Experiencias de Margarita María de Alacoque

Carta al reverendo Padre Jean Croiset del 10 de agosto de 1969 

"Dios quiere la unión de los ángeles y de los hombres. Si se pudieran unir sus devociones y todos participásemos del bien espiritual recíproco, pienso que el Corazón Divino se alegraría. Desearía que se mostrase una particular devoción por los ángeles, que están hechos para amarlo, honrarlo y alabarlo en el Divino Sacramento del Amor.

Así, si estuviésemos más unidos a ellos, los ángeles podrían interceder por nosotros ante su Divina Presencia, para rendirle homenaje y para amarlo. Así nos aportarían beneficios a nosotros y también a todos aquellos que lo aman y repararían las irreverencias que se cometen en su Santa presencia"


Visión de los Serafines

En otra oportunidad me retiré a trabajar la caña en un pequeño patio, vecino al Santo Sacramento, y mientras seguía mi labor de rodillas, me sentí cubierta interior y exteriormente, y en aquel instante vi el gentil corazón de mi adorable Jesús, más brillante que el sol. Estaba en medio de la llama del amor, rodeado de Serafines que cantaban en un admirable concierto: "El amor triunfa, el amor crece, el amor del Santo Corazón nos alegra".

Y cuando los espíritus beatos me invitaron a unirme a ellos en la alabanza al Divino Corazón, no dejé de hacerlo; pero ellos me tomaron y, después de dos o tres horas de cantos, sentí en la profundidad de mí misma su efecto benéfico, sea por la ayuda recibida, sea por la suavidad que esto me había dado y me seguían dando. Me quedé tan impresionada que, desde aquel momento, rogándoles, los llamaba siempre mis divinos amigos.

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