La masonería eclesial oculta la 4ª parte del Secreto de Fátima

bergoglio

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Las apariciones de Fátima, hace cien años, se dieron en un ambiente de persecución por parte de la masonería civil contra el cristianismo. En Portugal existía un acoso a muerte por parte del gobierno y de la prensa, en manos de esas logias, contra los ciudadanos cristianos, al igual que sucedía en México. Con todo, los masones no lograron impedir que las apariciones se dieran a conocer y fueran avaladas por el cielo mediante el milagro del sol ocurrido el 13 de octubre de 1917.

El principal problema de este hecho sobrenatural no era para la masonería civil, sino para la masonería eclesial. Desde el Siglo XIX se puso en marcha un plan por el que muchos jóvenes que ingresaban al seminario, en realidad eran masones y comunistas infiltrados, con el objetivo del Caballo de Troya: infiltrar la Iglesia para destruirla desde dentro. El plan era que escalaran los más altos puestos, como obispos y cardenales, y posicionar a uno de ellos en la Sede de Pedro.

Actualmente, la embestida de la masonería eclesial contra Fátima se centra en que no se conozca la cuarta parte del Secreto, otorgada a los videntes el 13 de julio de 1917 con las tres anteriores, ya dadas a conocer, dado que la cuarta evidencia la infiltración masónica en la Iglesia así como su máximo proyecto: colocar a un falso Papa, hermano de ellos, en la Sede de Pedro, con el fin de llevar a los católicos hacia la apostasía, el abandono de la fe.
Ese esfuerzo será inútil, pues el triunfo del Inmaculado Corazón de María en Portugal, en México, en la Iglesia, y en el mundo entero, fue sentenciado por la Virgen María desde aquel lejano 1917. Eso no es más que el cumplimiento de lo establecido desde el origen y reportado en el libro del Génesis: "Pondré enemistad entré ti y la mujer, entre tu descendencia y la tuya: ella te aplastará la cabeza cuando tú aseches su talón" (Gen 3, 15).
Desde un inicio de las apariciones, los masones intentaron ocultar y silenciar lo ocurrido en Fátima. Desde el Siglo XIX dominaban en Portugal y Europa grupos políticos adversos a Jesucristo los cuales intentaban arrancar la fe de los católicos. Esa persecución se remonta al Marqués de Pombal y José I en el Siglo XVIII.
En el Siglo XX, el rey Carlos I es asesinado, Manuel II es expulsado, y se proclama la república laica anticristiana bajo el modelo de la república francesa.
Las apariciones de la Virgen María a los pastores representan un despertar del fervor popular que el gobierno masón portugués y europeo buscan reprimir. Las apariciones comenzaron el 13 de mayo y la Virgen les prometió que volvería cinco veces más, siempre el día 13 de cada mes.

El 13 de julio de 1917, la Virgen confió a los tres pastorcitos un Secreto en cuatro partes, lo cual provocó mucha aprehensión por parte de las autoridades adversas a la fe cristiana.
El presidente municipal de Vila Nova de Ourém, Artur de Oliveira Santos, conocido masón anticristiano, intentó evitar que al mes siguiente se reunieran los cientos de pobladores que cada mes acudían en creciente número al lugar de las apariciones. Además, quiso obtener de ellos la declaración de que todo era una falsedad inventada, y de paso trató de sacarles el contenido del Secreto, pues por indiscreción de Jacinta se sabía que los niños custodiaban un mensaje especial otorgado por el cielo.

El 13 de agosto, el presidente municipal masón citó a los niños para un interrogatorio en casa del párroco, y así evitar que los videntes acudieran a la cita con la Virgen.
En la casa parroquial el alcalde abandonó esa artimaña y secuestró a los niños, llevándoselos hasta la sede del distrito, en Vila Nova de Ourem, a unos 9 kilómetros de distancia. Allí intentó comprarlos, los amenazó de muerte y los encerró en una celda con otros presos para hacerlos retractar de su historia. Viendo que nada lograba en su intento de corromperlos, recurrió a su última estratagema. Lleno de ira ordenó a uno de los guardianes: "llévalos al cuarto de al lado y prepara la caldera con aceite hirviendo". Después, procedió a llevarse uno por uno a otra habitación, mintiendo a los niños que quedaban, de que ya había procedido a matar al que se había llevado antes, presionando así para que el sobreviviente admitiera que todo lo de las apariciones era un fraude.
Mientras tanto en Cova, al mediodía del día 13 de agosto, los signos externos característicos de la aparición se hicieron visibles para la multitud que acudió, la más nutrida hasta ese momento. Después que estos signos terminaron los niños no llegaron y la multitud se dispersó sin saber nada de las trampas tendidas por el gobierno local contra ellos.

