martes, 31 de enero de 2017

Más música para rezar


Ob. alemanes piden protestantizar educación católica de colegios


Los obispos alemanes sugieren unirse a los protestantes para la educación religiosa 

30 de enero de 2017 Catholic World News

Los obispos católicos alemanes están pidiendo la cooperación con los grupos protestantes en el suministro de instrucción religiosa en las escuelas de la nación.

La educación religiosa está disponible para los estudiantes en las escuelas públicas alemanas, pero el número de estudiantes que optan por tomar esas clases ha ido cayendo, ya que hay menos familias activas religiosas y menos jóvenes son bautizados.

Para contrarrestar la caída de la matrícula, un grupo de trabajo de los obispos alemanes ha sugerido unirse con los protestantes, para asegurar que las escuelas tengan un número suficiente de estudiantes para justificar la enseñanza religiosa en el cristianismo. "La cooperación es de gran importancia para el futuro de las clases religiosas", dijo el arzobispo Hans-Josef Becker de Paderbon, que dirigió el grupo de trabajo.

Algunos católicos alemanes han tomado el asunto un paso más allá, sugiriendo que los cristianos deben unirse a creyentes de otras religiones, apoyando clases que ofrecen instrucción general en reliion. Un grupo de 163 académicos se unieron en una declaración: "Una sociedad plural necesita personas que puedan juzgar a las religiones con sentido común y que estén listas para el diálogo".

Mons Aguer: no bendigan uniones adúlteras ni fornicarias

Mons. Aguer recuerda a sus sacerdotes que no pueden bendecir uniones adúlteras ni fornicarias
NI A LAS PAREJAS NI SUS ANILLOS

Mons. Aguer recuerda a sus sacerdotes que no pueden bendecir uniones adúlteras ni fornicarias

El arzobispo de La Plata (Argentina), Mons. Héctor Aguer, ha recordado a sus sacerdotes que «cuando no es posible celebrar, según el rito litúrgico, un matrimonio canónico, se debe evitar cuidadosamente todo signo que induzca a confusión, sea a los mismos presuntos contrayentes, a sus familiares, o al pueblo de Dios en general».
(Ar. La Plata) En el protocolo 014/2017 dirigido «a los queridos sacerdotes de la arquidiócesis», con fecha 28 de enero de 2017, memoria litúrgica de Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia, el prelado agregó que «están prohibidas, por tanto, bendiciones de anillos y aún la bendición de las parejas ya que ésta puede llevar a pensar que se bendice la unión concubinaria o adúltera. Uso estos nombres, que hoy resultan antipáticos, porque designan la verdad, aunque convenga evitarlos en el diálogo personal con los peticionantes».

Texto completo

Advertencia sobre bendiciones indebidas
28 de enero de 2017
Memoria litúrgica de Santo Tomás de Aquino,
presbítero y doctor de la Iglesia
A los queridos sacerdotes de la arquidiócesis:
     Deseo recordarles algo que es bien sabido por ustedes, pero que es bueno no olvidar, sobre todo a causa de la presión cultural, que se hace más insistente cada día.
      Cuando no es posible celebrar, según el rito litúrgico, un matrimonio canónico, se debe evitar cuidadosamente todo signo que induzca a confusión, sea a los mismos presuntos contrayentes, a sus familiares o al pueblo de Dios en general.
    Están prohibidas, por tanto, bendiciones de anillos y aún la bendición de las parejas ya que ésta puede llevar a pensar que se bendice la unión concubinaria o adúltera. Uso estos nombres, que hoy resultan antipáticos, porque designan la verdad, aunque convenga evitarlos en el diálogo personal con los peticionantes. Con mayor razón están prohibidas las ceremonias en el templo, con las apariencias que suelen usarse en los casamientos verdaderos. Toda denegación debe hacerse con absoluto respeto, con la máxima serenidad y caridad, sin ofender a nadie, sino explicando lo que significa la celebración nupcial y el valor del sacramento del matrimonio y sus condiciones de recepción. En muchos casos se podrá quizá encaminar delicadamente a las personas a la conversión, y siempre invitarlas a implorar la misericordia de Dios que anticipe el momento de la gracia. Quizá no falten quienes están en condiciones de celebrar un matrimonio canónico.
    No se trata de una ocurrencia mía, sino de una exigencia evangélica y de la disciplina de la Iglesia. Quienes incurran en la frivolidad que se va extendiendo en algunos lugares se harán pasibles de las sanciones que correspondan en cada caso. No se manosean ni se malvenden so pretexto de una pastoralidad mal entendida o por razones sentimentales las bellas y santas realidades de nuestra fe; es nuestro deber custodiarlas y ofrecerlas como dones del Señor que elevan y dignifican a la persona humana.
     Les recuerdo, además, que en los casos de disparidad de culto y de mixta religión debe solicitarse la correspondiente dispensa en el primer caso y la licencia para el segundo. Sin estos requisitos, y las condiciones que la Iglesia impone para celebrarlos, esos matrimonios son respectivamente inválidos e ilícitos (cf. Cánones 1086, 1124 et alii)
  Confío en la sensatez y en el espíritu de obediencia del presbiterio arquidiocesano.
  Con mi saludo afectuoso y fraterno.
Prot. 014/2017
   + Héctor Aguer
Arzobispo de La Plata

Sor Natalia Magdolna: orad por las Almas del Purgatorio



Una noche Jesús me pidió que orara por las almas del purgatorio. Eran las cuatro y media y yo quería terminar de escribir mi diario, cuando Jesús me dijo:
– 
Hija mía, aunque respeto tu cansancio, quiero pedirte que no te vayas a dormir hasta que pongas por escrito el estado de sufrimiento de las almas del purgatorio. Yo quiero que mis hermanos sacerdotes se unan a la cruzada de oración en favor de las almas que sufren en el purgatorio. Ahora quiero aliviar a aquellas que durante su vida con frecuencia me pidieron a Mí y a mi Madre, en la oración, que tuviéramos piedad de ellas en el momento de su muerte y cuando estuvieran en el lugar del sufrimiento.Jesús me llevó entonces a un lugar tan grande que yo no podía ver el final. Aunque el lugar estaba oscuro, las almas allí parecían estar calmadas. Había un sin número de almas: llevaban ropa negra y estaban arrimadas unas a otras. Todas parecían inmóviles, sin palabras y muy tristes. Mi corazón casi se quebraba al verlas así. Supe que estas almas no recibían ayuda alguna de nadie en la tierra, ni oración, ni sacrificios. Sabían que la hora de su liberación no había llegado todavía pero confiaban en que no dilataría mucho.Después de eso Jesús me llevó a otro lugar similar. Allí las almas tiritaban en sus túnicas negras.Pero cuando me vieron entrar con Jesús, todas empezaron a agitarse. Yo tenía mi rosario en la mano
para rezar por ellas. Cuando vieron el rosario, todas empezaron a gritar: “¡
Rece por mí, querida
hermana, rece por mí!” y trataban de sobreponer su voz, gritando más fuerte, solicitando mis oraciones,
como una nube de abejas. Aunque todas gritaban a un tiempo, yo podía distinguir la voz de cada una.Reconocí a muchas entre ellas, personas a las que conocí cuando estaban en la tierra. Vi a algunas religiosas de otras órdenes y también de la mía. Me espanté cuando una madre superiora se volteó haciamí y me pidió humildemente que rezara por ella.Después de esto, una religiosa, conocida mía, con sus manos juntas y tocando mi rosario, me
suplicó: “¡Por mí, por mí!”, mientras un extraño sudor, no sé si en el alma o en el cuerpo, corría sobre
ella.Después Jesús me llevó a un tercer lugar donde había un sin número de religiosas, paradas y sin movimiento, mientras un fuerte sudor corría sobre ellas. Se volvieron hacia mí y me suplicaron que
rezara el rosario por ellas. En ese lugar había luz. Yo pensé: “¿Por qué será que ellas me piden el rosario?” Entonces Jesús me mostró un rosario, en
el que en vez de las cuentas había flores y en cada flor vi brillar una gota de la Sangre de Jesús. Cuando decimos el rosario, las gotas de la Sangre de Jesús caen sobre la persona por quien lo ofrecemos. Las almas del purgatorio están implorando continuamente la Sangre salvadora de Jesús.

