Francisco siembra el caos



El Vaticano no cesa de desparramar sus escándalos desde que Bergoglio asumió el gobierno de la Iglesia. 

Dejando a parte sus afirmaciones caóticas que se han atraído la conmoción del mundo católico, como que Dios no es un Dios católico, que los egoístas se auto condenan, pero sus almas no son castigadas sino que se aniquilan (niega el Infierno), que los comunistas piensan como los cristianos, que los ateos pueden salvarse si siguen su conciencia, que todos nos encontraremos allá arriba (en el Cielo), que no hay verdades absolutas, etc…o de insultar a los católicos tradicionales que no siguen sus innovaciones, como egoístas, fariseos, personas rígidas o que tienen algún problema psicológico, Bergoglio usa inteligentemente un doble discurso, salpicando de afirmaciones que rayan la herejía, cuando no son abiertamente contrarias a la doctrina de Cristo, en sus homilías y documentos. 
Por ejemplo, en Amoris Laetitia, disimuladamente introducidas, hay verdaderas bombas de relojería que harán estallar en mil pedazos la moral sexual católica, y que ya están siendo aplicadas en diversas diócesis del mundo no sólo permitiendo, sino animando a los adúlteros (divorciados recasados por lo civil) a los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión, cuando estos “permisos” son un desafío diabólico a las enseñanzas eternas del Dios hecho Hombre y que no pueden evolucionar con el paso de los siglos. 

Y he aquí que en Malta, se ha llegado al extremo de amenazar a los sacerdotes que no sigan estas directrices sacrílegas con la suspensión de su ministerio. Ya en Colombia, el pasado 16 de enero, el obispo de Pereira, Mons R. Corredor suspendió a divinis al sacerdote Luis C. Uribe Medina por “expresar su rechazo a las enseñanzas doctrinales y pastorales de Francisco que permiten a los adúlteros permanecer en pecado y comulgar, derivadas de Amoris laetitia, llegando a afirmarse que las ideas del cura son “contrarias a la fe católica””.

Es curioso que los abusos litúrgicos y sexuales y otras gravísimas transgresiones por parte de muchos ordenados no hayan sido nunca corregidas por estos obispos tan solícitos, en cambio, en expulsar a los buenos sacerdotes que defienden la doctrina bimilenaria de Jesucristo depositada y defendida por la Iglesia hasta que Bergoglio llegó al poder.

La obsesión de Francisco por rehabilitar a Lutero, el religioso apóstata que sembró de terror y confusión gran parte de Europa gracias a sus tesis heréticas y dio al traste con la mayoría de los sacramentos, anulando de la Biblia aquellos libros que no se adecuaban a su nueva filosofía, y el libre albedrío e imponiendo la doctrina de la justificación y la sola scriptura, obedece a las directrices que otros le han marcado para contribuir a la Nueva Religión Mundial, en la que todas las religiones tengan cabida en una especie de amalgama que anule para siempre la Verdad de Dios entre los hombres, dada por Jesucristo a sus apóstoles y resguardada por el catolicismo.  

Muchos signos ha dado Bergoglio de esta apertura, llegando a decir que hacer proselitismo (con los demás cristianos) es un pecado, o permitiendo a la Comunión Eucarística a algunos luteranos, o conmemorando los 500 años de la Reforma Protestante, y ahora con la emisión de un sello vaticano en honor a Lutero, según él “un testigo del Evangelio” y “reformador a la altura de san Fco de Borja o de san Ignacio de Loyola”, proponiendo una fórmula de intercomunión con los protestantes. Una iniciativa reveladora, porque en 2017 se conmemora el 100 Aniversario de Fatima, las apariciones marianas más relevantes y que sin embargo han sido ninguneadas por Francisco en más ocasiones.

En fin, nos encontramos en una época de persecución que surge del mismo corazón de la Iglesia, contra sus hijos más fieles para demostrar que el Maligno ha tomado posesión de la silla de Pedro y desde allí dicta sentencia de muerte espiritual a tantos cristianos desprevenidos que siguen los dictados “papales” y el martirio para todo aquel que se atreva a desafiarlos.



Una época que pasara a la historia por la confrontación interna de los malos contra los buenos, para acabar, si se pudiera, con la fe en el Dios verdadero que Dios mismo vino a revelarnos para salvar nuestras almas y que siempre ha encontrado oposición, pero nunca como hasta ahora, porque lo que está también en juego es la profanación de las especies eucarísticas, y por tanto del mismo Dios, además del sacrilegio sacramental del matrimonio, la eucaristía y la confesión.


Por Lisa Justiniano




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