Hungría apoya a la familia y la natalidad


La joven ministra de Estado para Asuntos de Familia en Hungría, Katalin Novák (foto), cree que a su país le falta todavía un trecho para ser calificado como “amigo de la familia”. Habría que trabajar aún, desde luego, pero algunos datos, como el incremento sostenido de la tasa de natalidad –de 1,24 en 2010 a 1,44 en 2015– reflejan que lo que se está haciendo va en la buena dirección. 

Novák, quien intervino en días pasados en el Seminario sobre Buenas Prácticas Internacionales de Apoyo Público a la Familia, organizado por la asociación Familia y Dignidad Humana en la Universidad CEU San Pablo, comentó a Aceprensa cuáles son las principales preocupaciones de sus compatriotas ante la posibilidad de formar familia, y explicó cómo el gobierno del partido conservador Fidesz, que preside Viktor Orbán, arrima el hombro para ayudarlos en su propósito.
“Muchos húngaros –señala– creen que soportan demasiadas cargas financieras, demasiadas dificultades económicas como para tener hijos. Por ello hemos introducido un buen número de medidas para ayudar a las familias a disminuir esas cargas. Es así que, a día de hoy, el riesgo de pobreza por tener hijos es mucho menor de lo que solía ser.
“Por otra parte, muchos jóvenes, mayormente mujeres, temen no ser capaces de desarrollar una carrera y su vida personal al tiempo que su vida familiar. Estamos tratando entonces de ayudarlos para que puedan lograr un equilibrio, para que tengan una familia, para que puedan pasar tiempo con ella, y que no tengan que elegir, sino que también puedan desarrollar su vida profesional. Nuestras medidas van orientadas a que no tengan que escoger entre, por un lado, ser madres o padres y no tener una vida profesional, y por otro, desarrollarse profesionalmente, pero no tener hijos. Estamos intentando que las familias húngaras alcancen esa conciliación”.

Ayudas, todas las necesarias

Durante su intervención en el Seminario, Novák apuntó que su país, otrora miembro del bloque comunista subordinado a la URSS, ha perdido en los últimos 35 años el 10% de su población. Revertir esa catastrófica situación demanda voluntad política y, por supuesto, recursos.
En tal sentido, señaló que si en 2016 el presupuesto de apoyo a las familias ha sido de 2.721 millones de euros, en 2017 serán 2.827 millones, que se destinan a múltiples programas. Por ejemplo, en la cultura húngara, el disponer de casa propia –que no alquiler– es un factor que aporta seguridad a los jóvenes. Es por eso que el Estado subvenciona con generosos montos la compra de casa nueva o de segunda mano por parte de parejas con hijos. Un matrimonio con tres puede percibir hasta 33.000 euros –“que es mucho dinero en Hungría”– para tal fin.
De igual modo, el gobierno de Orban ha ampliado las capacidades de las guarderías, ha establecido que los empleadores cambien los contratos de tiempo completo por otros de tiempo parcial hasta que el hijo del trabajador o la trabajadora cumpla tres años, así como entrega subvenciones a los empleadores cuyos empleados retornen a su puesto. Más específicamente en cuanto a las mujeres, aquellas que hayan cumplido 40 años de servicio y deseen jubilarse para ayudar a cuidar de sus nietos, pueden hacerlo aun antes de la edad reglamentada (65 años).
Cómo se financian esas medidas es la interrogante obligada: “En 2010 –nos cuenta–, cuando llegamos al gobierno, teníamos una situación económica y financiera algo difícil. El déficit del Estado era muy alto; el crecimiento estaba por debajo de cero. Necesitábamos serias reformas económicas y en política social, en educación, en servicios asistenciales… y las introdujimos. Gracias a ellas, la economía se puso en pie, se fortaleció, y ahora tenemos el margen presupuestario para apoyar algo que es muy importante para nuestro gobierno: la política familiar. Consideramos que invertir en ella no es gastar, sino invertir, y es una inversión que repercutirá realmente en el crecimiento económico”.

