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Parlamento Europeo: “derechos” para los robots

Alejandro Ezcurra Naón
Martes 24 de enero de 2017
Los pueblos de Europa están mostrando un rechazo cada vez mayor a ese mastodonte burocrático, totalitario y asfixiante llamado Unión Europea. El voto popular a favor del “Brexit” fue apenas un botón de muestra del creciente foso que separa la UE de las reales aspiraciones de los ciudadanos de sus países miembros.
Uno de los organismos de la UE más contestados es el Parlamento Europeo, incumbido de legislar sobre normas comunes a los países del bloque. La principal causa de tal rechazo son las imposiciones ideológicas de ese organismo contra la familia y contra la misma naturaleza humana.

De la alucinación a la realidad

No crea el lector que exageramos: la Comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo acaba de aprobar un borrador de informe que propone otorgar personería jurídica a los robots autónomos “más sofisticados”, adjudicándoles “el estatus de personas electrónicas (¡sic!) con derechos y obligaciones específicos, incluida la de reparar cualquier daño que pudieran causar”.
Según la autora del informe, la diputada luxemburguesa Mady Delvaux, la humanidad está entrando en el umbral de una “nueva revolución industrial” en la cual los robots también podrían quedar sujetos a ciertas “obligaciones”, al parecer inspiradas en las llamadas “Tres Leyes de la Robótica”, enunciadas por el publicitado autor de ciencia-ficción Isaac Asimov en su cuento Círculo vicioso (Runaround), de 1941.
Ahora, esa ficción visionaria parece a camino de volverse una absurda realidad legal.
¿Pero qué sucedería si a un robot se le ocurriera “salirse del libreto” y generar situaciones de peligro? La ponente del informe ya tiene la respuesta: insertar previamente a todos los robots un “interruptor mortal”, por el cual se los pueda desactivar en caso de que funcionen “fuera de las leyes establecidas”.
Dependiendo de su nivel de sofisticación se establecerían distintos “niveles de imputabilidad” para los robots infractores: la responsabilidad personal (sic) de cada uno aumentaría proporcionalmente a su mayor autonomía.
O sea, tendríamos una especie de “código penal” alterno para robots, con diferentes sanciones que van de la “pena de muerte” a castigos menores.
Felizmente, para alivio de nuestra atormentada especie humana, en medio de tanta locura Delvaux hace una salvedad: “un robot no es un ser humano y nunca será humano. (...) Puede mostrar empatía, pero no puede sentirempatía” (al menos se dio cuenta...). Prescribe además que ningún robot deberá parecer ni “emocionalmente dependiente”, ni manifiestamente humano, ni aparentar “que ama o que está triste [1].
Para la diputada Delvaux, la interacción diaria de hombres con lo que llama "entes inteligentes no humanos" o Inteligencia Artificial plantea problemas derivados de la complejidad de estos últimos, incluso la “clara posibilidad” de que, a pesar de ser de nuestra propia creación, nos superen “tanto mentalmente (sic) como físicamente”; en otras palabras, que el hechizo robótico se vuelva contra el hechicero humano... [2]

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