La niña mártir que inspiró al Ob. Sheen a hacer una hora santa diaria

Lo que la juventud necesita es saber que Jesús es la persona más fácil con la que se puede estar. Sin lugar a duda, es la persona más fácil de complacer en el mundo.

El gran obispo Fulton Sheen pasó por un periodo de aridez espiritual en el que rezar se le hacía muy difícil, se sentaba en la capilla sin decirle a Jesús una sola palabra. Como el obispo  pensaba que sus horas santas no eran agradables a Jesús se sentía muy desalentado.

Entonces el obispo se acordó de algo. Su pequeño perro tampoco podía hablar. Cuando el obispo se sentaba en su sillón para leer el periódico, su perro se sentaba en el suelo cerca de él haciéndole compañía. Solo estando ahí, a su lado, el perro era para el obispo un gran consuelo y lo hacia muy feliz.

Mientras que el obispo pensaba en esto, recibió una inspiración de Dios. El obispo Sheen era un gran consuelo y muy agradable al Seifior por tan sólo estar ahí con Él en el Santísimo Sacramento, aunque como su perrito, no le decía nada a Jesús mientras permanecía junto a Él.

Me encanta esta historian Tomás, porque como tú sabes, yo también tengo un perrito. Y como es para mí un gran consuelo lo llamo "Amigo". Me encanta también esta historia porque algo parecido le ocurrió a un Sacerdote amigo mío cuando yo era párroco en San Miguel. Mi amigo estaba haciendo su hora santa en nuestra capilla de adoración perpetua. Era un día terriblemente caluroso y se sentía tan cansado y agobiado por el calor que no podía rezar. Sólo permanecer en la capilla en su hora representaba un gran esfuerzo. Se
preguntaba si esa hora tendría algún valor, cuando en ese momento entró un gatito blanco.

Hacia tanto calor que alguien había dejado la puerta abierta. Al principio mi amigo pensó cuanto odiaba a los gatos.
Luego observó como el gatito pasaba por cada uno de los bancos hasta llegar
a la parte de atrás donde mi amigo estaba sentado. El gatito se paró, miró a mi amigo, puso su cabeza sobre su zapato como si fuera su almohada y se acostó a dormir.

Mi amigo se emocionó. El gatito había elegido descansar su cabeza sobre su zapato. Más tarde mi amigo oyó la siguiente inspiración tan fuerte como las campanas de la iglesia en
domingo. Si él que odia a los gatos estaba tan contento con uno que eligió estar
con é1, cuánto más encantado estará Jesús con nosotros, a los que ama infinitamente, cuando elegimos estar con Él.

Mi amigo, al igual que el obispo Sheen, nunca más, se desanimó al sentir que no podía rezar. El solo hecho de estar allí, es una oración de fe, es creer realmente que Jesús está ahí.
Es una oración de amor porque uno elige estar con aquellos a los que uno quiere, con los que uno verdaderamente ama.

Jesús permanece día y noche en el Santísimo Sacramento por amor a ti, porque para Él, tú eres la persona más importante en el mundo. Todo lo que está pidiendo es que tú, querido Tomás, reserves una hora diaria para Él.

El punto más importante de cada retiro o sermón predicado por el obispo Sheen, era estimular a cada persona a que se esforzara a hacer una hora santa diaria.
Antes de morir lo entrevistaron en la televisión. Le preguntaron quién lo había inspirado: ¿un papa, un cardenal, un obispo, un Sacerdote, o quizás una monja?

Él contestó que no. Quien lo había inspirado a hacer una hora santa diaria fue una jovencita. Cuando los comunistas se apoderaron de China entraron a una iglesia, arrestaron al sacerdote y lo recluyeron en su propia casa convirtiéndola en su cárcel. Luego fueron a la iglesia, destrozaron el sagrario, tiraron las Sagradas Formas por el piso y se marcharon.

Ellos no vieron a una niña que estaba de rodillas en oración. Era tan pequeña que ni la notaron. Por la noche ella volvió en silencio, moviéndose sigilosamente pasó la guardia en la casa del sacerdote, antes de entrar en la oscura y fría iglesia.

Una vez allí, rezó de rodillas una hora santa antes de ir a recibir a su Dios y Señor en la Santa Comunión. En aquella época, la Comunión todavía se administraba en la boca y sólo estaba permitido recibirla una vez por día.

Esta fue la razón por la que la niña volvía todas las noches hasta que todas las hostias sagradas fueron consumidas. Ella de rodillas se agachaba al suelo y recibía a Jesús en la lengua.
Todo esto fue presenciado por el párroco que la veía a la luz de la luna desde su ventana.

El Sacerdote sabía exactamente cuántas hostias había en el copón porque el mismo las había contado y consagrado. Cuando la última hostia hubo sido consumida en la trigésimo sexta noche, la niña fue descubierta por los guardias en el momento en que se estaba retirando. La apresaron y la mataron a golpes.

El Sacerdote sobrevivió para contar la historia. El obispo Sheen escuchó esta historia cuando era seminarista y prometió a Dios hacer una hora santa durante todos los días de su vida sacerdotal, una promesa que mantuvo hasta que murió a la edad de ochenta y dos años. Para ese entonces ya había inspirado a innumerables obispos y sacerdotes a hacer lo mismo. Pocos saben que fue una persona joven la que lo inspiró.

Te cuento esta historian Tomás, porque el idealismo es la virtud del joven de corazón. Tú has dedicado tu sacerdocio a llevar a la juventud del mundo a Cristo. Yo quisiera agregar: a Cristo en el Santísimo Sacramento.

Esto es lo que Frank Feain ha hecho con tanto éxito en Australia, en la Comunidad Santo Espíritu de Libertad. Un joven inglés está tratando de hacer lo mismo en ese país. Esto es lo que el Santo Padre quiere.

Lo siguiente fue un sueño y visión que tuvo San Juan Bosco. Él vio a la iglesia representada por un barco a punto de naufragar. Por todos lados, sus enemigos la atacaban tratando de destruirla. Pero entonces el Papa guía a la Iglesia entre dos columnas que emergen del mar. Una columna era la Santísima Madre, y la otra era la Custodia con el Santísimo Sacramento.

La paz fue restituida y el barco entró a puerto en una forma tan espléndida que no hay palabras para describirlo. Juan Bosco pensó que era el cielo. La Santísima Madre le dijo que era la tierra, renovada y transformada por el reino Eucarístico de Su Hijo.


Mons. Jesefino Vicario de Filipina


Comentarios