EL JUICIO PARTICULAR

En varias ocasiones Jesús me llevó al lugar del juicio individual. La última vez que fui, oré por un alma pecadora. Mi confesor me dijo que le preguntara a Jesús si esa alma se había salvado. Entonces Jesús me permitió ver cómo esta alma había sido juzgada.

Yo pensaba que iba a ver algo aparatoso, mientras no vi nada de eso. Puedo describir esta experiencia sólo en imágenes. Vi a esta alma mientras se acercaba al lugar del juicio. A un lado estaba el Ángel de su Guarda y al otro Satanás. Jesús, en su divina majestad los estaba esperando porque Él es el Juez. El juicio fue rápido y en silencio. El alma pudo ver en un instante toda su vida, no con sus propios ojos, sino con los ojos de Jesús. Vio las manchas negras, grandes y pequeñas. Si el alma va a la eterna condenación, no siente ningún remordimiento por lo que ha hecho. Jesús permanece callado y el alma se aparta de Él y entonces Satanás la arrebata y la arrastra al infierno.

Sin embargo, durante la mayor parte del tiempo, Jesús, con un amor indescriptible, extiende su mano y muestra el lugar al cual el alma debe ir. Jesús le dice: “¡Entra!”, y entonces el alma se pone un velo, similar al que he visto en el purgatorio, blanco o negro, y ella se dirige al purgatorio. La acompañan Nuestra Señora y su Ángel de la Guarda tratando de consolarla. Estas almas son muy felices porque ya vieron su lugar en el Cielo donde les espera la felicidad eterna.

Nuestra Señora no está presente en todas las fases del juicio, pero antes de que se pronuncie la sentencia, Ella le suplica a su Hijo, como abogada defensora, exactamente como hace el abogado con su cliente, defendiendo en modo particular a las almas que durante su vida le fueron devotas. Pero cuando el juicio empieza, Ella desaparece, sólo su gracia está irradiando sobre el alma. A la hora del juicio, el alma está completamente sola frente a Jesús. Después del juicio, cuando el alma está cubierta con el velo del color apropiado, entonces la Virgen aparece otra vez, se pone al lado del alma y la acompaña por el camino del purgatorio.

La Virgen casi se pasa su tiempo en el purgatorio, irradiando sus gracias consoladoras y salvadoras.

El purgatorio es un lugar de purificación, pero también un lugar de felicidad. Las almas que esperan allí están aguardando felices el momento de entrar a la felicidad eterna. El énfasis es en la felicidad y no en el sufrimiento. Olvidaba decir que el pecador que mencioné al principio, sí se salvó.

LA SANTA MISA

Me había dado cuenta cómo en el purgatorio las almas están sedientas de la Sangre de Jesús. Lepregunté a Jesús de esto y Él me dijo:
Mientras en la tierra se siga celebrando una sola santa Misa, mi Sangre seguirá cayendoabundantemente sobre la humanidad y las almas serán purificadas. La plenitud de este misterio esconocido sólo por la Santísima Trinidad y permanecerá un misterio hasta que la última persona deje latierra.
Jesús mío, ¿y qué pasará si solamente una santa Misa es celebrada en la tierra?
Aún entonces mi Sangre será derramada abundantemente en las almas, tanto en la tierra como enel lugar de la purificación.
Le pregunté un día a Jesús:

–¿De qué depende nuestra salvación?

Y Él me contestó:

–La salvación no depende de hoy, de mañana o de ayer, sino del último momento. Por eso ustedes deben arrepentirse constantemente. Ustedes se salvan porque Yo los he salvado y no por sus méritos. Solamente el grado de la gloria que ustedes reciban en la eternidad depende de sus méritos. Por lo tanto, ustedes tienen que practicar constantemente dos cosas: el arrepentimiento de sus pecados y decir con frecuencia: “Oh Jesús mío, en tus manos encomiendo mi alma”.

Uno no debe tener miedo al juicio. Jesús, como humilde cordero, rodea las almas con un amor indescriptible. El alma que ansía estar limpia llega al juicio para poder encontrarse con el Amor mismo de Quién ella estará enamorada eternamente. En cambio, el alma orgullosa, detesta este Amor, ella misma se distancia de Él y esto en sí mismo es el infierno.

Uno no debe tener miedo al juicio. Jesús, como humilde cordero, rodea las almas con un amor indescriptible. El alma que ansía estar limpia llega al juicio para poder encontrarse con el Amor mismo de Quién ella estará enamorada eternamente. En cambio, el alma orgullosa, detesta este Amor, ella misma se distancia de Él y esto en sí mismo es el infierno.

Una vez, apoyada en el hombro de Jesús, yo lloré preguntándole:

–¿Por qué creaste el infierno?

Para contestarme, Jesús me llevó al juicio de un alma muy pecadora, a quien le perdonó sus pecados. Satanás estaba furioso:

–¡Tú no eres justo! –gritaba–. ¡Esta alma fue mía toda su vida! Este cometió muchos pecados, mientras que yo cometí sólo uno y Tú creaste el infierno para mí.

–¡Lucifer! –Le contestó Jesús con amor infinito–. ¿Tú, alguna vez, me pediste perdón?

Entonces Lucifer, fuera de sí, gritó:

–¡Eso nunca! ¡Eso nunca lo haré!

Entonces Jesús se volvió hacia mí, diciéndome:

–Ya lo ves, si él me pidiera perdón tan sólo una vez, el infierno dejaría de existir.

Es por esto que Jesús nos pide que vivamos en continua conversión. Debemos meditar todo lo que Él sufrió por nuestros pecados para que podamos alcanzar la salvación. Hemos de amarle por su amor profundo. “Cada alma es un mundo único”, me dijo. “Una no puede reemplazar a otra”. Jesús ama a cada alma con un amor especial, y ese amor no es el mismo amor que tiene para las otras.

Cómo prevenir las tentaciones del demonio

–Mira, hija mía, si tienes un gran pesar, y no puedes orar, si estás confundida acerca de algo, si estás lastimada, si te sientes apagada y no tienes fuerzas para nada, dime solamente con confianza y amor: “¡Jesús, Jesús!”. Entonces, oyendo mi Nombre, los ángeles, los santos y mi Madre Inmaculada, se postran ante Mí y me adoran y el infierno se cierra, ya que el infierno está también bajo el poder de Dios y debe inclinarse ante mi Nombre. En efecto está escrito en la Biblia que el cielo y la tierra deberán inclinarse ante mi Nombre. ¿No crees que el pronunciar mi Nombre es una oración poderosa?

–Si durante la oración, tú no puedes hacer más que pronunciar mi Nombre con amor y confianza; hazlo cada vez que respires, y así tú habrás rezado muy bien y podrás alcanzarlo todo.

