viernes, 30 de diciembre de 2016

Jesús: irrumpid Mi soledad con vuestra presencia

Junio 21 de 2012
Jesús eucarístico a Agustín del divino Corazón 

Hijos amados, quiero irrumpir vuestro silencio con mis llamados angustiosos.

En este día quiero atraer el mayor número de almas a mi nuevo Getsemaní, el Dios de amor, el Hijo de Dios se encuentra solitario y abandonado en la mayoría de los sagrarios del mundo entero.
Aún no he encontrado respuesta generosa en muchísimos de mis hijos. Soy el solitario y el eterno abandonado, que desde mi sagrario, desde mi nuevo Getsemaní os llamo a reparar mi Corazón Eucarístico, Corazón Eucarístico herido por los pecados de los hombres, Corazón Eucarístico traspasado por espadas de dolor llevándome a un terrible sufrimiento, a una pasión mística que me hace llorar, clamar perdón y misericordia a mi Padre eterno.
Hijos amados de mi agonizante corazón, venid, irrumpid mi soledad con vuestra presencia; venid y secad las lágrimas de mis purísimos ojos. Mis llamados angustiosos son una prueba de amor para toda la humanidad.
Satanás con su afán desmedido de entorpecer mis planes divinos ha llevado a muchísimas almas a dudar de mi real y verdadera presencia en la Sagrada Eucaristía.
Satanás, sabedor del poco tiempo que le queda en la tierra quiere llevarse a las profundidades del infierno a todas las almas que encuentre a su paso.
Amantísimos de mi agonizante corazón, mis llamados angustiosos son una preparación para un encuentro conmigo en este tiempo final y decisivo en la historia.
Mis llamados angustiosos son una manifestación del cielo, un gesto de misericordia para un mundo que yace en la oscuridad y en el pecado.
Os insto a debilitar a satanás y sus secuaces desde mi nuevo Getsemaní. Os dejo la santa inquietud de venir a visitarme en la soledad de mi sagrario, consolad mi agonizante corazón con los lamentos divinos desde mi nuevo Getsemaní, lamentos divinos que despertarán en vosotros amor, adoración a mi misterio eucarístico; lamentos divinos en los que sentiréis caer mis palabras en vuestro corazón como brisa suave; lamentos divinos que llevarán a muchísimos de mis hijos a una reparación constante de sus pecados; lamentos divinos que serán palabras de consuelo para mi corazón sufriente, corazón que agoniza por la rebeldía e ingratitud de los hombres.
Como epidemia que se extiende por el mundo entero difundid los lamentos divinos desde mi nuevo Getsemaní a toda creatura. Como rayo impetuoso que cae sobre la tierra haced llegar mis lamentos divinos a las almas sencillas, a las almas ávidas y necesitadas de mi presencia eucarística en todos los sagrarios de la tierra.

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