miércoles, 29 de junio de 2016

Francisco: Jesús faltó a la moral…

30/06/2016

Francisco el 16-Jun-2016 apertura de la diosesis de Roma-2

Escrito por Denzinger-Bergoglio
La intervención improvisada de Francisco en el Congreso de la Diócesis de Roma dentro de la Basílica de san Juan de Letrán, el 16 de junio, ya está dando qué hablar. Como siempre sucede en estas improvisaciones, luego debe aparecer el P. Lombardi para rectificar, aclarar o explicar. ¿No estará ya cansado el P. Lombardi por tanto desatino?
De todas las afirmaciones bergoglianas durante este encuentro, una nos llamó especialmente la atención. Se trata de una nueva exégesis a propósito del episodio de la mujer adúltera, narrado por San Juan 8,1-11. Leamos:
Jesús era así, y fue condenado por odio, siempre le ponían escollos delante: “¿Se puede hacer esto o no se puede?”.
Pensemos en la escena de la adúltera. Está escrito: debe ser lapidada. Es la moral. Está claro. Y no rígida, esta no es rígida, es una moral clara. Debe ser lapidada. ¿Por qué? Por la sacralidad del matrimonio, la fidelidad. Jesús en esto es claro. La palabra es adulterio. Está claro. Y Jesús se hace un poco el tonto, deja pasar el tiempo, escribe en el suelo… Y después dice: “Empezad: el primero de vosotros que esté libre de pecado tire la primera piedra”.
Ha faltado a la ley, Jesús, en ese caso. Se fueron yendo, empezando por los más ancianos. “Mujer, ¿ninguno te ha condenado? Tampoco yo te condeno”. ¿La moral cuál es? Había que lapidarla. Pero Jesús falta, ha faltado a la moral. Esto nos hace pensar que no se puede hablar de la “rigidez” de la “seguridad”, de ser matemático en la moral, como la moral del Evangelio. (Apertura del Congreso eclesial de la diócesis de Roma, 16 de junio 2016)
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En este comentario Francisco simplemente cortó, anuló o escamoteó la esencia de la enseñanza moral de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuál es esta importante enseñanza moral? Está muy claro que Nuestro Señor Jesucristo misericordiosamente eximió de culpa perdonando a la mujer adúltera, pero fue muy categórico al exigirle: “Vete y en adelante no peques más” (Jn 8,11). Es decir, Nuestro Señor Jesucristo, junto con concederle un grandísimo perdón por su pecado de adulterio, le demandó de un modo tajante su rechazo a este pecado y el firme propósito de no volverlo a cometer. Pero como Jorge Mario Bergoglio profesa una moral que contrasta con la moral enseñada por la Santa Iglesia, esta exigencia de Jesús simplemente se la pasó por alto… quizá porque no encaja con los patrones de su moral bergogliana. Así, como pudimos leer, para Jorge Mario Bergoglio, Jesús perdonando a la mujer adúltera simplemente “faltó a la moral”. ¿Será esto posible? Aquí Francisco, luego de haber anulado el “Vete y en adelante no peques más” (Jn 8,11), incurre en un grave error. En efecto, Jesús jamás faltó con la moral, y no podía hacerlo, pues habría sido una aberración. Lo que le hizo Jesús fue eximir de la pena impuesta por la ley de Moisés, algo muy diferente.
Para tener todo muy claro y no ser inducidos a caer en estos errores doctrinales nada mejor que leer las enseñanzas de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI a propósito del mencionado pasaje del Evangelio:
Juan Pablo II 
Las duras exigencias de Jesús, su palabra [en el episodio de la mujer adúltera]: ‘Vete y no peques más’ (Jn 8,11), son pasadas por alto.
Se cree que la Iglesia, sólo por rigidez, mantiene sus normas, y que ello choca contra la misericordia que nos enseña Jesús en el Evangelio. Las duras exigencias de Jesús, su palabra [en el episodio de la mujer adúltera]: ‘Vete y no peques más’ (Jn 8,11), son pasadas por alto. A menudo se habla de recurso a la conciencia personal, olvidando, sin embargo, que esta conciencia es como el ojo que no posee por sí mismo la luz, sino solamente cuando mira hacia su auténtica fuente. (Juan Pablo II. Alocución a la Conferencia Episcopal Alemana, n. 6, 17 de noviembre de 1980)
Benedicto XVI
Jesús despide a la mujer adúltera con esta consigna: ‘Vete, y en adelante no peques más’. Le concede el perdón, para que “en adelante” no peque más.
San Agustín, en su comentario, observa: “El Señor condena el pecado, no al pecador. En efecto, si hubiera tolerado el pecado, habría dicho: ‘Tampoco yo te condeno; vete y vive como quieras… Por grandes que sean tus pecados, yo te libraré de todo castigo y de todo sufrimiento’. Pero no dijo eso (In Io. Ev. tract. 33, 6). Dice: ‘Vete y no peques más’”. […] Por tanto, también en este episodio comprendemos que nuestro verdadero enemigo es el apego al pecado, que puede llevarnos al fracaso de nuestra existencia. Jesús despide a la mujer adúltera con esta consigna: ‘Vete, y en adelante no peques más’. Le concede el perdón, para que “en adelante” no peque más. (Benedicto XVI. Visita Pastoral a la Parroquia Romana de Santa Felicidad e hijos, 25 de marzo de 2007)
En resumen, ha quedado clara la diferencia entre la verdadera doctrina católica y las extrañas elucubraciones morales de Jorge Mario Bergoglio. Para confirmarlo nunca está demás recordar las enseñanzas del Magisterio, sobre la bondad de Dios y el abuso de la misericordia, estudiadas en dos afirmaciones de Francisco:

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