Actor víctima de un maleficio, encuentra a Dios

La singular batalla con el demonio de un actor colombiano, tras ser maldecido por su amante

La singular batalla con el demonio de un actor colombiano, tras ser maldecido por su amante
"Si no me hubiera hecho la brujería yo no hubiera buscado a Dios, no me hubiera entregado a Él… y mi familia no hubiera resucitado de nuevo".


Portaluz. Ana Beatriz Becerra  


Hacia 1996 el colombiano Iván Gutiérrez era un hombre joven y comenzaba a concretar los sueños que por años había anhelado. El éxito le mostraba su rostro amable o al menos esa ero lo que él suponía…

Con tesón Iván logró contratos como modelo publicitario y papeles secundarios en algunas producciones televisivas a los pocos meses de llegar a Bogotá. Luego comenzaron a reconocerlo en la vía pública, le pedían autógrafos y disfrutaba sin cuestionarse del dinero, las borracheras y el sexo con distintas mujeres, sin comprometer su vida con ninguna en específico.

 Maldecido

 
Tras dos años en esa forma de vida y sintiéndose en la plenitud de sus capacidades físicas de un momento a otro se enfermó. “Yo estaba comenzando en el medio actoral, el modelaje, pero  llegó a mi vida algo que no esperaba, bajé 22  kilos de peso en una semana, una depresión horrible, mis órganos genitales se alteraron en su funcionamiento y ahí comenzó toda la tragedia de mi vida”, recuerda Iván.

Sentía dolores de estómago insoportables y se le agudizó además un tic que tenía desde niño -recuerda-, haciéndole mantener la cabeza ladeada. Para su pesar los médicos sólo encontraron ulceraciones en su estómago, sin poder definir las causas que provocaban aquél deterioro físico y psicológico. Tras diagnósticos errados, incluso de cáncer, tratamientos sin resultado y murmuraciones en el medio actoral, Iván estaba desesperado.


Mirando la verdad

Habiendo descuidado por años su vínculo con Dios y sin claridad de los riesgos que implicaban para su salud integral algunas decisiones que tomaría, nos cuenta que deambuló buscando ayuda por iglesias evangélicas, brujos, adivinos, yoga y lectura de tabaco. Pero Dios vendría a su encuentro… “Finalmente soy el fruto de una mamá que oraba, rezando el rosario, de una mamá despidiéndome con la bendición y saludándome con la bendición  y eso tarde o temprano dio sus frutos en mi vida”, cuenta Iván.

Está convencido que por las oraciones que su madre “sembró”, Dios se compadeció y comenzó  a guiarlo. “El Espíritu Santo, le ilumina la conciencia y le hace caer en cuenta las consecuencias del pecado”, confirma. Así llegó hasta un grupo de la renovación carismática católica, donde en oración el Espíritu Santo le mostró a un miembro de ese grupo cuál era la raíz del mal que lo afectaba

Estaba expuesto al demonio

Una de sus amantes, furiosa por haberlo perdido y comprender que él era un hombre mujeriego, había invocado un maleficio para dañarlo. Hoy Iván recuerda con paz a esa mujer, a quien ha perdonado:

“Cuando uno ya está sano logra entender lo que dice la biblia sobre estas personas. Son creadas por Dios y Dios no crea basura, esa persona que le hace daño a uno -como esta mujer que me hizo el maleficio- no fue ella, sino el demonio que utiliza a la persona… ¿Por qué entra la brujería en uno?, porque tengo las puertas abiertas, porque estoy en pecado. Al final, si no hubiera sido por el demonio a través de esta mujer,  si no me hubiera hecho la brujería, yo no hubiera buscado a Dios, no me hubiera entregado a Él… y mi familia no hubiera resucitado de nuevo. Porque no sólo yo estaba en pecado, sino toda mi familia. Pero, ¿por qué? Por el mismo pecado que arrastrábamos de mal ejemplo de generación en generación”, dice hoy agradecido.

En su conversión fue clave, dice, la guía de un sacerdote para regresar a la iglesia. Su liberación comenzaría al confesarse. Luego -advierte- ocurrieron signos explícitos de sanación...

 “En la medida que me fui dando cuenta del pecado que había dentro de mí -borracheras, lujuria, la droga en un momento de mi vida, como afecté a mi mamá a mi papá, las prácticas de adivinación y brujería en que había incurrido-… ahí empieza el Señor a liberar. Incluso hubo una experiencia material (de ello). Después de la primera confesión de vida que hice, estuve tres días con un daño de estómago tenaz; y a los tres días de ese daño de estómago día y noche -como si el Señor hubiera estado limpiando hasta mi genética, la sangre- empecé a expulsar heces de un color verde fluorescente. Estuve quince días expulsándolo. Estoy hablando de algo extraordinario”.

Finalmente, por indicación del confesor Iván nos dice que fue nuevamente a los médicos para ser evaluado, incluida una endoscopía. Estaba completamente sano… “y las tres llagas que tenía se desaparecieron".

Para  él lo ocurrido es por obra de Dios y no se trata del sacerdote que intervino… “Esto es un proceso de fe. A quien lea esta entrevista busque a su sacerdote en su pueblo, en su ciudad”.

Comunicando la alegría del perdón

Así como él fue perdonado también Iván hizo lo propio con quien le había maldecido. “Dios me dio la sanidad de ir a buscar a esta mujer, la busqué y le dije: si no hubiera sido por usted, yo, ni mi familia nos hubiéramos acercado a  Dios”.
No es menor la transformación de Iván, porque luego de aquella primera confesión comenzó a nacer en él su vocación de apostolado, viviendo en castidad por más de 13 años hasta contraer matrimonio hace algunos meses. Todo gracias a su vida de fe, según él mismo nos lo narra: “Primero es un milagro de Dios; como dice san Agustín es la gracia de Dios. Segundo por los sacramentos; yo tengo el regalo de la eucaristía diaria, el santo rosario a la Virgen. La Virgen es el misterio de Apocalipsis 12, Ella es quien pisa la cabeza a la serpiente (presente en) la seducción, la tentación, la impureza, el pecado”.

Al finalizar esta entrevista con Portaluz, Iván Gutiérrez nos comparte otra de las claves que le permiten, dice, cuidar su vínculo con Dios…. “Los tres propósitos para los cuales Dios creó al hombre en la tierra son: Primero conocerlo, segundo para amarlo que quiere decir obedecerle y tercero para servirle. Si uno no busca esos tres propósitos en su vida terminará con vacíos, desilusiones, traiciones, miedos, con ingratitudes, resentimientos y decepciones. Cuando uno empieza a agradecer a Dios esto se vuelve oración”.


Quien desee conocer en detalle el testimonio de Iván, puede adquirir su libro: “¿Por qué le pasan cosas malas a gente buena?”, que ya ha vendido más de 140 mil ejemplares.

Comentarios