Milagros en Fátima

Curación de un médico

Relatado por el Dr. Agacio da Silva Ribeiro: "Era la tarde del 9 de marzo de 1926. Conducía mi motocicleta a toda velocidad, cuando un neumático se escapó de la rueda. En la espantosa caida me fracturé la pierna, la clavícula, el metacarpo y tuve otras heridas laceradas y contusiones. Pensé en mi mujer y mis hijos que me esperaban. En trescientos- cuatrocientos metros estaba en casa. Invoqué a nuestra Señora de Fátima y esperé mi muerte. Pero, sin embargo, ví que la lucidez de mi mente se mantenía intacta: oré a la Virgen para salvarme. Mi mujer, informada de mi accidente, corría, y llena de confianza, se arrodillaba en la carretera y suplicaba a la Virgen que me ayudase. Cuando ella llegó con amigos me llevaron entre dolores terribles, primero al consultorio, y luego al hospital de la Universidad de Coimbra. Allí me curaron y para mi sorpresa y de mis colegas, no tuve fiebre ni hubo la más mínima infección. Sinceramente, este hecho, desde el punto de vista de la ciencia no se explica: no puedo contenerme de llamarlo milagro.
Yo que me sentía afortunado si consiguiese salvar la vida, aunque fuese sin pierna, me veo sano y salvo con mi pierna y sin cojear: sin la más mínima molestia. Estoy totalmente convencido de que sólo la intervención de Nuestra Señora de Fátima me ha salvado".

Curación extraordinaria

Emilia Martín, natural de Santiago, guardaba cama desde los seis años. Apenas podía moverse y, además, su estómago no toleraba alimento alguno. Llena de fe quería llegarse hasta Fátima, pero su situación económica no se lo permitía. Algunas personas devotas colectaron la cantidad necesaria para alquilar un coche y así Emilia partió con una enfermera y dos hermanas. Durante el viaje sus condiciones empeoraron y llegadas a Oporto, a Emilia se le administró la Extremaunción: aun así se arriesgó a reemprender el viaje. Cuando llegó el Santuario fue llevada en camilla al hospital: durante su internamiento sufrió varios síncopes, en uno de los cuales un médico afirmó que había muerto. La constancia de un asistente advirtió en la paciente algún latido cardiaco. se decidió entonces acercarla a la Bendición de enfermos. La apciente, apenas recibida la bendición, se despertó como de un sueño, abrió los ojos, se reanimó lentamente y recuperó la cosciencia. Sintió un bienestar general y exclamó "estoy curada... Sea alabada y se lo agradezco a Nuestra Señora de Fátima". El médico cuidador redactaba un atestado de curación total, en el que declaraba que el hecho había acontecido instantaneamente y, por eso, el caso no era clínicamente explicable.

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