martes, 20 de diciembre de 2016

Sobre la licuefacción de la sangre de San Jenaro

Por Moimunan


La cosa gira en torno al fallido milagro de la licuefacción de la Sangre de San Jenaro. Al revés que en España, con el Santo homólogo San Pantaleón, la sangre deja de licuarse en algunas raras ocasiones. En Madrid nunca ha dejado de licuarse, incluso ante el advenimiento de desgracias. Pero entonces sí ha habido licuación es, digamos anómalas, porque como dejó escrito en 1733 el obispo Quintano Bonifaz   “también se produce la licuefacción en los sucesos prósperos o infaustos, como se ha acreditado,  con la diferencia portentosa de que cuando es feliz el color es alegre y rubicundo, y cuando infausto, triste y macilento” (sobre san Pantaleón). 

En Nápoles, sin embargo, la ausencia de licuación, al decir de los napolitanos es indicio seguro de calamidades y desgracias. Los agnósticos puede que se sonrían ante la credulidad de los fieles preconciliares, pero es un hecho científicamente establecido en anteriores años, que la falta del enigmático evento fue seguida de enormes calamidades.
Como se sabe la licuación se realiza en elgunos días privilegiados tres veces al año:  el 19 de septiembredía del martirio del santo patrón de Nápoles, el 16 de diciembre (aniversario de la erupción del Vesubio en el año 1631, cuando se dice que el santo detuvo la lava en las afueras de la ciudad) y el sábado anterior al primer domingo de mayo, fecha de la traslación de su cuerpo. Pero no siempre se produce la licuefacción, o bien se produce más tarde o más temprano del momento ‘culminante’ de la procesión. Señales todas ellas, consideradas infaustas.
 La historia reciente muestra varios casos de incumplimiento de la licuación. En septiembre de 1939 y 1940, por ejemplo, coincidiendo respectivamente con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la entrada de Italia en el conflicto; en septiembre de 1943, fecha de la ocupación nazi; en septiembre de 1973, año en el que se propagó el cólera en Nápoles y en septiembre de 1980, año del terremoto de  Irpinia. Todas estas fechas fueron de alguna manera dramáticas. Y también en los siglos pasados, los días en que el milagro no sucedió, coincidieron con asedios, erupciones y plagas.
El terremoto de Irpinia, el 23 de noviembre, 1980 – año en que la sangre seca de San Genaro había fallado en licuarse el 19 de septiembre – fue devastador, como muestran los siguientes enlaces:
Hace sólo unos meses, Nápoles fue añadido a la lista de ciudades en riesgo de ser afectadas por la erupción del Monte Vesubio, que está considerado como el volcán más peligroso del mundo . Desde diciembre 16 está históricamente ligado a San Genaro y a la erupción del Vesubio en 1631,  que fue precedido de la ausencia  del milagro de la sangre que se debía producir  en este mismo día por lo que puede ser considerada como un mal augurio para la ciudad .
Pero decir que en la ausencia de licuación se siguen calamidades y desgracias es decir una media verdad. No sólo la ausencia de licuación es un mal augurio, sino que también lo es la licuación fuera de fecha (y yo añadiría una  licuación a medias fuera de las fechas señaladas).

Lo anterior queda demostrado por la licuación sorprendente habida el 17 de enero de 1793, ante el general francés Jeann Etienne Chanpionnet. Esto me da pie para establecer muchos paralelismos sorprendentes entre el general Championnet y el “Papa” Francisco. 

Quizás el lector creerá que éste paralelismo está traído por los pelos o es algo debido meramente a una mera sucesión de casualidades. Ruego al lector un poco de paciencia y lea lo que sigue. Quizás cambie de opinión.

En primer lugar procedemos a dar ena sucinta referencia de los hechos habidos aquel día  de 1793 ante los asistentes franceses del general, el clero de Nápoles que tenía la orden del general de apacigüar los ánimos del pueblo sojuzgado por el ejército francés, predicando ” paz y  orden “, las autoridades napolitanas y una gran concurrencia de fieles.

