Papa León lV a Bergoglio: estás equivocado

FRANCISCO CONDENA LAS ANTIGUAS PAREDES EUROPEAS CONTRA EL ISLAM

Instalado y seguro detrás de las paredes del Vaticano, pide a otros que "derriben sus muros".

24 de febrero de 2017 Raymond Ibrahim 

Raymond Ibrahim es un Shillman Fellow en el Centro de Libertad David Horowitz

El Papa Francisco sigue defendiendo dos puntos interrelacionados que, si bien son aparentemente humanos, comprometen a las naciones occidentales y exponen a sus ciudadanos al peligro.

Reiteró su primer punto a principios de este mes cuando dijo: "Apelo a no crear muros, sino a construir puentes". Francisco ha hecho este llamamiento frecuentemente, tanto en sentido figurado (cuando imploran a las naciones occidentales que no cierren sus puertas contra más migrantes musulmanes entrantes) , Y literalmente -incluyendo la caracterización de la propuesta de Donald Trump de construir un muro de Estados Unidos-México como "no cristiano".

Francis reiteró su segundo punto hace unos días cuando dijo que "el terrorismo musulmán no existe". Su lógica es que, debido a que hay cristianos que participan en actividades criminales y violentas -y sin embargo nadie culpa al cristianismo por su comportamiento- también el Islam no debería ser culpado cuando los musulmanes participan en actividades criminales y violentas.

En esto, el Papa católico parece incapaz o no quiere hacer la distinción fundamental entre la violencia cometida de acuerdo con las enseñanzas religiosas (Islam) y la violencia cometida en contradicción con las enseñanzas religiosas (cristianismo).

Pero hay otra ironía relevante y frecuentemente olvidada: cada mañana Francis se despierta en el Vaticano y mira por su ventana, ve un recordatorio muy grande y visible que expone su mentira respecto a su argumento contra los muros y en defensa del Islam. Hablo de las grandes murallas que rodean la Ciudad del Vaticano, más específicamente las Murallas Leoninas.

Contexto: Un par de años después de que el profeta islámico Muhammad murió en 632, sus seguidores irrumpieron en Arabia y conquistaron las tierras circundantes de no musulmanes en nombre de la yihad islámica. En unas pocas décadas, habían conquistado dos tercios de lo que había en la cristiandad del siglo VII. Se llevaron todo el Oriente Medio, África del Norte y España, hasta que finalmente fueron detenidos en Tours, en el centro de Francia (732). A finales del siglo IX, las incursiones jihadistas habían transformado el Mediterráneo en un lago musulmán; Las principales islas-Sicilia, Creta, Rodas, Malta, Chipre- fueron conquistadas y la costa europea fue habitualmente saqueada por botines y esclavos.



Según las crónicas musulmanas más autorizadas y contemporáneas -las de al-Waqidi, al-Baladhuri, al-Tabari, al-Maqrizi, etc.- todo esto se hizo porque el Islam llama a sus seguidores a conquistar las tierras de "infieles".

Fue en este contexto que, en 846, las flotas musulmanas del norte de África aterrizaron cerca de Roma. Incapaces de romper los muros de la Ciudad Eterna, saquearon y despojaron la campiña circundante, incluyendo -para la consternación de la cristiandad- las basílicas veneradas y centenarias de San Pedro y San Pablo. Los invasores musulmanes profanaron intencionalmente las tumbas de los reverenciados apóstoles y les despojaron de sus tesoros, incluyendo una gran cruz de oro. El Papa León IV (847-855) respondió construyendo grandes muros y fortificaciones a lo largo de la margen derecha del Tíber para proteger los sitios sagrados de otras incursiones musulmanas. Terminado en el 852, las paredes tenían en la mayoría de los lugares 40 pies de alto y 12 pies de grueso.

Previendo además las cruzadas contra el Islam por más de dos siglos el Papa Leo decretó que cualquier cristiano que muriera luchando contra los invasores musulmanes ganaría el cielo. Después de él y por las mismas razones, el Papa Juan VIII ofreció la remisión de los pecados a los que murieran luchando contra los invasores islámicos. Tal era el peligro existencial y permanente que los musulmanes causaban en la Europa cristiana, más de dos siglos antes del llamado del Papa Urbano a la Primera Cruzada en 1095.

Hoy en día, muchos musulmanes, no sólo de la variedad ISIS, continúan jactándose de que el Islam conquistará Roma, la única de cinco sedes apostólicas -las otras cuatro son Antioquía, Alejandría, Jerusalén y Constantinopla- nunca han sido subyugadas por la yihad. Del mismo modo, los musulmanes de toda Europa continúan exhibiendo la misma hostilidad y desprecio por todas las cosas y personas no islámicas, ya sea vandalizando iglesias y rompiendo cruces, o tratando a las mujeres "infieles" como suyas por sexo y violación.

En resumen, las paredes del Papa León prueban que Francisco está equivocado en ambos aspectos: sí, a veces son necesarias las paredes para preservar la civilización; Y sí, el Islam promueve la violencia y la intolerancia contra el otro, mucho más que cualquier otra religión. Este hecho es fácil de discernir examinando las palabras y hechos pasados y presentes de los musulmanes, todos los cuales evidencian una continuidad inaudita e inquebrantable de violencia para los "infieles".

Más irónicamente, si no hubiera sido por las paredes del Papa León - y por tantos otros muros cristianos, como el de Constantinopla, que mantuvo al islam fuera de Europa durante siglos, y el de Viena,  que detuvo una jihad completa de 1683 -no habría un papa hoy para pontificar sobre cómo las paredes son de terribles y cómo es de incomprendido el Islam. Y cuando Francisco acusa a aquellos que quieren proteger a su pueblo, construyendo muros, de no ser cristianos, como lo hizo con Trump, él acusa esencialmente a sus predecesores- hombres como el papa León IV, que tanto hizo para proteger y preservar la cristiandad en un momento en que el Islam se parecía estar tragando el mundo, y acabar con el cristianismo

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