenas, pero sus pensamientos perturbados me las arrebatan.

Llamo a las almas para vestirlas con trajes de púrpura, pero consideran que la penitencia y la mortificación ya no cuentan para estos tiempos.


¿Comprendes ahora, encanto de mi alma, que en tu compañía hallo complacencia? Porque en tu corazón hay dulzura, dulzura que en muy pocas almas encuentro, ya que sus corazones están amargosos por la hiel y vinagre que contienen dentro.

En tu corazón encuentro descanso porque, aún estrecho a mi amor, abre sus puertas para que entre y reciba de tu amor, amor que muchos se niegan darme.
Fuiste uno de los pocos que escucharon mi voz y se dejaron seducir por mi eco insinuante y amoroso.


Fuiste uno de los pocos que dejaste por un momento tus habituales ocupaciones y te adentraste en los misterios de mi

amor para recoger las bendiciones que derramo sobre todas las criaturas, porque muchas caen en terrenos secos.

Fuiste uno de los pocos que te dejaste seducir y viniste para hablaros al oído palabras de amor y dulces quejas porque muchas almas no me aman.


No te dejes amarrar por tus ocupaciones porque el enemigo sutilmente te coloca trabajos para que no ores y no te alimentes espiritualmente.

Recuerda que apostolado sin oración, es un apostolado muerto.


Sé sensible a mi presencia, sé sensible a mi voz; recibe con beneplácito las saetas de amor que desde el Sagrario te envío, saetas que te llaman a que fundamos nuestros corazones en un solo corazón, porque te amo tanto que hieres mi Corazón cuando pasas de prisa frente a Mí y tu corazón no te conmueve a recibir los besos que desde mi dulce prisión te envío.

Ven hacia Mí que no te amarraré con cadenas de hierro, sino con cadenas de amor para que permanezcas siempre en Mí y Yo en ti.
Quiero escuchar muchas veces de tu corazón un te amo y un te bendigo. 

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