Lección de Amor de la Reina del Cielo

A Agustín del Divino Corazón 


Hijito querido, acercaos a Mí y escuchad las dulces palabras que susurro en vuestros oídos porque concederé el deseo de vuestro corazón, de conocer el camino por el que se llega al cielo.

Habéis de saber, hijo mío, que en el mundo jamás encontraréis la felicidad, siempre que estéis inmerso en él hallaréis fracasos, decepción y desolación. Si queréis ser realmente feliz, romped con todo lo que el mundo os ofrece y vivid sencillamente, evitando lujos; no os dejéis llevar por las modas, no os contagiéis del ruido estrepitoso, buscad la soledad, amad el silencio porque en él os haréis sabios, en él descubriréis un mundo desconocido ante vuestros ojos: el Reinado de Dios. Reinado que no es como los de la tierra.

Si Nuestro Señor os ha concedido rango o distinción, sed siempre humildes, niños amados. Nada os llevaréis el día que entréis a vivir la verdadera vida. Tan sólo os llevaréis vuestras buenas obras porque el resto es nada; tened como punto relevante vuestra salvación.

Lo que os propongáis hacer, realizadlo pensando en dar gloria a Dios. Jamás obréis a conveniencia vuestra. El Señor os ha concedido numerosos dones, respondedle con generosidad que Él os premiará, porque Él es el mejor pagador del mundo. Jesús nunca os decepcionará. Llegad a Él para que sane vuestro corazón herido y restaure con su Amor vuestras partes fraccionadas.
(...)

La vida de pecado es vida de ruina, vida de maldición.
La vida de pecado os pone vendas en vuestros ojos para que no veáis lo que en el más allá os espera: llanto y rechinar de dientes, sufrimiento aterrador como pago a vuestra vida laxa.

Hijo mío, tomad conciencia que vuestro paso por la tierra es sumamente corto en comparación con la vida de la eternidad.


La ignorancia de la humanidad la conlleva a atesorar riquezas en la tierra, a buscar desmedidamente el poder, a prodigar placer al cuerpo. Se olvidan que lo que se cosecha hoy, mañana se recoge.


Amado mío, trabajad arduamente por la salvación de vuestra alma, allanad vuestros caminos, enderezad vuestras sendas. Sólo viviendo en estado de gracia entraréis al cielo. Sólo cumpliendo con la ley de los Diez Mandamientos os asemejáis a Cristo.


Un alma que ha decidido convertirse de corazón evita todo tipo de pecado, porque el pecado es ruptura con Dios, pérdida de sus bendiciones.
Un alma que ha decidido convertirse de corazón lucha incesantemente por una vida de santidad, santidad al 
alcance de todos.

Un alma que ha decidido convertirse de corazón se deja tomar de mis manos, manos que la suben al Arca de mi Inmaculado Corazón.

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