Es por esto que nosotros no debemos convertir a los demás con la fuerza. Si alguien se encuentra lejos de nosotros, por ejemplo el padre, la madre o los hijos, es suficiente que recemos por ellos. De esta forma ellos son rodeados por una santa fuerza invisible. Todo esto debe ser a través de la Santísima Virgen, porque nosotros no podemos acercarnos a Jesús sin su Madre si queremos ser recibidos favorablemente por Él. Un hombre orgulloso no es capaz de hacer esto. Así Lucifer no pudo humillarse. Nuestra Madre lleva a todos sus hijos en sus brazos, los acaricia, les da sus méritos y hace que Jesús pase por alto sus faltas. Si alguien desea acercarse a Jesús, entonces deberá dirigirse a su Madre y entregarse totalmente a Ella. Entonces la Virgen seguramente protegerá y llevará a esa persona hasta Jesús.

Depresión
La más efectiva herramienta en las manos de Satanás en contra de nosotros es la depresión, elespíritu abatido, la tristeza. Con esto Satanás quiere acorralarnos dentro de la desesperación y privarnos
de la ayuda de la gracia. En este estado de ánimo hay que repetir: “Jesús mío, Te amo”. Entonces
Satanás desaparecerá

La cuerda de la campana

Además de las visiones, tuve que sufrir muchísimo por causa de Satanás. El espíritu maligno sabía que yo soy un instrumento en manos de Dios y puedo ayudar a salvar a muchísimas almas con la oración y el sacrificio. Todo lo que se gana para Jesús es pérdida para Satanás. Mi vida estaba llena de tentaciones y mortificaciones.

En una ocasión el demonio me llevó al campanario de la iglesia. Me ofreció la cuerda de la campana invitándome a que me colgara. Yo estaba entonces muy abatida y no encontraba razón para seguir viviendo más. La tentación era tan fuerte que casi estaba condescendiendo. De repente, la campana grande empezó a tocar. Era el mediodía. Como de costumbre recé el Ángelus y mientras rezaba sentí que la opresión diabólica iba disminuyendo. Estuve escondida en el campanario hasta el anochecer, cuando mi madre superiora, con la ayuda de una lámpara llegó y me encontró cerca de las diez de la noche. Me dio una Medalla y rezamos. Satanás, batiendo en retirada, como un animal asqueroso, me dijo:

–¡No importa que esta vez no pude llevarte conmigo, pero te aseguro que tú serás mía a la hora de la muerte!

En ese momento oí la voz de Jesús que dijo:

–¡Ella no será tuya, porque no tú, sino Yo soy el que derramé mi sangre por ella!

Entonces me sentí completamente aliviada en mi alma y en mi cuerpo y todas mis dudas desaparecieron.

Sor María Natalia de las Hermanas de santa Ma. Magdalena nació en 1901 cerca de Pozsony, en laactual Eslovaquia. Sus padres eran artesanos de origen alemán. De joven aprendió el húngaro y elalemán, y más tarde el francés. Recibió los mensajes en húngaro. Su vida está llena de acontecimientoshistóricos y políticos ya que vivió casi todo este siglo. Murió el 24 de abril de 1992, en olor de santidad.Desde temprana edad percibió claramente su vocación religiosa y a los diecisiete años entró alconvento de Pozsony. A los treinta y tres, sus superioras la enviaron a Bélgica de donde volvió al pocotiempo porque se enfermó y la regresaron a Hungría, su patria, donde vivió en los conventos deBudapest y Keeskemet.En Hungría empezó a tener locuciones interiores y visiones sobre el destino de Hungría y delmundo, aunque ya de niña había tenido fuertes experiencias místicas. Estos mensajes son un llamado ala reparación de los pecados, a la enmienda y a la devoción al Corazón Inmaculado de María como laVictoriosa Reina del Mundo. La mayoría de estos mensajes los escribió entre los años 1939 y 1943.Durante la Segunda Guerra Mundial, Sor Natalia aconsejó al Papa Pío XII que no fuera aCastelgandolfo, su residencia de verano, porque sería bombardeada, como de hecho lo fue.Sor Natalia tuvo que transmitir unos mensajes muy duros a la jerarquía católica de Hungría: querepartieran sus riquezas a los pobres, que dejaran sus palacios y que comenzaran a hacer penitencia. Paramuchos este llamado no sólo era una locura sino un absurdo. Sólo unos cuantos hicieron caso al llamado
del “Apostolado de la Enmienda”. Sólo después de la guerra, cuando el cardenal Mindszenty
en 1945fue elegido Primado de Hungría, empezó el movimiento de reparación en forma seria. Él quiso laconstrucción de una capilla en Budapest y concedió el permiso para la fundación de una nueva orden dereligiosas, cuya única finalidad sería el hacer reparación y penitencia por los pecados de la nación. Perodesgraciadamente era demasiado tarde y la capilla no se alcanzó a terminar. Las autoridades comunistasno sólo prohibieron la fundación de la nueva orden, sino que dispersaron aquellas ya existentes.El terror contra el pueblo húngaro fue tres veces más severo que en los países satélites vecinos. Elejército rojo hizo mártires por miles, entre ellos el obispo Apor de Gyor, quien trató de defender a surebaño, en su mayoría mujeres que buscaban refugio en las iglesias para evitar ser violadas.Sin embargo el ejército rojo fue indulgente en comparación con los traidores comunistas húngaros,especialmente su líder Matías Rákosi. Esta figura cruel envió a miles de intelectuales al patíbulo y sufuria se dirigió principalmente contra la Iglesia Católica. Confiscó todas sus escuelas, dispersó lasórdenes religiosas y ocupó sus conventos y monasterios. Todo el mundo se enteró de la trágica suerte delPrimado de Hungría, el cardenal Joseph Mindszenty, quien luchó valientemente contra la tiranía roja.Después de haber sido encarcelado durante la Segunda Guerra Mundial por los nazis alemanes porayudar a los judíos, ahora los rojos lo arrestaron bajo falsas acusaciones y lo sometieron a las máshumillantes torturas. Cuando su voluntad de hierro se dobló por as drogas que le administraban, losometieron a un juicio de burla. Su rebaño se asustó y se dispersó lentamente al ver vencido al pastor.Sor Natalia compartió la suerte de sus hermanas religiosas y tuvo que vivir escondida, pero su vida
mística continuó y bajo la guía de su nuevo director espiritual, en 1981 comenzó a escribir de nuevo su diario.

Para leer el libro completo descargado de Sor María Natalia : http://es.scribd.com/doc/85404060/La-Victoriosa-Reina-Del-Mundo-SOR-MARIA-NATALIA-MAGDOLNA




Exorcista: 7 puertas que no se deben abrir

Un sacerdote con 6.000 exorcismos a sus espaldas advierte de las 7 puertas que no se deben abrir

Un sacerdote con 6.000 exorcismos a sus espaldas advierte de las 7 puertas que no se deben abrir

Francisco López Sedano ha sido durante cuarenta años exorcista en la Archidiócesis de México

Francisco López Sedano es un religioso mexicano de los Misioneros del Espíritu Santo que a sus ochenta años ha pasado la mitad de su vida luchando contra Satanás como exorcista llegando a ser el coordinador de los exorcistas de la Archidiócesis de México. Calcula que durante su extenso ministerio ha realizado al menos 6.000 exorcismos y no teme al demonio sino que afirma que el demonio le teme a él.

En una entrevista para el diario Hoy Los Ángeles, editado en lengua española en California (EEUU), este anciano sacerdote cuenta algunas de sus experiencias y advierte a la gente de las puertas que no hay que abrir para que el demonio no pueda entrar en sus vidas y alerta de la poca fe de algunos sacerdotes:

-¿El diablo existe?
-Por supuesto.

