España salvó el alma cristiana de Europa (historiador J. Pearce)

Almudena Martínez-Bordiú
13 octubre, 2016 
“La historia de Europa y del mundo podría haber sido muy distinta si los cristianos no hubiesen ganado la guerra en España”. En su último artículo ‘Por qué debemos venerar a España‘, el historiador destaca el papel jugado por nuestro país a lo largo de la historia.
‘Por qué debemos venerar a España‘ es el último artículo escrito por el historiador Joseph Pearce en la revista The Imaginative ConservativeEl biógrafo de importantes escritores católicos del silo XX como G.K Chesterton, Oscar Wilde o Tolkien, destaca el papel jugado por España a lo largo de la historia para salvar la identidad cristiana de Europa.

El artículo, recogido en nuestro país por Religión en Libertad, recuerda los “sacrificios” que hizo España en la Reconquista y en la Guerra Civil para luchar en contra de la amenaza islámica y la comunista, que buscaban acabar con cualquier vestigio cristiano. De la mano del poeta Roy Campbell y del escritor Hilaire Belloc, Joseph Pearce ensalza el papel de nuestro país, “bastión y fortaleza de la Cristiandad”.
“La historia de Europa y del mundo podría haber sido muy distinta si los cristianos no hubiesen ganado la guerra en España”. El Apóstol Santiago, Santa Teresa de Ávila, San Ignacio de Loyola o San Juan de la Cruz, fueron, según el historiador, personajes claves que ayudaron a salvar nuestra identidad cristiana.
Asimismo, Pearce explica que “en una época en la que el fundamentalismo laicista y el fundamentalismo islámico se alzan de nuevo, el ejemplo de la España cristiana puede servir como inspiración oportuna y eterna”.
“España es la nación a la que todos debemos algo porque, por medio de las gracias abundantes que se le dieron, salvó el alma cristiana de Europa. ¡Viva Cristo Rey!”, concluye Pearce en su último artículo.
A continuación, el texto íntegro de Joseph Pearce:
POR QUÉ DEBEMOS VENERAR A ESPAÑA
El poeta Roy Campbell declaró que España era “un país al que se lo debo todo, porque salvó mi alma”. Recibido en la Iglesia católica en 1935 (en Altea, una pequeña ciudad en Alicante), solo un año antes del estallido de la Guerra Civil española, la recepción de Campbell en la Iglesia fue como un bautismo de fuego. El párroco que le recibió en la Iglesia sería asesinado por milicianos comunistas y los monjes carmelitas con quienes Campbell y su esposa habían hecho amistad en Toledo acabarían también fusilados a sangre fría. Considerando las acciones diabólicas de los comunistas y los anarquistas, no es sorprendente que Campbell apoyase ostentosamente el alzamiento nacional en España que terminaría poniendo fin al progrom anticristiano.
Campbell vio la Guerra Civil española como una cruzada contra las fuerzas del mal, una guerra en la que los cristianos habían tomado las armas para proteger a la Santa Madre Iglesia de los ataques del Gran Hermano. Lo cierto es que la historia de Europa y del mundo podría haber sido muy distinta si los cristianos no hubiesen ganado la guerra en España. Si España hubiese quedado como un país comunista, habría constituido una avanzadilla soviética estratégicamente crucial en el corazón de Europa Occidental. El telón de acero que cruzó la Europa central también se habría trazado a través de los Pirineos.
Posiblemente, pues, los cristianos de España hayan salvado a Europa del infiel en la Guerra Civil como salvaron a Europa del infiel islámico ochocientos años antes. Ésta era la opinión de Hilaire Belloc, quien al escuchar la noticia de la victoria nacional en España declaró que el general Franco era “el hombre que nos había salvado a todos”.
Hoy, en una época en la que el fundamentalismo laicista y el fundamentalismo islámico se alzan de nuevo, el ejemplo de la España cristiana puede servir como inspiración oportuna y eterna. Desde el liderazgo del Cid contra los musulmanes al liderazgo del Generalísimo contra los comunistas, España ha sido un bastión y una fortaleza de la Cristiandad contra sus enemigos. También nos recuerda que la porción de la Iglesia en la que nos encontramos, la parte exiliada en el Tiempo, es la Iglesia Militante, la Iglesia en guerra con el Príncipe de este mundo y su legión de discípulos.
Con ese espíritu militante Dios concedió a España una multitud de santos guerreros que se ofrecieron en sacrificio a Cristo y a su Iglesia, desde la legendaria visión del Apóstol Santiago conduciendo a los cristianos en la batalla durante la Reconquista [en español en el original, n.n.] hasta los santos mártires asesinados por los fundamentalistas laicistas en la Guerra Civil.
Entre medias de su crucial papel salvador de Europa del islam y del comunismo, España tuvo también una importancia capital en la Contrarreforma. No pueden concebirse las glorias de la Contrarreforma sin pensar en Santa Teresa de Ávila o San Juan de la Cruz, o sin pagar el obligado tributo de respeto y homenaje a San Ignacio de Loyola, el santo guerrero que fundó los jesuitas. En tiempos mucho más recientes, San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, ha fortalecido a la Iglesia en todo el mundo, impulsando a los laicos a evangelizar la cultura secular en su vida diaria.
Hoy España sufre de nuevo el yugo de un renacido fundamentalismo laicista. ¡Que así sea! Siempre ha sido así. Las fuerzas del mal siempre regresan, como un hongo, para alimentarse del tejido carcomido del mundo. Como nos recuerda JRR Tolkien, la historia es una Larga Derrota sólo con destellos ocasionales de la Victoria Final. A lo largo de los siglos, España ha hecho más que ninguna otra nación para luchar contra la Larga Derrota y, en su heroísmo, nos ha mostrado muchos breves destellos de la Victoria Final.
Todos los cristianos comparten la deuda de Roy Campbell con España. Es la nación a la que todos debemos algo porque, por medio de las gracias abundantes que se le dieron, salvó el alma cristiana de Europa. ¡Viva Cristo Rey!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Por eso que el enemigo interno del cristianismo, Judas-Bergoglio promueve la invasión musulmana para destruir lo poco que queda del cristianismo en Europa y cambiar la historia.