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Bergoglio reinterpreta a Pedro y Judas

(ZENIT – Roma, 3 de junio de 2017).- Homilía en sta Marta: Jesús encomienda sus ovejas a Pedro, el más pecador y lo invita a apacentar al Pueblo de Dios con humildad y amor, incluso en medio de sus equivocaciones y pecados. Cita de Fco:

"En el Evangelio, Jesús resucitado dialoga con Pedro en la orilla del lago,(...): Jesús elige al más pecador de los Apóstoles, los otros escaparon, éste lo renegó: ‘No lo conozco’. Y Jesús le pregunta: ‘¿Pero tú me amas más que éstos?’. Jesús elige al más pecador”.
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Otra homilía que Bergoglio aprovecha para colar entre líneas una falsedad. Porque Simón Pedro no era el más pecador de los apóstoles como dice Francisco, sino el más idóneo de entre ellos para el cargo de pontífice, pero que le negó en un momento de cobardía y a partir de entonces, se hizo más humilde y fiel. No estaba en estado del pecado de abjurar de Dios cuando Cristo le eligió diciéndole: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia, ni cuando le confirmó como pontífice después de resucitar: apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos. 
Además, ¿dónde está aquí el: "¿quién soy yo para juzgar?" de Francisco?.

Si acaso, podría haber nombrado a Judas, traidor, deicida y suicida desesperado, como al más pecador de los apóstoles, pero para él sólo era el "pobre Judas", y los verdaderos culpables (pecadores entonces) fueron los que no se compadecieron de él porque seguían la ley, se aferraban a ella (equipara a los que hoy siguen la ley con los fariseos de entonces). 

Yo lo interpreto como otro impulso para suavizar la noción de pecado y pecador, y cargar, como ya es habitual en él, contra de los que siguen la doctrina  comparándolos con los doctores de la ley que no tuvieron compasión de Judas, "cita de Francisco: no les importó el ARREPENTIMIENTO de Judas porque se aferraron a la ley (otra falsedad: Judas no se arrepintió en el sentido cristiano de la palabra, es decir, no volvió su corazón a Dios en busca de perdón)

Deducimos entonces que, si el primer papa fue el más pecador de los apóstoles y Cristo le confió su Iglesia, ¿cómo no se salvará entonces cualquier transgresor de la ley divina? 

Recordemos lo que publicó el Denzinger Bergoglio respecto al "pobre Judas" según Francisco: 
Una vez más, Francisco nos sorprende con una nueva exégesis: el pobre Judas arrepentido, víctima de corazones duros empedernidos en seguir leyes… particular arrepentimiento que no lleva a la verdadera conversión sino a la desesperación del suicidio… lo que coincide con lo manifestado por el entonces Cardenal Bergoglio de que prácticamente a ningún suicida le es imputable su falta. No nos sorprende, porque no es la primera vez que el actual obispo de Roma corrige al mismo Jesucristo… su genialidad hace méritos para eso. Si Nuestro Señor dijo que “más le valdría a ese hombre no haber nacido” (Mt 26, 24), Francisco corrige y pondera que estaba realmente arrepentido, pero le faltó comprensión. Por lo visto, ni siquiera la Virgen Santísima lo habría acogido si él le pidiese ayuda en su sincero arrepentimiento.
 Extracto de la homilía del 11 de abril de 2016 en la capilla de la Casa Santa Marta.
santamarta
Aferrados a la letra
L’Osservatore Romano
11 de Abril de 2016


(...)La historia de Esteban, señaló el Papa, es significativa: «El corazón cerrado a la verdad de Dios se aferra solamente a la verdad de la ley, de la letra —más que a la ley, a la letra— y no encuentra otra salida que la mentira, el falso testimonio y la muerte». Precisamente «Jesús había reprendido esta actitud, ya que con los profetas, en el Antiguo Testamento, había sucedido lo mismo». Tanto es así que «Jesús había dicho» a esas personas «que sus padres habían matado a los profetas “y vosotros hacéis los monumentos, los sepulcros”» Sin embargo, su «respuesta es más que hipócrita, es cínica: “Si hubiéramos vivido en los tiempos de nuestros padres, no hubiéramos hecho lo mismo”». Y «así se lavan las manos y ante sí mismos se juzgan puros». Pero, «el corazón está cerrado a la palabra de Dios, está cerrado a la verdad, está cerrado al mensajero de Dios que trae la profecía para hacer que el pueblo de Dios siga hacia adelante».
«Me duele —confesó Francisco— leer ese breve pasaje del Evangelio de Mateo, cuando Judas arrepentido va a los sacerdotes y les dice: “he pecado”, y quiere dar … y da las monedas». Pero ellos le contestan: «¡Qué nos importa! ¡Tú verás!». Tienen «un corazón cerrado ante este pobre hombre arrepentido que no sabía qué hacer». Ellos le dicen: «Tú veras». Y así Judas «fue y se ahorcó».
Y «¿qué es lo que hacen cuando Judas va a colgarse? Hablan y dicen: “pero, pobre hombre …”». Y, a continuación, refiriéndose a los treinta denarios añaden, «son precio de sangre, no pueden entrar en el templo». En esencia son «son los doctores de la letra», y así siguen «tal y tal y tal regla …».
A ellos, destacó el Papa, «no les importa la vida de una persona, no les importa el arrepentimiento de Judas: el Evangelio dice que regresó arrepentido». A ellos «les importa sólo su esquema de leyes y las muchas palabras y muchas cosas que han construido». «Esta es la dureza de sus corazones, la insensatez del corazón de esta gente, que dado que no podía resistir la verdad de Esteban va a buscar evidencias y testigos falsos para juzgarlo: la suerte de Esteban está marcada como la de los profetas como la de Jesús».
Y esta forma de hacer «se repetirá» en el tiempo, dijo Francisco recordando que «no sólo sucedió en los primeros tiempos de la Iglesia». Por otra parte, señaló, «la historia nos habla de mucha gente que fue asesinada, juzgada, a pesar de que era inocente: juzgada con la palabra de Dios contra la palabra de Dios». El Papa se refirió «a la caza de brujas o a santa Juana de Arco», y también «a muchos otros que fueron quemados, condenados porque no se «ajustaron», según los jueces, a la palabra de Dios».
Es «el modelo de Jesús —concluyó el Pontífice— que, por ser fiel y haber obedecido la palabra del Padre, termina en la cruz». Francisco volvió a proponer la imagen de la gran ternura de Jesús que les dijo a los discípulos de Emaús : «Insensatos y tardos de corazón». Al Señor, concluyó, «pidámosle que, con la misma ternura, mire las pequeños o grandes insensateces de nuestro corazón y nos acaricie» diciéndonos «“insensato y tardo de corazón” y comience a explicarnos las cosas».








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