-¿Pero existe así como un ente maligno o es sólo la maldad del ser humano?
-Jesús se enfrentó muchas veces con Satanás mismo y habló con él. No se habla con una cosa, se habla con una persona.

-¿Cómo fue que se volvió exorcista?
-No fue por mi gusto, fue por necesidad, por ver casos muy serios, muy dolorosos y tener que entrarle al toro. Antes no creía que el demonio pudiera actuar tan agresivamente. Me parecía fantasioso, no realista.

-¿Y qué le hizo creer?
-Un compañero sacerdote que estaba metido en eso me hizo ver que combatir al Maligno era una obligación. Me dijo: "tienes que meterte en esto por mandato del Señor".

-¿Por mandato?
-Los tres mandatos son llevar la palabra de Dios, sanar enfermos y echar demonios. Los tres están vigentes en la iglesia, pero muchos sacerdotes no quieren entrarle al toro, le tienen miedo.

-¿A qué le tienen miedo?
-A la venganza del Otro.

-¿No será que esos sacerdotes simplemente no creen en el demonio?
- No creen, no intervienen y por eso no tienen experiencia. Me han tocado casos en los que, previamente, la gente fue con su párroco y éste les dijo: "usted está imaginándose cosas, eso no existe". Y la persona se va sin saber qué hacer, porque en la noche "alguien" lo molesta, lo golpea, lo tumba de la cama, lo golpea contra la pared.

-¿Usted ha hablado con el demonio?
-Muchas veces. El demonio habla a través de la gente, gente que se ha metido en sus terrenos. A mí. ¡cuántas veces! "¿Y tú quién eres para expulsarme?". Y le respondo: no soy nadie, pero vengo de parte de Cristo, tu Dios y Señor y te largas ahora mismo, te mando en nombre de Él que te vayas, ¡fuera!


La ouija es un juego extendido entre los jóvenes que abre la puerta al demonio

- ¿Cómo distingue entre una persona que está fingiendo y una persona que está poseída?
- La persona en la que están los demonios empieza a gritar, empieza a ladrar como perro, empieza a vociferar o a retorcerse y a andar como culebras en el piso. Son mil formas.

-¿Y no le da miedo?
-No, porque Dios nos protege. Si no lo hiciera, nadie se metería en eso.

-¿Qué busca el diablo?
-El demonio lo que quiere es apartarnos de Dios, nos mete flojera, nos mete cansancio, nos mete sueño, desconfianza, nos mete desesperación, odio; todo lo negativo.

-Entonces, vivimos una época muy endemoniada.
- Así es. No he tenido buena salud y he dejado un poco de atender gente, pero normalmente antes atendía tres o cinco casos al día.

-¿Cómo sabe una persona que necesita un exorcismo?
-Oye voces, siente odio o rechazo por Dios, antes creía y ahora patea la Biblia. Es gente que tiene un dolor de espalda terrible, pero los médicos dicen que está perfectamente bien. Los daños de Satanás están fuera del orden médico clínico. Gente que vive con una diarrea permanente y con nada se le quita; gente que tiene dolor de ojos y los oftalmólogos no les encuentran nada. Son daños que la ciencia no detecta.

-Entonces, ¿estar poseído por un demonio no significa andar trepando las paredes como Linda Blair?
- No precisamente, pero puede ser. Cuando hay presencia del demonio puede suceder cualquier cosa.

- A usted le ha tocado ver algo así.
-Sí. En una iglesia, un muchacho de unos 18 años empujó cinco bancas de estas grandes, muy pesadas, que ni 10 personas lo habrían logrado. Tenía una fuerza terrible. Lo tuvimos que agarrar entre tres para practicarle el exorcismo. Habiendo presencia del Otro, ya se explica cualquier cosa. Que puedan subirse por las paredes, sí; y volar también.


- ¿Qué le gusta al diablo o a satanás?
Lo que le gusta es separarnos de Dios, meternos miedo, amenazarnos, tenernos temblando y la gente así anda luego.

-¿Pero el diablo escoge a la gente o la gente lo deja entrar?
-La gente deja entrar al diablo. No se metería con nosotros si no le abriéramos puertas. Por eso Dios prohíbe practicar magia, superstición, brujería, hechicería, adivinación, consulta a muertos y espíritus y astrología. Esos son los 7 terrenos de la mentira y el engaño.

- Pero todos en México consultan su horóscopo.
-Que los astros influyan en nuestra vida es la mentira más grande. ¡Están a millonadas de kilómetros! Son cuerpos formados por metales y gases, ¿cómo van a influir en nosotros? Lo mismo pasa con la magia, que es atribuir a las cosas un poder que no tienen. Cargar una herradura porque me va a dar buena suerte, es mentira.

-¿No pasa lo mismo con algunos artículos de la Iglesia Católica? Los milagritos, por ejemplo.
- Bueno, no. Hay que saber distinguir. Si yo traigo una imagen de Cristo o de María Santísima como protección, detrás hay algo serio, auténtico, mientras que detrás de una herradura no hay nada, hay mentira.

-¿El diablo sabe más por viejo que por diablo?
- De acuerdo.

-¿Hay algún personaje público que usted crea que tiene tratos con el demonio o que esté poseído?
-
-Pues a ratos (Enrique) Peña Nieto con sus cosas locas de los matrimonios gay y todo eso.

-¿Qué pasa con los narcos y los sicarios?
- Es difícil afirmar rotundamente si son satánicos o no, pero andan en la maldad, ciertamente.

- ¿En algún momento ha sentido miedo?
- No, el diablo me tiene miedo a mí.

- ¿Cómo se imagina el cielo?
No lo podemos imaginar, está fuera de nuestro alcance.

-¿Usted piensa en la muerte?
- Sí, con frecuencia porque tengo que tratar enfermos o, a veces, muertos.

- ¿Le preocupa?
- Ligeramente, porque es uno pecador y está uno en sangre pecadora.

-¿Cómo va a ser pecador si usted combate demonios?
-Sí, pero ¿acaso no puedo pensar en matarte ahorita?

-¡Espero que no!
-Jajajaja. Lo que quiero decir es que estamos en sangre pecadora y nadie puede decir "yo no soy pecador". Basta que estemos en carne humana para que seamos pecadores y fallemos en muchas cosas, el Papa y todos, somos humanos.

-¿Qué pasa, por ejemplo, con los sacerdotes pederastas?
-No tuvieron una formación suficiente como para luchar contra sus tendencias pederastas, no tuvieron fuerza espiritual para sobreponerse.

-¿Qué castigo merece alguien que abusa de un niño?
-Merecería que le corten sus partes.

- ¿Cuál quiere que sea su epitafio?
-Simplemente: "Gracias, Señor, por la vida".

-Tanta maldad, ¿no le quita la esperanza?
- No, para mí se confirma la esperanza porque desde la cruz Cristo ya venció y ganó la guerra absoluta. Satanás trata de hacerle un poco la guerra, pero no le hace ni cosquillas.


Menudo panorama: una monja mediática y un papa, heréticos



Sor Lucía Caram , la monja argentina afincada en Manresa, España, acaba de dar una entrevista televisiva a Risto Mejide, en la que tira por los suelos el Dogma mariano de la perpetua virginidad de la Madre de Dios. Cita: 
«Yo creo que María estaba enamorada de José y que era una pareja normal, y lo normal es tener sexo».

