2 mujeres demandan al NY Times

¿Demasiado mayores para el “New York Times”?

Sede del New York Times
Son mujeres, son afroamericanas, están en sus sesenta años y se quejan de ser discriminadas laboralmente. El asunto sería uno más dentro de la acostumbrada litigiosidad americana, si no fuera porque su demanda se dirige contra el New York Times, campeón liberal de la lucha por la diversidad y contra la discriminación.
Ernestine Grant y Marjorie Walker trabajan en el departamento de publicidad del NYT desde hace 16 y 8 años, respectivamente, y ocupan puestos de gerentes de cuentas. La demanda civil presentada asegura que desde que Mark Thompson se convirtió en el CEO del NYT en noviembre de 2012, en el departamento de publicidad se ha seguido la política de hacerlo “más joven y más blanco”.
La demanda mantiene que “sin que lo sepa el público en general, el NYT tiene no solo un cliente ideal (joven, blanco, acomodado), sino también un staff ideal (joven, blanco, sin cargas familiares) para atraer a ese supuesto cliente”. Esto se nota en los ascensos, en las retribuciones y hasta en los días libres concedidos. Entre otras cosas, las demandantes mencionan alocuciones dirigidas al staff por la directiva Meredith Levien, en las que dejó claro que quería “caras nuevas” que “se parecieran a la gente que son nuestros clientes”.
Douglas Wigdor, abogado de las demandantes, afirma: “Es sorprendente que una empresa informativa que habitualmente promueve los puntos de vista liberales tenga un doble estándar cuando discrimina abiertamente y toma represalias contra empleados que trabajan duro y con dedicación”.
Por su parte, el NYT, al informar de la demanda ha asegurado que “no tiene ninguna base” y que “distorsiona completamente la realidad del ambiente de trabajo en el NYT”, por lo que “la combatirá enérgicamente en los tribunales”.
La presentación de la demanda no implica que las empleadas tengan razón. En esta cultura de la queja es fácil sentirse agraviado por decisiones de los directivos, y un abogado hábil habrá visto ahí la posibilidad de obtener una indemnización o un acuerdo favorable en un litigio incómodo para un diario “progresista”.
El abogado ha pintado la querella con una paleta de discriminaciones por color, sexo y edad. Pero en el fondo se subraya, sobre todo, las diferencias de trato de los empleados según la edad. Probablemente el origen del problema no es que sean afroamericanas (también lo es el director del NYT, Dean Baquet), sino que sean mujeres de más de sesenta años.
Ya cuando Mark Thompson fue director general de la BBC entre 2004 y 2012, se produjeron una serie de polémicas por los casos de veteranas presentadoras que fueron apartadas para dejar paso a caras más jóvenes. Alguna llevó su caso a los tribunales, invocando discriminación por edad, y lo ganó. No es fácil en este tema conseguir un equilibrio. Toda organización necesita una adecuada distribución de edades en su plantilla, para no quedarse anquilosada ni tampoco perder experiencia.
En cualquier caso, la discriminación por la edad no es una causa con muchos paladines, y menos entre los diarios liberales. En las páginas del NYT podemos saberlo todo sobre la “batalla de los baños” para que los transexuales se sientan cómodos aunque incomoden al resto, sobre la lucha de las modelos negras para ganar protagonismo en las pasarelas, o sobre los gais que quieren obligar a un pastelero a que les haga su tarta de bodas. Pero la causa de las empleadas mayores no da para grandes reportajes ni se presta a entrevistas de impacto.
Quizá una buena táctica laboral sería invocar que en realidad estas empleadas se “sienten” jóvenes, atrapadas en un cuerpo de mujer mayor. En esta cultura, por la que tanto aboga el NYT, en que lo decisivo no es lo que dice la naturaleza (los genes, la biología, el sexo), sino las propias opciones y sentimientos, ¿qué importa lo que diga la edad?

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