María: sin oración, el alma enferma


MENSAJE DEL DÍA 3 DE ENERO DE 1987, PRIMER SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN
:
Hija mía, mi Corazón sigue triste, porque los hombres siguen olvidados de 
las  obligaciones  que  tienen  con  Dios.  No  cumplen  con  las  leyes  que  Dios instituyó, hija mía, para los hombres. No santifican las fiestas. La mayoría de los  hombres  no  pisan  los  templos  de  Dios,  se  olvidan  de  sus  leyes.  Los domingos, hija mía, muchas iglesias están vacías; no se preocupan nada más de   divertirse,   y mi   Corazón   sigue   derramando   gracias   sobre   todos   los corazones.  

¡Qué  tristeza  siente  mi  Corazón,  porque  veo  que  muchos  de  mis hijos se introducen en la profundidad de los Infiernos! 

Se olvidan de Dios y se meten en el placer. Sí, hija mía, lloro porque soy Madre, Madre de gracia, de amor  y de  misericordia.  Se  olvidan  de  Dios,  hija  mía;  aman  el  placer,  el mundo,  pero  Dios  es  siempre  el  último.  

Juran  falsamente  y  no  les  importa que en su juramento vaya a la muerte un ser humano. 

Matan, hija mía, por el placer  de  matar;  las  fieras  son  mejor  que  el  ser  humano,  porque  la  fiera  no mata, si no es para defenderse o para alimentarse; pero el hombre mata por el placer de matar, hija mía. Las madres se han convertido en asesinas de sus propios hijos; ¿cómo no va a estar mi Corazón triste, hija mía? 

En las familias ha  desaparecido  el  amor  y  la  unión.  Los  crímenes  siguen,  las  envidias,  hija mía,  y  la  muerte.  Todo  esto  es  el  producto  del  pecado.  