Que esto lo afirme un ateo tienen su pase, porque ignora voluntaria o involuntariamente las verdades de la fe. Que lo diga un laico de a pie le sitúa en estado de herejía, porque negar algún dogma (una verdad absoluta, definitiva, inmutable, infalible, irrevocable, incuestionable) significa negar la misma fe, negando la autoridad de Dios que lo ha revelado. Pero que lo diga, ante millones de personas, una monja de clausura, que se escapa del convento para destruir la fe católica, no tiene perdón de Dios.

Caram, con miles de seguidores en Twitter, mantiene una relación amistosa con Francisco quien la anima seguir “haciendo lío”. Dice la polémica religiosa, por su aprobación del matrimonio homosexual y el aborto:  “Si antes me descalificaban, ahora el Papa me ha redimido”.

Si a esto sumamos la situación a la deriva que ha provocado el naufragio de la Iglesia a manos del papa Bergoglio, donde la división aflora cada vez con más fuerza entre los que permanecen fieles a lo doctrina de Cristo y los que se apuntan a las novedades engañosas de una falsa misericordia que condona el pecado y permite el acceso a la Comunión, y por tanto la expansión universal del sacrilegio eucarístico, los católicos que tememos por nuestras almas, no podemos hacer otra cosa que encomendarnos, en este 100 aniversario de las Apariciones más trascendentes para el catolicismo, a la Virgen María. La Virgen que para muchos ya no es Virgen, porque no son capaces de concebir la convivencia pura de dos santos, ya que a ellos les pierde la lujuria aunque se llamen curas, monjas u obispos.

María no pudo ser una simple mujer pues sólo Ella, preservada del pecado de origen, se hizo digna de ser la portadora del Verbo de Dios dando forma a su Cuerpo, y en cuyo seno se obró el mayor prodigio de la historia: que todo un Dios viniera a habitar entre los hombres.

Incomprensible, que una consagrada a Dios, dedique sus esfuerzos y luchas, no en aspirar a Dios, sino en hacerle la guerra. 

Pero todo es posible en el pontificado bergogliano del “Dios de las Sorpresas”.


C. M

Firma contra la monja que ataca la virginidad de María


  1. Ha salido una solicitud en CHANGE.ORG para OMELLA Y BRAZ DE AVIZ, no se si es el mejor método o si hay que firmar o no… los católicos queremos hacer algo pero no sabemos cómo, y es un grave problema, obedecemos a nuestros obispos y al Papa, pero esto se pasa de castaño oscuro. No es ir en su contra (de momento) si no de Caram. Es como la dubbia, es la mejor solución? Pues no lo sé, pero algo hay que hacer.

Fco: “La teología de la liberación fue positiva...

En China es cada vez más frecuente la demolición de las iglesias cristianas y el derribo de sus cruces


SECRETUM MEUM MIHI: “La teología de la liberación fue una cosa positiv...: “La teología de la liberación fue una cosa positiva en América Latina”, “se puede practicar la religión en China”. Otro día, otra entrevista...

Gnocchi: "Bergoglio está destruyendo la Iglesia Católica ... él no es católico"

Alessandro Gnocchi (escritor, ex colaborador de Radio María): "Bergoglio está destruyendo la Iglesia Católica ... Él no es católico"


"Esta Iglesia se merece a este Papa ..."

Alessandro Gnocchi:


La siguiente historia parece haber pasado por las grietas de las webs y blogs habituales en lengua inglesa "tradicionalistas" aunque pertenece a 2015.

El escritor italiano Alessandro Gnocchi (b. 1959) escribe una columna semanal llamada "Pasado de moda" para el sitio web Rescate Cristiano, (Riscossa Cristianaen) en el que responde a las preguntas la gente le envía. En febrero de 2015, Gnocchi responde a una mujer llamada Lisette, que pide, con todas las pruebas que ha proporcionado acerca de la negación de las verdades católicas "Papa" Francisco, ¿no sería más fácil "decir lo que [Antonio] Socci dice "sobre Francis, a saber, que Jorge Bergoglio no es en realidad un Papa válido (ver aquí)?

La siguiente es la respuesta explosiva de Gnocchi 

Apreciada Lisetta,

Eso es cierto, como usted sugiere, "sería más fácil decir lo que dice Socci de Bergoglio." Pero sería un error en cuanto al contenido y en términos del método. Voy a tratar de explicarle de una manera que le puede resultar esquemática pero, espero, clara.

1. Es un hecho, no una opinión que Bergoglio está destruyendo la Iglesia Católica - y subrayo "católica" - incluso con admirable energía. Pero no estoy de acuerdo con quienes dicen que esto se hace en nombre de un no declarado Tercer Concilio Vaticano II y, por lo tanto, el remedio sería la correcta aplicación del Concilio Vaticano II. Los desastres que han llevado a la Iglesia hasta el borde del acantilado y a muchos católicos a perder su fe, viene precisamente, de la correcta aplicación del Concilio Vaticano II: no de su espíritu, sino a partir de sus palabras.

2. Lo he dicho muchas veces y no me cansaré de repetirlo: Esta Iglesia merece este Papa. O mejor aún, este Papa es la perfecta expresión de esta iglesia, que es cada vez menos católica. Si mañana Benedicto XVI fuera a volver a la Cátedra de Pedro, nada cambiaría, y el proceso de autodestrucción continuaría sin interrupciones, como sucedió durante el pontificado de [José] Ratzinger y sus conciliares y postconciliares predecesores. Es evidente que el virus se inyectó tiempo atrás aunque no apareció en los documentos magisteriales hasta el Vaticano II.

3. Considero que es un gasto inútil de energías intelectuales reunir todos los argumentos complejos e incluso sorprendentes sobre que Bergoglio no es Papa, de modo que sea posible criticarlo. Un católico puede denunciar, incluso con fuerza, todos los errores que se cometen en materia de fe por un Papa, aunque sepan que él es el Papa. Además: Si un católico que tiene la capacidad y el prestigio de hacerlo, no lo hace, comete un grave mal delante de Dios y el pueblo.

4. Considero un poco ridículo, y muy patético, el proceso de pensamiento de los que niegan los hechos porque son entonces están obligados a cambiar su teoría. A menudo se puede oír a alguien argumentar de esta manera: "No podemos decir que esta declaración o este comportamiento del Papa están equivocados porque entonces habría que decir que no es infalible." Y evocan todo tipo de intervenciones misteriosas, invocando el nombre del Espíritu Santo, en vano. Sin embargo, un error es un error, culaquiera que lo cometa. Y, de hecho, si este error es cometido por el Papa, significa que incluso él mismo, excepto bajo ciertas condiciones excepcionales, no es infalible.

5. No tengo la capacidad,o  la competencia, o el papel para decir si Bergoglio es Papa o no. No soy capaz de juzgar si la reconstrucción de los procedimientos del último cónclave haría de su elección nula. Tomo nota de que nadie que participó en el cónclave jamás afirmó esta tesis [de Socci], al menos abiertamente. Cuando lo hagan, voy a estar feliz de tener en cuenta su opinión. Al mismo tiempo, la opinión de un lego como yo, y yo soy un lego en teología y derecho canónico con respecto a este tema, la valoro cercana a cero.

6. Una vez dicho esto, el hecho de que no crea que pueda decir que Bergoglio no sea el Papa no me atemoriza a dar el último paso en mi razonamiento. No soy capaz de decir si Bergoglio es o no el Papa: Pero puedo decir, y lo digo, que él no es católico, en casi todas sus declaraciones y actos. Este es el último paso en mi razonamiento y creo que es más difícil y más doloroso que el paso de los que dicen que Bergoglio no es Papa. Y si tuviera que dar un paso más, lo daría.

