lunes, 6 de marzo de 2017

Del diario de Sta Faustina




 183 Una mañana, después de la Santa Comunión, oí esta voz: Deseo que Me acompañes cuando voy a los enfermos. Contesté que estaba de acuerdo, pero un momento después reflexioné:
¿Cómo voy a hacerlo? Dado que las hermanas del segundo coro [101] no acompañan al Santísimo Sacramento, siempre van las Hermanas Directoras. 

(92) Pensé que Jesús lo solucionaría. Pocos minutos después, la Madre Rafaela mandó llamarme y me dijo: Hermana, usted va a acompañar al Señor Jesús, cuando el sacerdote visite a los enfermos. Y durante todo el tiempo de la probación, siempre iba con luz, acompañando a Jesús y como un oficial de
Jesús procuraba siempre ceñirme con un pequeño cinturón de hierro [102], porque no estaría bien acompañar al Rey vestida como de costumbre. Esa mortificación la ofrecía por los enfermos.

184 + La Hora Santa. Durante esta hora procuraba meditar la Pasión del Señor. No obstante mi alma fue inundada de gozo y de repente ví. al pequeño Niño Jesús. Y su Majestad me penetró y dije: Jesús, Tú eres tan pequeño, pero yo sé que Tú eres mi Creador y Señor. Y Jesús me contestó: Lo soy y trato contigo como un niño para enseñarte la humildad y la sencillez.

Todos los sufrimientos y las dificultades las ofrecía a Jesús como una ofrenda floral para el día de nuestros desposorios perpetuos. Nada me resultaba difícil al recordar que lo hacia por mi Esposo, como una prueba de mi amor hacia Él.
185 Mi silencio para Jesús. Procuraba mantener un gran silencio por Jesús. En medio del mayor ruido, Jesús siempre encontraba silencio en mi corazón, aunque a veces eso me costó mucho.
Pero por Jesús, ¿qué puede resultar grande por Aquel a quien amo con toda la fuerza de mi alma?

186 + Hoy, Jesús me dijo: Deseo que conozcas mas profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tu comprenderás esto cuando medites Mi Pasión. Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su (93) salvación. Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión. Esta oración es la siguiente:

187 Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.

188 En los últimos días de carnaval, mientras celebraba la Hora Santa, vi. Al Señor Jesús sufriendo la flagelación. ¡Oh, que suplicio inimaginable! Cuán terriblemente sufrió Jesús durante la flagelación! Oh pobres pecadores, ¿cómo se encontrarán el día del juicio, con este Jesús a quien ahora están torturando tanto? Su Sangre fluyó sobre el suelo y en algunos puntos la carne empezó a separarse. Y vi. en la espalda algunos de sus huesos descarnados…

Jesús emitía un gemido silencioso y un suspiro.

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