– En 1799 . El 23 de enero, el general de Napoleón,  Jean Etienne Championnet entró victorioso en Nápoles, que cayó al cabo de la tenaz resistencia de sus ciudadanos. Los transalpinos eran entonces muy mal vistos. Hasta hubo quienes los consideraban anticristos por el libertinaje e ideas liberales de los invasores. Championnet,  para apaciguar a la gente, ordenó a los clérigos que abrieran las iglesias y predicasen en favor de la paz y del orden. Así pues al día siguiente la gente procedió a sus rezos en el Duomo.  Tan pronto como la ampolla estuvo en manos del oficiante, he aquí que tuvo lugar el milagro de la licuefacción de la sangre de San Genaro. El asombro invadió a los  presentes y pronto llegó a toda la ciudad, por  el “anormal” suceso. Todavía hoy lo llaman ‘el milagro Championnet’.
Como saben los lectores, los ejércitos de Napoleón invadieron naciones limítrofes a Francia, llevando consigo las ideas de la Revolución Francesa, en particular las que se resumen en la famosa tríada revolucionaria “Libertad, Igualdad, Fraternidad“. Eran unas ideas forjadas en las logias masónicas, de las que estaba ausente la concepción sobrenatural de la existencia con la que hasta entonces la Iglesia Católica había “aherrojado las conciencias”, con la acción de un clero ” rancio” que las esparcía en su predicación, oficios litúrgicos (en particular la Misa Tridentina sustentada en la arcaica noción del Sacrificio Redentor), y sobre todo en el “confesionario” convertido, más que en un encuentro, en el lugar donde el pueblo asumiendo su condición de “reo” era punido en un juicio con una  penitencia reparadora después de haber reconocido verbalmente sus faltas.
Aquí hay que decir que los ejércitos franceses procedían a su labor evangelizadora sembrando el “terror”,  robando y matando a los reaccionarios. Como premio a su labor terminaron llevándose en filas interminables de carretas, innumerables tesoros de monasterios e iglesias, que hasta entonces habían servido a un culto ancestral en el que brillaba el oro de los objetos litúrgicas y las vestiduras sagradas, de una religión muy “alejada de la simplicidad evangélica” tal como la vemos en los templos de las sectas cristianas y en los templos masónicos. Sin embargo si los ejércitos napoleónicos al final regresaron a su país, después de sucesivas derrotas (en España Arapiles y Bailén) las ideas liberales se expandieron como una metástasis en las capas  “ilustradas” de la población, con la ayuda inestimable de las logias masónicas. Sólo la Iglesia se mantuvo enhiesta ante este “cáncer” 
(...) hasta llegar al “pontificado” de Francisco que ya a cara descubierta promueve el programa mundialista del NOM con  la famosa tríada: Libertad sin las cadenas de un pesamiento rígido  y leguleyo; Igualdad que no soporta las desigualdades entre ricos y pobres, capitalistas y proletarios, razas superiores frente a indígenas sojuzgados desde los tiempos de la malhadada  Conquista española, europeos frente a inmigrantes refugiados y así hasta el infinito; Fraternidad en el reino de Misericordia y compasión, Amor, besitos a niños   etc.. 
Para seguir con la descripción de los hechos y las comparaciones debemos decir que en el mismo lugar, el Duomo de Nápoles, donde aconteció el “milagro de Championnet“, en fecha distinta a la señalada para los milagros de San Jenaro, y que  coronó la acción devastadora de su ejército en una batalla tenaz y prolongada contra los defensores napolitanos que defendían como enardecidos tradicionalistas su “Tradición, sus ideas monárquicas y su Sagrada Religión” (Dios, patria y Rey como decían los carlistas españoles en su lucha contra la Revolución); tuvo lugar el milagro del “papa” Francisco. En efecto, la cosa fue como sigue: 
Hubo una notable concurrencia como las que suelen darse los días en que se espera el milagro de  la sangre de San Genaro, pero esta vez en fecha distinta a las señaladas,  el 21 de marzo de 2015, fiesta de San Benito. (a quien probablemente no festejen demasiado, éste año, en Nursia) cuando  el “Papa” Francisco visitó la catedral de Nápoles y besó la reliquia: La sangre seca se licuó de forma inesperada, pero sólo parcialmente, como después señalaría el  “arzobispo” Crescencio Sepe, que hizo que el mismo Francisco exclamara: “el obispo acaba de anunciar que la sangre de San Jenaro está medio licuada. 
 Aunque el “milagro de Championnet” fue total, el “milagro de Francisco” no  le fue a la zaga, pero a medias.
Un vídeo de toda la ceremonia en la catedral de Nápoles el 21 de marzo de 2015, incluyendo el “medio-milagro” hacia el final, se puede ver aquí:
Recordemos que este es el mismo Francisco, que  habitualmente se niega a hacer una genuflexión ante el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo.
Quizás sea oportuno señalar que precisamente el día señalado para el portento de San Jenaro, que éste año NO SE REALIZÓ, es el día en que Francisco celebra su cumpleaños

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