7. No sé por qué nuestro Señor permite esta agonía, yo no sé por qué Él permite que la guía visible de la Iglesia pactúe de una manera conscientemente para destruirla. No pretendo saber la razón de todo esto, pero soy lo suficientemente humilde para aceptar los hechos, porque todo lo que permite Dios, incluso el mal, es siempre en vista de un bien, quizás uno que ni siquiera podemos imaginar. Por supuesto, una desolación, como esta no es una recompensa. Tenemos que pagar por nuestros pecados personales. Pero creo que estamos pagando por los pecados también de los que vinieron antes de nosotros, sobre todo los pecados de los pastores que, en ese momento, tenían la obligación de defender el rebaño de ovejas de los lobos, oponiéndose al desvío, pero no lo hicieron. Con diez - no digo cien - sólo diez Mgr Lefebvre [Marcel], en lugar de sólo uno, probablemente hoy no estaría en una condición tan lamentable..

8. Cuando digo que soy lo suficientemente humilde como para aceptar los hechos, no me refiero a que uno no debe oponerse al mal, la injusticia y la traición de la fe. Sólo digo que hay que luchar por lo que es bueno, la verdad, y por la salvación de nuestras almas, y para la gloria de Dios, sin cocinar excusas que no pueden soportar la prueba de los hechos. De lo contrario, sería derrotado desde el principio.

Alessandro Gnocchi.

( "El correo Alessandro Gnocchi - columna semanal," Rescate Cristiano 4 de febrero de 2015).


Gnochi es un personaje conocido en Italia - antiguamente un colaborador de Radio María hasta que fue despedido por criticar Francisco - ha dicho sin rodeos que Jorge Bergoglio  no es católico y que está, de hecho, destruyendo la Iglesia Católica.

Gnocchi incluso no descarta la posibilidad de que Francisco sea un impostor, un mero impostor papal, aunque se necesitaría saber que las reglas del cónclave fueron violadas 

(...)

Una cosa, sin embargo, parece cierta: Las líneas de batalla se están elaborando cada vez más claramente, y no hay duda de que lo peor está aún por llegar.

Se inaugura secretismo en las visitas "ad limina"

¡Atención, peligro! Nunca más discursos del Papa en las visitas "ad limina"

Por Sandro MagisterVescovi

Pocos lo han notado. Pero al reanudar los encuentros con los obispos en visita "ad limina apostolorum", después de la larga pausa del Jubileo, el Papa Francisco ha inaugurado una práctica nueva.
Los primeros que la han experimentado han sido los obispos de Irlanda, recibidos por el Papa el pasado 20 de enero.
El boletín oficial de la Santa Sede ha facilitado los nombres de los treinta y un obispos presentes. Nada más. Ni siquiera una alusión a las palabras que Francisco les había dirigido.
También ha sido así para los cinco obispos de Camboya, que el Papa recibió el 26 de enero, y para los nueve obispos de Serbia, Montenegro, Kosovo y Macedonia, el 30 de enero.
Antes esto no sucedía. Desde hace décadas, las visitas "ad limina" terminaban regularmente con un discurso del Papa que se hacía público de inmediato, en el que a menudo se encontraban referencias a las cuestiones más candentes de esa Iglesia nacional, con los consiguientes juicios, palabras de ánimo y amonestaciones por parte del sucesor de Pedro.
Para un observador experto, esos discursos eran el termómetro romano del estado de salud de la Iglesia en las diferentes regiones del mundo.
Pero el Papa Francisco se desacostumbró muy pronto a seguir esa praxis consolidada. Los discursos no estaban escritos por él, aunque se publicaran como suyos y, cada vez más a menudo, omitía el leerlos. Los daba como "entregados" a los obispos con los que se reunía. Con ellos prefería hablar a rienda suelta, a puertas cerradas, y exigiendo que lo que se dijera se considerara reservado.
Y probablemente así hubieran seguido las cosas si no hubiera pasado lo que pasó en la última visita "ad limina" antes de la pausa jubilar, el 20 de noviembre de 2015, con los obispos de Alemania.
El doble sínodo sobre la familia había terminado hacía poco y, precisamente con los obispos alemanes, Francisco había establecido una alianza para introducir sus "aperturas" en la pastoral del matrimonio católico, de manera especial sobre la "vexata quaestio" de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar.
Sin embargo, la Iglesia de Alemania no brillaba en absoluto en el conjunto de la Iglesia mundial. Al contrario, constituía un pésimo ejemplo por demasiadas cosas. Y en el discurso que Francisco se encontró entre las manos, en el encuentro con los obispos alemanes en visita "ad limina", había precisamente una denuncia implacable de todo lo que, allí, va malPero, como siempre, el discurso se publicó como pronunciado por el Papa. 
Y en Alemania desencadenó una polvareda, de la que el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y líder de los innovadores, se hizo quejumbroso portavoz ante Francisco, obteniendo de él esta justificación, que después el mismo Marx ha referido a otros: "No lo he escrito yo, no lo había leído, no lo tengáis en cuenta".
De hecho desde aquél día Francisco suspendió las visitas "ad limina", a causa –se dijo – del jubileo.
En Alemania, por ejemplo, el derrumbe de la fe y de la práctica religiosa:
"Se nota una fuerte caída de la participación en la misa dominical, así como de la vida sacramental. Donde en los años sesenta todavía en todas partes, casi cada fiel participaba todos los domingos en la santa misa, hoy a menudo son menos del 10 por ciento. Los sacramentos son cada vez menos frecuentados. El sacramento de la penitencia a menudo ha desaparecido. Cada vez menos católicos reciben la confirmación o contraen matrimonio católico. El número de las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada ha disminuido claramente. Considerados estos hechos, se puede hablar verdaderamente de una erosión de la fe católica en Alemania".
Las estructuras excesivas:
"Se inauguran nuevas estructuras, para las cuales, sin embargo, faltan los fieles. Se trata de una cierta clase de nuevo pelagianismo, que nos lleva a poner la confianza en las estructuras administrativas, en las organizaciones perfectas. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera".
La desviación teológica y catequística:
"Como padre solícito, el obispo acompañará las facultades teológicas ayudando a los profesores a redescubrir el gran alcance eclesial de su misión. La fidelidad a la Iglesia y al magisterio no contradice la libertad académica, sino que exige una actitud humilde de servicio a los dones de Dios. El sentir 'cum Ecclesia' debe caracterizar de manera particular aquellos que educan y forman a las nuevas generaciones".
La tentación de hacer que simples laicos celebren la misa:
"Es necesario poner siempre de manifiesto el íntimo vínculo entre eucaristía y sacerdocio. Planes pastorales que no atribuyen adecuada importancia a los sacerdotes en su ministerio de gobernar, enseñar y santificar sobre la estructura y la vida sacramental de la Iglesia, la experiencia nos muestra que están destinados al fracaso. La preciosa colaboración de los fieles laicos, sobre todo allí donde faltan las vocaciones no puede convertirse en un sucedáneo del ministerio sacerdotal, o incluso hacer que parezca un simple 'optional'. Sin sacerdote no hay eucaristía".
Las transigencias sobre aborto y eutanasia:
"Una tarea del Obispo que nunca es suficientemente apreciada es el compromiso por la vida. La Iglesia nunca tiene que cansarse de ser la abogada de la vida y no debe dar marcha atrás en el anuncio de que hay que proteger incondicionalmente la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. En esto nunca podemos llegar a compromisos, sin llegar a ser también culpables nosotros mismos".
Francisco no leyó a los obispos este discurso, que efectivamente echaba una pésima luz sobre la alianza que él había alcanzado con el ala progresista de la Iglesia alemana.
Pero, como siempre, el discurso se publicó como pronunciado por el Papa. Y en Alemania desencadenó una polvareda, de la que el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y líder de los innovadores, se hizo quejumbroso portavoz ante Francisco, obteniendo de él esta justificación, que después el mismo Marx ha referido a otros: "No lo he escrito yo, no lo había leído, no lo tengáis en cuenta".
De hecho desde aquél día Francisco suspendió las visitas "ad limina", a causa –se dijo – del jubileo.
Y ahora que las ha recomenzado, ya no prevé ningún discurso durante las visitas.
(Traducción en español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España)

lunes, 30 de enero de 2017

Cuando el amor de Dios se apodera del alma


(Sanguis et aqua files)