Y  mi  Corazón sigue sufriendo  y  derramando  gracias,  para  que  el  ser  humano  vuelva  sus  ojos  a Dios. Grita, hija mía, que se pongan en nuestras manos y cesarán las envidias, los crímenes, y habrá paz en sus hogares
.
¡Qué pena siente mi Corazón, porque los cristianos se llaman cristianos de 
nombre,  pero  no  cumplen  con  sus  obligaciones  de  cristianos!  Han  olvidado las  leyes,  las  leyes  que  Dios  instituyó,  hija  mía;  porque  si  los  hombres cumpliesen con esas leyes, no caería ninguna plaga sobre la Tierra
.
En la  Iglesia de mi Hijo hay muchos enemigos, hija mía; sigue entrando la cizaña en el trigo, y mi Hijo va a retirar la cizaña de su Reino y la va a arrojar al horno de fuego
.
Sigo orando por vosotros, hijos míos, para que mi Hijo tenga misericordia 
de vosotros. Sí, grita y di que oro día y noche por la Humanidad. Nunca, hijos 
míos, pagaréis este dolor, nunca: el dolor de vuestra Madre amantísima
.
Muchos de vosotros, hijos míos, andáis inquietos y nerviosos; ¿sabéis por qué, hijos míos? Porque os preocupan más las cosas del mundo que vuestra propia  alma;  ocupaos,  hijos  míos,  de  vuestra  propia  alma,  y  mi  Hijo  se ocupará de vuestras cosas; pero os ocupáis de lo que tenéis que comer y de lo  que  tenéis  que  vestir,  y  olvidáis  el  Reino  de  Dios,  hijos  míos.  ¿No  os  dais cuenta que lo más importante es el alma? Os pido que no os abandonéis en la  oración,  hijos  míos;  y  aquéllos  que  no  queráis  estar  dentro,  hijos  míos, dejad  el  puesto  libre  a  otros  para  que  entren;  hacéis  lo  que  los  fariseos:  ni entráis ni dejáis entrar
.
Tú, hija mía, me pides muchas veces que cure tus dolores, y también pides 
y  gritas  que  estás  enferma;  ningún  doctor  podrá  aliviar  tu  mal, 
hija  mía, porque piensa que eres víctima y las víctimas tienen que sufrir
.
LUZ AMPARO
:
¡Ay!,  pero  yo  muchas  veces  me  encuentro  muy  mal.  ¡Ay,  ay,  ayúdame! 
¡Ayúdame
!
LA VIRGEN
:
Tienes  que  sufrir  por  los  pecadores,  hija  mía.  La  víctima tiene  que  seguir siendo víctima hasta el final
.
También pido a todos aquéllos que hayan recibido gracias especiales en el 
alma y en el cuerpo, que lo comuniquen a su pastor, para que éstos abran los oídos a mi mensaje. ¡Están sordos, hijos míos, y ciegos
!
Ya te habrás dado cuenta, hija mía, que están disminuyendo los mensajes, 
pues todo está dicho, hija mía. Todo está repetido una, dos y  mil veces, hija 
mía, pero los hombres cierran los oídos y todo lo que está dicho se cumplirá
.
Entregaos  a  la  oración,  hijos  míos,  no  os  abandonéis.  Ya  te  he  dicho 
muchas veces, hija mía, que la oración es el alimento del alma. Si el alma no 
está alimentada, enfermará, hija mía. Pide mucho por los pobres pecadores, 
y  ofrécete  víctima  de  reparación  por  esas  pobres  almas;  sufre,  hija  mía,  en silencio. Ya te he dicho, hija mía, que tu  enfermedad no curará, sólo podrán aliviarte; pero con tu dolor, hija mía, ¡puedes ayudar a tantas almas que día a día se salen del camino del Evangelio! Yo veo, hija mía, cómo se precipitan en el  Infierno;  pero  no  puedo  hacer  nada,  su  libertad  los  condena,  hija  mía. 
Amaos los unos a los otros, hijos míos
.
Y  tú,  hija  mía,  sé  muy  humilde,  muy  humilde;  con  humildad  podrás  con todo,  hija  mía.  Y  ama  mucho  a  la  Iglesia.  Y  pedid  mucho  por  mi  Vicario, (JP II) porque mi Corazón le ama tanto..
.
Besa  el  suelo,  hija  mía,  en  reparación  de  los  pecados  de  las  almas 
consagradas...  No  le  dan  importancia,  hija  mía,  el  besar  el  suelo;  pero  es  un acto de humildad besar donde todos pisan, hija mía
.
Y    vosotros,    almas    que    todavía    amáis    a    Dios,    vuestro    Creador, encomendaos en sus manos y venid a mí, que yo os protegeré debajo de mi manto,  para  que  Satán  no  pueda  arrebataros,  hijos  míos.  ¡Mi  Corazón  ama tanto a las almas, hijos míos, tanto…, que el último día del fin de los tiempos mi Corazón Inmaculado vendrá para salvar a la Humanidad, hija mía
!
Amad  mucho  al  Corazón  de  mi  Hijo,  amad  el  Corazón  de  vuestra  Madre, porque mi Corazón sangra por la Humanidad
.
Voy  a  dar  una  bendición  especial  para  todas  las  almas,  y especialmente para aquellas almas débiles que se dejan arrastrar por su debilidad
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Sed mansos y humildes de corazón, hijos míos
.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos..
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Y  tú,  hija  mía,  no  te  separes  de  nosotros,  ni  tengas  miedo;  nadie  podrá hundir lo que es de Dios, hija mía, porque Dios sacará adelante mi Obra, hija mía. Él me pone por mensajera para salvar a la Humanidad, y derrama gracias sobre los corazones
.
También  sonrío,  hija  mía,  porque  me  agradan  mucho  las  oraciones  de 
vuestros  labios  y  de  todas  las  almas  que  acuden  a  este  lugar.  Una  sonrisa para todos, hija mía
.
(…)LA VIRGEN
:
Todo  el  que  me  ama  a  mí,  ama  a  mi  Hijo,  hija  mía,  porque  mi  Hijo 
amó 
mucho a su Madre y sigue amando a la Humanidad como a su propia Madre
.
LUZ AMPARO
:
¡Ay Madre..., ay..., ay, qué mano más bonita! ¡Ay, qué hermosura
!
LA VIRGEN
:
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo 

y con el Espíritu Santo

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