Transformada por la Adoración Eucarística


(...)Al salir de la clínica abortista, estando sola, caminando sin saber a dónde ir, January recuerda haberse sentido como muerta. “Yo morí con mi bebé”, señala. Las semanas siguientes se dejó llevar, pasando los días casi por inercia. Se sentía como como una marioneta, pues deseaba terminar la relación con su novio,  decir basta, pero no se atrevía. Así, pocos meses después estaba nuevamente embarazada. “Yo no quería sentir nada, no podía sentir nada. La verdad es que yo quería morir y pasé por mi segundo aborto”.
Tras ese nuevo acto, January dejó la relación con su novio y también cortó vínculos con la mayoría de sus amistades. “Me culpabilicé y me volví insensible. No quería tener nada que ver con aquello (que había hecho), no quería hablarlo”.

Amada en el Santísimo Sacramento

Este segundo aborto había sido en febrero y una amiga que logró romper las resistencias de January, la invitó a ir juntas para un retiro que se daría el primer fin de semana de marzo. Sobre lo que desde ese momento ocurrió es ella misma quien nos narra la impresionante transformación que ha vivido…
Fui sin saber de qué se trataba. Mi conversión aconteció delante del Santísimo Sacramento. En ese momento no tenía palabras. Experimenté a Nuestro Señor de una manera tal, que mi mente no tenía que entender. Esto fue el principio de una nueva vida. 

En mi peor momento yo encontré la vida. En mi propia cruz encontré la resurrección a la misericordia de Dios… En ese mismo retiro conocí al padre Dan. Él que llegaría a ser mi director espiritual, me invitó a la Adoración todos los domingos. 

Estaba a una hora y cuarto de mi casa e intelectualmente no tenía mucha idea de qué era la Adoración. Pero al entrar sabía que estaba en casa, estaba a salvo y yo era amada. El primer año estando tan rota fue doloroso. Porque para entrar a Dios tenía que romper en muchos trozos la dureza de mi corazón. En mis heridas tenía que ir a Dios y es un regalo. Mi cruz comenzó a ser mi brújula hacia la esperanza”.
Padre Dan le habló de ingresar a estudiar teología en la Universidad Franciscana de Steubenville y  January se reía, pues ella tenía una beca e intenciones de estudiar economía en Indiana. Pero finalmente se quedó en Steubenville. Los cuatro años que vivió allí, en la vida de January  no hubo novios u otra cosa que ocupara su alma sino sólo Dios y los estudios de teología.

Ser mujer según el querer de Dios

“Me encanta mi relación con Dios soy muy clara con Él y Él lo es conmigo”, comenta para explicar que la Universidad fue un tiempo volcada a  la oración, vida sacramental, momentos de Adoración Eucarística y obediente escucha de su director espiritual. Gustaba la alegría del amor en celibato y castidad.
Así fue sanando y descubriendo a la par, dice, “lo que significaba ser mujer...  porque  recibimos nuestra dignidad a través de nuestra relación personal con Cristo”, declara. Sobre este punto recuerda el Salmo 37 que, en su versículo número 4, dice: “Confía en el Señor y Él te dará lo que desea tu corazón”. Y comenta: “Creo que los deseos de nuestro corazón tienen mucho que ver con el cumplimiento de nuestra finalidad. Pero todo esto tenemos que verlo con Dios, estar con Dios y escucharle. Creo que nunca somos tan felices como cuando vivimos el proyecto que Dios tiene para nuestra vida”.
 

Luego de vivir su proceso de conversión January conoció a Ryan quien es hoy su esposo y padre de los cuatro hijos, y un quinto que viene en camino, confiados por Dios al cuidado de ambos.

“Ahora, mirando hacia atrás veo que Dios nunca me dejó y me amó aún durante las decisiones más dolorosas. Ahora lo entiendo de una manera muy profunda, como madre, pues  nada de lo que pudieran hacer mis hijos podría provocar que yo los deje de amar”, concluye.

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