Por san Alfonso M Ligorio. Práctica del Amor a Jesucristo

Jesucristo, por ser verdadero Dios, tiene derecho a todo nuestro amor; mas con el afecto que nos ha mostrado, quiso como ponernos en la estrecha necesidad de amarlo, siquiera en agradecimiento a cuanto hizo y padeció por nosotros. Nos amó sobremanera para ganarse todo nuestro amor. «¿Para qué ama Dios –pregunta San Bernardo– sino para ser amado?». Y ya antes lo había dicho Moisés: “Y ahora, Israel, ¿qué te pide Yahveh, tu Dios, sino que le temas... y lo ames?” (Deut. 10, 12). De ahí el primer mandamiento que nos impuso: “Amarás, pues, a Yahveh, tu Dios, con todo tu corazón” (Deut. 6, 5). San Pablo afirma que el amor es “la plenitud de la ley” (Rom. 13, 10). 

El texto griego, en vez de plenitud, lee complemento de la ley. Y ¿quién, al ver a un Dios crucificado por su amor, podría resistirse a amarlo? Bien alto claman las espinas, los clavos, la
cruz, las llagas y la sangre, pidiendo que amemos a quien tanto nos amó. Harto poco es un corazón para amar a un Dios tan enamorado de nosotros, ya que para compensar el amor de Jesucristo se necesitaría que un Dios muriese por su amor. «¿Por qué –exclamaba San Francisco de Sales– no nos arrojamos sobre Jesús crucificado, para morir enclavados con quien allí quiso morir por nuestro amor?». El Apóstol nos declara positivamente que Jesucristo vino a morir por todos, para que no vivamos ya para nosotros, sino para aquel Dios que murió por nosotros.

Aquí hace muy al caso la recomendación del Eclesiástico: “No olvides los favores de quien te dio fianza, pues que ha dado por ti su alma” (Eccli. 29, 20). No te olvides de tu fiador, que en satisfacción de tus pecados quiso pagar con su muerte la pena por ti debida. ¡Cuánto agrada a Jesucristo nuestro recuerdo frecuente de su pasión y cuánto siente que lo echemos en olvido! Si uno hubiera padecido por su amigo injurias, golpes y cárceles, ¡qué pena le embargaría al saber que el favorecido no hace nada por recordar tales padecimientos, de los que ni siquiera quiere oír hablar! Y, al contrario, ¡cuál no sería su gozo al saber que el amigo habla a menudo de ello y siempre con ternura y agradecimiento! De igual modo se complace Jesucristo con que nosotros evoquemos con agradecimiento y amor los dolores y la muerte que por nosotros padeció. Jesucristo fue el deseado de los patriarcas y profetas y de los pueblos que existían cuando aún no se había encarnado. Pues, ¡cuánto más le debemos nosotros desear y amar, ya que le vemos entre nosotros y sabemos cuánto hizo y padeció para salvarnos, hasta morir crucificado por nuestro amor!

Con este fin instituyó el sacramento de la Eucaristía la víspera de su muerte, recomendándonos que, cuantas veces comiéramos su carne, hiciésemos memoria de su muerte: “Éste es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en memoria de mí” (I Cor. 11, 24). Por eso ruega la Iglesia: «¡Oh Dios, que debajo de este admirable sacramento nos dejaste memoria de tu pasión»; y en otro lugar añade: «¡Oh sagrado banquete, en el cuál se recibe a Cristo y se renueva la memoria de su pasión!». Por aquí podemos entender cuán agradecido nos queda Jesucristo si con frecuencia nos recordamos de su pasión, ya que, si mora con nosotros en el sacramento del altar, es para que de continuo renovemos con alegría el recuerdo de todo lo que por nosotros padeció y crezca de esta manera nuestro amor para con Él. 

Llamaba San Francisco de Sales al Calvario monte de los amantes, porque no es posible recordarse de aquel monte y dejar de amar a Jesucristo, que quiso en él morir por nuestro amor.

¡Oh Dios!, y ¿por qué no aman los hombres a este Dios que tanto hizo para ser de ellos amado? Antes de la encarnación del Verbo pudiera haber el hombre dudado si Dios le amaba con verdadero amor; mas, ¿cómo dudará ahora, que lo ve nacido y muerto por amor a los hombres? «Hombre –dice Santo Tomás de Villanueva–, mira la cruz, los clavos y la acerbísima muerte que sufrió Jesucristo por ti y, después de tales y tantos testimonios de su amor, no dudes de que te ama, y de que te ama con extraordinario amor». Y San Bernardo dice que clama la cruz y dan voces las llagas del Redentor para darnos a entender el amor que nos profesa.

En este gran misterio de la redención de los hombres, ponderemos la gran
solicitud de Jesucristo en inventar medios para inclinarnos y aficionarnos a su amor. Si quería, por salvarnos, dar la vida, le sobraba con creces haber sido envuelto en la general matanza que decretó Herodes contra los Inocentes; mas no, que antes de morir quiso llevar, durante treinta y tres años, una vida llena de penas y trabajos, queriendo en el transcurso de ella, y para cautivarse nuestro amor, manifestársenos en muchas y variadas formas. Primero le vimos nacer como pobre niño en una gruta, después le vimos jovencillo en un taller, y, finalmente, le vimos como reo en una cruz. 

Pero aun antes de morir en ella quiso pasar por circunstancias conmovedoras, y todo por nuestro amor. Se ofreció a nuestra vista en el huerto de Getsemaní agonizante y bañado en sudor de sangre; a continuación, azotado en el pretorio de Pilatos; más tarde, tratado como rey de teatro, con la caña burlesca en la mano, el jirón de púrpura sobre el hombro y la corona de espinas en la cabeza; arrastrado, finalmente, por las calles, con la cruz al hombro, y suspendido en el Calvario de tres garfios de hierro. ¿Merece o no merece ser amado por nosotros un Dios que para conquistar nuestro amor quiso pasar por tantos trabajos? Decía el P. Juan Rigoleu: «De buena gana pasaría llorando toda mi vida por un Dios que por amor de todos los hombres quiso sufrir muerte de cruz».

«Gran cosa es el amor», dijo San Bernardo; grande y sobre toda ponderación, estimable. Hablando Salomón de la divina sabiduría, que no es otra cosa que la caridad, la llamó tesoro infinito, porque el que posee la caridad goza de la amistad de Dios. El angélico Santo Tomás dice que la caridad no sólo es la reina de las virtudes, sino que donde ella reina trae consigo el cortejo de las demás y las endereza todas a unir al hombre con Dios. «Oficio propio de la caridad es unir al hombre con Dios», dice San Bernardo. Y en no pocos pasajes de la Sagrada Escritura se declara esta íntima unión que hay entre Dios y quienes le aman. He aquí, pues, el admirable oficio de la caridad, unir al alma con Dios. Esta virtud, además, comunica fuerzas para hacer y sufrir grandes cosas por Dios. San Agustín dice que nada hay tan duro que con el fuego del amor no se ablande. No hay cosa, por difícil que se la suponga, que no sea vencida por el fervor de la caridad, porque, como añade San Agustín, en aquello que se ama, o no se siente el trabajo, o el mismo trabajo se ama.