El "juicio" contra los niños duró tres días, preocupando mucho a sus familias. Finalmente, en la fiesta de la Asunción de María a los Cielos, el 15 de agosto, el alcalde, viendo que nada había logrado, los regresó a Fátima y los dejó a la entrada de la rectoría de la parroquia. Allí fueron vistos por la gente que salía de Misa, alegrándose enormemente.
En cuanto a los planes de la señora del cielo, éstos fueron simplemente retrasados seis días. El domingo 19 Lucía, su hermano Juan y Francisco estaban pastoreando sus ovejas en un lugar llamado Valinhos, ubicado al lado de la misma colina opuesta a Aljustrel, donde se les apareció el ángel dos veces el año anterior, un poco más al norte. Alrededor de las cuatro de la tarde, presintiendo que la señora estaba a punto de aparecerse, Lucía trató sin éxito de convencer a Juan que fuera a buscar a Jacinta, hasta que le ofreció unos cuantos centavos por ir a buscarla. Mientras ella y Francisco esperaban, vieron la luz típica que descendía. En el momento en que Jacinta llegó, se apareció la señora.
Ese fue apenas el inicio de la persecución masónica contra el mensaje de Fátima. Lucía, la vidente sobreviviente (los otros dos murieron en la influenza de la "epidemia española" que azotó a Europa), se hizo monja y conservó el Secreto del 13 de julio de 1917.
Una pieza muy comprometedora del mismo es una visión que hace ver el complot de una secta para lograr que la apostasía salga del vértice mismo de la Iglesia, haciendo que un falso Papa conduzca a los creyentes al infierno.

El 13 de junio de 1939, Lucía tiene otra aparición por parte de la Virgen, la cual le pide transmitir al Papa el mensaje de que debe consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María en unión con todos los obispos del mundo.
En 1944, la Santísima Virgen María le especifica a Lucía que el Secreto debe darse a conocer en 1960, o a su muerte, lo que suceda antes.

Cuando murió sor Lucía, el 31 de mayo de 1949, se operó desde la jerarquía masónica de El Vaticano una estratagema para ocultar su muerte y que no se diera a conocer, dado que los católicos habrían exigido la publicación del comprometedor mensaje.
Esa jerarquía, liderada por Giovanni Battista Montini (iniciado en la masonería en la misma logia y misma ceremonia de su predecesor Angelo Roncalli, en Paris,) se encargó de sustituir a sor Lucía por una impostora que siguiera haciendo las veces de aquella (las diferencias evidentes entre ambas "lucías" se encuentran en esta publicación). La consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María es el arma más poderosa contra el comunismo a nivel mundial, por lo cual intentaron e intentan hoy día impedirlo a toda costa.

Otro ataque inédito de la masonería eclesial contra Fátima sucedió en el año 2000. El Papa Juan Pablo II decidió que en ese año se debía dar a conocer el Secreto, e instruyó a su responsable de la fe, cardenal Joseph Ratzinger, para ocuparse de la publicación.
Poco antes de que esta fuese dada a conocer, el 13 de mayo de ese año, el cardenal Angelo Sodano, masón eminente de El Vaticano, decano de los cardenales, le arrebató a Ratzinger el mundial anuncio y operó una magistral publicación fraudulenta del 26 de junio. Sodano publicó solo la tercera parte del Secreto, nunca mencionó la existencia de una cuarta, y de la tercera dio una interpretación mentirosa, declarando que le visión del obispo de blanco que huye de Roma se refiere al atentado que sufrió Juan Pablo II en 1981. Nada más lejano a la realidad: Juan Pablo II no salió huyendo de Roma, no había sacerdotes y laicos muertos en su camino, la ciudad de Roma no estaba en ruinas, el Papa no murió asesinado posteriormente. Era una mentira podrida del tamaño de una catedral.

El más reciente ataque por parte de la masonería contra Fátima sucedió en mayo de 2016, cuando El Vaticano transmitió una supuesta declaración del Papa Benedicto XVI en la cual habría dicho que la publicación de Sodano del año 2000 si fue completa y correcta.
Nosotros nos preguntamos ¿cómo puede el Papa Benedicto XVI contradecirse? ¿O miente ahora, o mintió en 2003 y en 2010 cuando declaró que Sodano le torció la mano para aceptar una interpretación falsa, y que la cuarta parte del Secreto se refiere a un "acontecimiento futuro" de la Iglesia?


No, no mintió Benedicto XVI. Mintió sin duda la jerarquía masónica en El Vaticano, para variar, nerviosa porque el Secreto puede estar próximo a cumplirse y ser entendido por todos. La jerarquía masónica está más preocupada que nunca contra las revelaciones de Fátima, pues a medida que nos acercamos al 100 aniversario del milagro del sol, 13 de octubre de 2017, nos avecinamos al cumplimiento de los acontecimientos que pondrán de manifiesto toda la deplorable manipulación de la masonería eclesial contra la Santísima Virgen y contra la fe de la Iglesia. 

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