miércoles, 17 de mayo de 2017

Los santos desearían vivir en vuestro tiempo


10 de Enero, 2004 Dios Padre a Anne, una apóstol laica 


Saludo a Mis hijos de la tierra. Soy Yo, su Padre del cielo, quien les habla. Hijos Míos: están participando en un tiempo de cambio. Los santos que están en el cielo hubieran deseado vivir en este tiempo, pues es similar a cuando Jesús nació en Belén. Se podría decir que el mundo está con "niño" nuevamente, porque está esperando el regreso del Salvador: 

Jesús ama al mundo y a cada uno de ustedes tiernamente; y del amor que Yo les tengo a ustedes, nisiquiera cabe mencionarlo, porque ya se entiende que un creador, cuando crea algo tan valioso y perfecto como cada uno de ustedes, lo ama entrañablemente. 

Ustedes son esa creación, pequeños del cielo; no llegaron a la tierra accidentalmente por una serie de sucesos biológicos: eso no tiene sentido. El evento biológico que fue su nacimiento causó gran regocijo y expectación en todo el cielo por el tiempo que pasarian en el mundo. Los engendré para que aproximaran más Mi Reino al regreso de Mi Hijo, y ustedes serán cooperadores de este proceso tan gozoso. Deben preguntarme a Mí, su Dios, qué planes tengo para su participación. Algunos me rechazarán, por supuesto; en esta Era de Desobediencia ya
lo tengo por bien visto. Los invito, pues, a que me sirvan con todo amor y fidelidad para compensar por aquellos que me rec- hazan. ¿Lo harán por Mí, pequeñas almas Mías? 

Les pido que no teman, porque deben comprender que la voluntad del Padre es que vengan estos cambios a la tierra para que el Hijo sea acogido en los corazones de aquellos que permanezcan. No habremos de manifestarnos como el niño pobre en el establo; Nos manifestaremos como el Rey de la Creación. Mi Hijo es su Dios, Yo Soy su Dios y en estos tiempos Nuestro Espíritu fluye a través del mundo de tal manera, que nadie podrá negar los tiempos celes- tiales. 


El enemigo negará Nuestro Espíritu, pero ustedes ya saben, queridos, que esa negación jamás desvirtuará la Verdad: la verdad fluye a pesar del enemigo y en contra de las débiles objeciones del mal. Yo, el Dios de toda la creación, con una sola mirada podría destruir violentamente la maldad, pero permito que exista en algún grado, para que Mis hijos puedan discernir entre la Luz y la oscuridad, del mismo modo que se le enseña a un niño a diferenciar entre lo frío y lo caliente. Hijos: si ustedes desean culparme por la situación del mundo, sus ancestros en el cielo agacharán la cabeza decepcionados;
no sean tan ridículos. 

Mi voluntad no es que las catástrofes vengan sobre Mis hijos, en cambio permito que haya ciertos cataclismos para que desvíen su atención de la distracción permanente de los bienes materiales, y siguiendo este fin, habré de evitarles muchas comodidades materiales; considérenlo como una experiencia liberadora, criaturas terrenas. Todas las pérdidas que puedan tener en la tierra no son nada en comparación con la pérdida que experimentarían si escogieran la oscuridad. Sean humildes y conformes en todo, y juntos prepararemos al mundo para el regreso de Mi Hijo. 

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