Oigamos lo que dice San Juan Crisóstomo respecto del amor divino cuando se apodera del alma: «Cuando el amor de Dios se apodera del alma, engendra en ella insaciable deseo de trabajar por el amado, de tal manera que, por muchas y grandes obras que haga y por mucho tiempo que emplee en su servicio, todo le parece nada y anda siempre gimiendo y suspirando de hacer tan poco por Dios; y si en su mano estuviera dar la vida por Él, aún no tendría cumplido gozo. De donde resulta que siempre se considera inútil en cuanto obra, porque el amor, enseñándole, por una parte, cuánto merece Dios, le declara por otra, con clarísima luz, cuán defectuosas son sus obras, todo lo cual es para ella confusión y quebranto, al conocer la bajeza y poco valer de sus acciones ante la majestad de Señor tan poderoso».

¡Cuán fuera de camino andan, dice San Francisco de Sales, cuantos cifran la santidad en cosa que no sea amar a Dios! «Algunos cifran la perfección en la austeridad de la vida; otros, en la oración; quiénes, en la frecuencia de
sacramentos, y quiénes, en el reparto de limosnas; mas todos se engañan, porque la perfección escriba en amar a Dios de todo corazón, pues las restantes virtudes, sin caridad, son solamente montón de escombros. Y si en este santo amor no somos perfectos, culpa nuestra es, pues no acabamos de entregarnos por completo a Dios.

Dijo un día el Señor a Santa Teresa: «¿Sabes qué es amarme con verdad? Entender que todo es mentira lo que no es agradable a mí». ¡Ojalá que todos entendieran esta verdad, que sólo una cosa es necesaria! No es necesario allegar en la tierra muchos caudales, ni granjearse la estima de los demás, ni llevar vida regalada, ni escalar las dignidades, ni ganar reputación de sabio; una sola cosa es necesaria: amar a Dios y cumplir su voluntad. Para este único fin nos creó y conserva la vida, y solamente por este camino llegaremos un día a conquistar el paraíso. “Ponme como sello sobre tu corazón, cual sello sobre tu brazo” (Cant. 8, 6). Así dice el Señor a todas las almas, esposas suyas, que le pongan en su corazón como sello y como señal en su brazo, para que a Él vayan dirigidas todas las acciones y deseos; dice que le pongan sobre el corazón, para que no entre en él más amor que el suyo, y que le pongan sobre su brazo, para que en cuanto hagan no se propongan otro fin que agradarle. Y ¡cómo corren a pasos agigantados por el camino de la perfección los que en todas sus obras no pierden de vista a Jesús crucificado ni tienen más finalidad que hacer su beneplácito!

Éste ha de ser todo nuestro afán, alcanzar el verdadero amor a Jesucristo. Los maestros de la vida espiritual nos describen los caracteres del verdadero amor, y dicen que el amor es temeroso, porque lo único que teme es desagradar a Dios; es generoso, porque, puesta su confianza en Dios, se lanza a empresas a mayor gloria de Dios; es fuerte, porque vence los desordenados apetitos, y aun en medio de las más violentas tentaciones, sale siempre triunfador; es obediente, porque a la menor inspiración se inclina a cumplir la divina inspiración; es puro, porque sólo tiene a Dios por objeto, y le ama porque merece ser amado; es ardoroso, porque quisiera encender en todos los corazones el fuego del amor y verlos abrasados en divina caridad; es embriagador, porque hace andar al alma fuera de sí, como si no viera ni sintiera, ni tuviera sentidos para las cosas terrenas, pensando sólo en amar a Dios; es unitivo, porque logra unir con apretado lazo de amor la voluntad de la criatura con la del Creador; es suspirante, porque vive el alma llena de deseos de abandonar este destierro para volar a unirse perfectamente con Dios en la patria bienaventurada, para allí amarle con todas sus fuerzas.

Pero nadie mejor que San Pablo, el gran predicador de la caridad, nos declara cuáles sean sus caracteres y en qué consista su práctica. En su primera Carta a los Corintios, en el capítulo 13, afirma que, sin la caridad, de nada vale el hombre ni nada le aprovecha: “Si tuviere toda la fe hasta trasladar montañas, mas no tuviere caridad, nada soy. Y si repartiere todos mis haberes y si entregare mi cuerpo para ser abrasado, mas no tuviere caridad, ningún provecho saco” (I Cor. 13, 2-3). Por lo que si uno tuviese tal fe que trasladara un monte de una parte a otra, como hizo San Gregorio Taumaturgo, si no tuviera caridad, de nada le vale; si distribuyera todos sus bienes a los pobres y padeciera voluntario martirio, pero sin caridad, de modo que lo sufriera con otro fin que el

de agradar a Dios, de nada le vale.

Por eso San Pablo continúa describiéndonos las contraseñas de la divina

caridad, enseñándonos a la vez la práctica de aquellas virtudes que son sus hijas: “La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene celos, no se pavonea, no se infla, no traspasa el decoro, no busca lo suyo, no se exaspera, no toma a cuenta el mal. No se goza de la injusticia, antes se goza con la verdad. Todo lo disimula, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera” (I Cor. 13, 4-6).
Consideremos en el presente libro estas diversas prácticas de la caridad, para ver si reina verdaderamente en nosotros el amor que debemos a Jesucristo y examinar las virtudes en que principalmente nos habemos de ejercitar para conservar en nosotros y acrecentar este santo amor.






Afectos y súplicas
¡Amabilísimo y amantísimo Corazón de Jesús, desgraciado el corazón que no os ame! ¡Oh Dios moristeis en la cruz por amor a los hombres, sin sentir alivio alguno!, y ¿cómo después de ello viven éstos sin acordarse de vos?
¡Oh amor divino, oh ingratitud humana! ¡Oh hombres, hombres, mirad al inocente Cordero de Dios que agoniza en la cruz y muere por vosotros, pagando así a la divina justicia por vuestros pecados y atrayéndonos a su amor! Mirad cómo, a la vez, ruega al Eterno Padre que os perdone; miradlo y amadle.
¡Ah Jesús mío, cuán pocos son los que os aman! Desgraciado de mí, que también durante tantos años me olvidé de vos, ofendiéndoos tantas veces. Amado Redentor mío, no es tanto el infierno que merecí el que me hace derramar lágrimas, cuanto el amor que me habéis mostrado.
Dolores de Jesús, ignominias de Jesús, llagas de Jesús, muerte de Jesús, amor de Jesús, imprimíos en mi corazón y quede en él para siempre su dulce recuerdo que me hiera e inflame continuamente en su amor.
Os amo, Jesús mío; os amo, sumo bien mío; os amo, mi amor y mi todo; os amo y quiero amaros siempre. No permitáis que os abandone y torne a perderos.
Hacedme todo vuestro; hacedlo por los méritos de vuestra muerte, en la cual tengo cifrada toda mi esperanza.
María, Reina mía, también en vuestra intercesión confío. Conseguidme el amor a Jesucristo y también vuestro amor, Madre y esperanza mía. 

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'En el arco parlamentario no hay un partido en el que no haya masones' El profesor Alberto Bárcena, experto en masoner...