domingo, 14 de mayo de 2017

La Penitencia pedida por María en Fátima



(...)La consultante formula una pregunta que está en la médula de las apariciones de Fátima. En efecto, para resumir en dos palabras el Mensaje que Nuestra Señora transmitió a la humanidad en 1917, se puede decir simplemente: Oración y Penitencia.
La noción de oración es más intuitiva, porque en los aprietos de la vida, el grito del alma sube hasta el cielo, pidiendo socorro a Dios, la mayoría de las veces por medio de la Santísima Virgen, justamente llamada Auxilio de los Cristianos o, como también es invocada, La que Desata los Nudos. Todos tenemos tantos y tales nudos que desatar en nuestras vidas, que no es necesario explicarle a nadie la importancia de encontrar a quien los desate por nosotros…
La noción de penitencia, cómo practicarla y por qué consiste en una privación que nos imponemos voluntariamente, o en un sufrimiento que se abate sobre nosotros, y que aceptamos por amor de Dios. En último análisis, consiste en una participación en los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo, en su Pasión y Muerte en la Cruz.
San Pablo decía: “Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo” (Col 1, 24). Es decir, Jesucristo quiso asociarnos a los méritos infinitos de su Pasión, invitándonos a cargar la Cruz junto con Él, así como el Cireneo lo hizo en la subida al Calvario. Con nuestros sufrimientos —aunque sean de pequeño valor— unidos a los de valor infinito de nuestro Redentor, nuestros pecados son perdonados (claro está, que esto no excluye la confesión sacramental hecha al sacerdote en el caso de los pecados mortales), así como ayudamos a pagar las culpas de los demás hombres.
Del conjunto del Mensaje de la Santísima Virgen en Fátima queda claro, que la penitencia más importante que se nos sugiere para nuestros días, consiste en enfrentar los errores y pecados de la sociedad moderna.
Cuando la Santísima Virgen se apareció en Fátima, ya en la primera aparición, el día 13 de mayo de 1917, preguntó a los videntes: “¿Queréis ofreceros a Dios, para soportar todos los sufrimientos que os quiera enviar en reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?” — “Sí, queremos” — respondió Lucía. 

Nuestra Señora continuó: Vais, pues, a sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza”.
Es importante observar cómo María Santísima considera el sufrimiento, aceptado por amor de Dios, como valioso para la conversión de los pecadores. Ella misma insistirá sobre esta idea en las siguientes apariciones. En la cuarta aparición llegó a decir: “Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que muchas almas se van al infierno por no haber quién se sacrifique y pida por ellas”.
Los libros que describen las apariciones de Fátima traen pormenores edificantes de las penitencias realizadas por los videntes, principalmente de los dos niños beatificados — Francisco y Jacinta. (...)Ellos le podrán servir de ejemplos de cómo practicar la penitencia, según la inspiración que el Espíritu Santo le sugiera, de acuerdo con las posibilidades concretas de su estado de vida.

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