viernes, 7 de abril de 2017

El atentado de Estocolmo

Fotos del sospechoso


Ciudades españolas prohibirán la circulación de camiones por los centros históricos en Semana Santa para evitar actos terroristas después de la tragedia de Estocolmo.

Lo sospechoso es que en Europa nos estén obligando a aceptar la inmigración musulmana masiva sabiendo el peligro que supone para sus habitantes, a los que la ira de los seguidores de Alá ha declarado la guerra psicológica y real mediante el vil asesinato de transeúntes inocentes.
Incluso, el papa Francisco nos coacciona reiteradamente a los católicos a hacer de buenos samaritanos, eludiendo hablar de los riesgos que corre el cristianismo en general, y los cristianos en particular, a manos de sus adversarios históricos: los sarracenos, cuya religión incita a la guerra santa como uno de sus tres pilares. Bueno sería que él predicara con el ejemplo e instalara en su cuartito de Santa Marta del Vaticano, a una pandilla de refugiados.

Por su parte, la web Jihad Watch informó sobre el chantaje que sufren Polonia y Hungría por sus directrices restrictivas de inmigración, en agudo contraste con Angela Merkel y otros líderes europeos amigos del mestizaje de razas y de la pérdida de identidad nacional. La Unión Europea les ha ultimado a ambos a que acepten las cuotas de inmigrantes o se enfrenten la expulsión de la UE.

Felicidades a la primera ministra polaca, Beata Szydlo, por mantenerse firme ante estas graves presiones, optando por proteger a los ciudadanos de su país de las amenazas yihadistas, del crimen migratorio musulmán y del desastre económico, -no olvidemos que a los refugiados (y no refugiados) se les dice antes de traerlos: en Europa todo es gratis-, (así cualquiera no se apunta). 
Poco importa el esfuerzo económico y el trastorno social que ello suponga para un occidente tomado hoy por unos políticos que se alían con los suicidas musulmanes en el suicidio de Europa.


Lucía Rivera

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