Milagro en Fátima

Curación extraordinaria 

Emilia Martín, natural de Santiago, guardaba cama desde los seis años. Apenas podía moverse y, además, su estómago no toleraba alimento alguno. Llena de fe quería llegarse hasta Fátima, pero su situación económica no se lo permitía. Algunas personas devotas colectaron la cantidad necesaria para alquilar un coche y así Emilia partió con una enfermera y dos hermanas. Durante el viaje sus condiciones empeoraron y llegadas a Oporto, a Emilia se le administró la Extremaunción: aun así se arriesgó a reemprender el viaje. 

Cuando llegó el Santuario fue llevada en camilla al hospital: durante su internamiento sufrió varios síncopes, en uno de los cuales un médico afirmó que había muerto. 

La constancia de un asistente advirtió en la paciente algún latido cardiaco. se decidió entonces acercarla a la Bendición de enfermos. La apciente, apenas recibida la bendición, se despertó como de un sueño, abrió los ojos, se reanimó lentamente y recuperó la cosciencia. Sintió un bienestar general y exclamó 

"estoy curada... Sea alabada y se lo agradezco a Nuestra Señora de Fátima”.


 El médico cuidador redactaba un atestado de curación total, en el que declaraba que el hecho había acontecido instantáneamente y, por eso, el caso no era clínicamente explicable.

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