Más disparates de los elegidos de Bergoglio


El cardenal Beniamino Stella, el prefecto liberal de la Congregación para el Clero,  ha afirmado en Radio Vaticano que la formación de sacerdotes, "no consiste en la presentación de una doctrina: sino en presentar a la persona de Jesús."
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Sí, Jesús es el Verbo de Dios encarnado, su Palabra, el Camino, la Verdad y la Vida. Pero, ¿qué sería de Jesús sin su doctrina? ¿Cómo desvincular a Jesús-Palabra-de-Dios que salva, de la Palabra contenida en el Evangelio, o sea, de Su Doctrina salvadora?
Suprimir su Doctrina es hacer desaparecer el catolicismo, dejar un conocimiento protestantizado y sensiblero de Dios, por el que cada uno lo interpreta según su idea, acusando siempre de todas las barbaridades y desviaciones al Espíritu Santo. Por eso los protestantes no cesan de dividirse, -ya hay miles de denominaciones-, por no seguir la doctrina firme del Magisterio de la Iglesia y la Tradición. 
En el Nuevo Testamento Jesús pide a menudo que sus discípulos proclamen su doctrina: "Id y predicad", lo mismo que en Pentecostés, porque en ella se concreta lo que hemos de obrar para alcanzar el Cielo, es más, en su doctrina está su Persona, porque Él es la Palabra de Dios hecha Hombre.
Querer desarraigar la Persona de Jesús de las fuertes exigencias de su Palabra o ausente de los Sacramentos de la Iglesia, significa incumplir la función primordial de la Iglesia: salvar a las almas.

Además, ¿no dijo Jesús que de la abundancia del corazón habla la boca? En el mes del Sagrado Corazón de Jesús, ni nunca, podemos aceptar a un Cristo sin su Corazón, porque no acoger lo que Él dice, es despreciar su Corazón y por tanto su Humanidad y su Divinidad.

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