Más allá del individuo, la comunidad

Los valores naturales deben ser defendidos no solo pasivamente: hay que hablar sobre ellos
Una escena de la cumbre de la UE de mayo de 2015, en la que el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, saluda al primer ministro húngaro llamándole, medio en broma, “dictador”, ilustra cómo algunas de las decisiones de Budapest –entre las más polémicas, su rechazo a acoger refugiados– no agradan demasiado en Bruselas.
En cuanto a las políticas familiares húngaras, ¿han encontrado oposición o apoyo por parte de las instituciones europeas?, preguntamos a la ministra Novák.
“En Hungría gozan de mucho apoyo. El pueblo respalda y aprecia muchísimo las acciones del gobierno orientadas a la familia. En los foros internacionales, incluso en la UE, es cierto que a veces surgen algunos desacuerdos serios, algunas discusiones. La diferencia entre nuestra perspectiva del asunto y la de muchos otros gobiernos es que no ponemos a los individuos en el centro de nuestro pensamiento, sino a las comunidades. Nos gustaría que las comunidades fueran fuertes. Y la comunidad más importante es la familia. En muchos países, en cambio, el interés del individuo es lo principal. Es lo que nos distingue de ellos. Estamos listos para debatir, por supuesto; a intercambiar con los otros. Pero no cederemos en nuestra concepción comunitaria”.
Por último, le preguntamos qué pueden hacer todos aquellos que en Europa, conscientes de la importancia de la familia, tienen en la defensa de esta una causa privilegiada:
“Hay una importante sociedad civil en toda Europa, una multitud de personas que consideran que la familia es crucial, y que están hablando en su nombre. Pero a veces sucede que, ante las cosas naturales, no hablamos. Las consideramos naturales, y por tanto, pensamos que no hay que defenderlas. Solo que también, a veces, las cosas más naturales y evidentes, los valores naturales, deben ser defendidos no solo pasivamente, sino que hay que hablar sobre ellos. Creo que lo más importante es que todas esas ONG y miembros de la sociedad civil que están trabajando muy, muy duro, día a día, por el interés de la familia, no solo deben efectuar esa labor, sino que tienen que presentarla al gran público, hablar sobre ella. Tienen que hacer escuchar su voz no únicamente entre ellos, entre sus representantes o entre sus miembros, sino en las diferentes instancias internacionales. En Hungría, por ejemplo, hay una gran sociedad civil, hay influyentes ONG, y aprecio mucho su labor en mi país. Pero también hay que hacerla a través de Europa”. 

Más que una cuestión de dinero

Además de la ministra Novák, en el Seminario intervinieron otros representantes de organizaciones profamilia en Europa. Una de ellos, la francesa Ludovine de La Rochère, presidenta de La Manif por Tous, destacó que París destina el 3,1% del PIB nacional a ayudar a las familias –la media de la UE es el 2%–, aunque ese apoyo es más bien técnico. El Ministerio de Familia no tiene voto en las cuestiones antropológicas o bioéticas que atañen a la institución familiar, que soporta el embate de quienes pretenden “deconstruirla” porque “transmite desigualdad”. No es casualidad, pues, que bajo el gobierno de François Hollande se haya reducido el tiempo de baja maternal, por el absurdo de que se comparta obligatoriamente con una baja por paternidad, y que en 2015 haya descendido el nivel de fecundidad a 1,9 hijos por mujer (en 2012 era de 2,02).
Por su parte, el croata Krezimir Planinic, cofundador de In the Name of the Family, describió cómo dicha iniciativa logró recaudar las firmas necesarias para la celebración de un referéndum a favor del matrimonio y contra los intentos de los políticos de redefinirlo. En la consulta, celebrada en 2013, el 65,8% de sus conciudadanos votó a favor de que el matrimonio quedara formulado en la Constitución como la unión legal entre un hombre y una mujer.
A su turno, el diputado alemán Martin Patzelt (CDU) señaló el generoso número de prestaciones (156) que el Estado destina a apoyar a las familias. Hasta 40.000 millones de euros salen anualmente de las arcas nacionales para incentivar a las familias con hijos, y sin embargo, la natalidad es alarmantemente baja. “Lo que se ha incrementado en Alemania es el número de los que tienen perros”, ironizó, en una seria advertencia de que, en estos temas, más que un problema de dinero –que en Berlín no lo es– de lo que se trata más bien es de cambiar el chip del egoísmo.

Comentarios