Santificar el momento presente

No os inquietéis, pues, por el mañana: porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán. Mt. 6, 34.
Queridos hermanos, ¿por qué vemos que algún sacerdote no lleva una vida apropiada a su dignidad sacerdotal, o que aquel fiel que tanto quiere amar al Señor se aleja de Él en su corazón? Se apartaron del Sagrado Corazón de Jesús, se dejaron llevar por el mundo y sus tentaciones, no supieron vencerlas; el demonio, que no descansa, los engañó y se dejaron engañar y quedaron atrapados en el engaño. Empezaron alejándose de la vida de oración, la posponían a otras necesidades más urgentes (¿?), necesidades pastorales, por ejemplo, u otras excusas, al fin y al cabo. En definitiva: dejaron al Señor al pie de la cruz.
¿Queremos hacer la voluntad del Señor, queremos seguirlo en el estado en que estemos?  El Señor responde: Ven a la Cruz. Venid a la CruzVenid con Mi Madre. El Señor nos muestra nuestro camino, sólo hemos de seguirlo. Sólo hemos de querer. Cada día es un día nuevo, y Él nos dice lo que hemos de hacer. Cada día tiene su afán.
El momento presente es el regalo que podemos ofrecer al Señor. Es el camino que nos hace ser otros Cristo a los sacerdotes, y santificar a todos; por esa razón cada día tiene su esfuerzo. ¿Cómo santificarlo? Haciendo todo para el Señor, como lo hacía la Santísima Virgen María. Desando ardientemente que nuestras obras sean para el Señor. Desear ardientemente cumplir el primer mandamiento, amar a Dios con todas nuestras fuerzas. Amando de esta manera al Señor, amamos la Creación entera. Así santificamos el momento presente. Así anhelamos el Cielo.
La Creación es obra de las manos de Dios. Todo ha sido creado por Él. Los hombres, los animales, la naturaleza, el firmamento, todo. Todo lo ha creado por amor al hombre. El tiempo presente debemos vivirlo pensando en hacer la voluntad de Dios, pues todo nos recuerda a Él. Todo lo que abarca nuestra vista cada día, nos habla de Él, todo lo creado nos dice del Creador.
Santificar el momento presente es hacer todo como lo hacía el Señor, mirando a Dios Padre y escuchando su Voz. Cada uno de nosotros tenemos un cometido y santificaremos el momento presente cumpliendo ese cometido.
¿Cuál es el cometido de cada uno? Sólo se puede saber a través de la oración. Una vez que uno sabe su cometido, todo debe girar en torno a cumplirlo. ¿Sabes cuál es tu cometido? Si lo sabes, ahí está tu santificación; y santificas el momento presente caminando hacia ese objetivo.
¿Hay un cometido común a todas las almas? Si. Aspirar a la bondad. Sólo Dios es bueno. Nadie es bueno, sino sólo Dios (Mc. 10, 18). Pero las almas deben desear ser buenas como lo es Dios. El alma buena y fiel entra en el Cielo. El Señor nos pide que seamos buenos, que lo deseemos fervientemente, que amemos la confesión, que cumplamos los mandamientos, que seamos buenos con el prójimo, que no litiguemos, que no blasfememos, que deseemos ser puros sin deseos carnales, que odiemos al pecado, que amemos a Jesús sacramentado.
El demonio, a veces, entra por pequeñas puertas por donde sólo caben ratones. A veces algo tan pequeño e insignificante como una mosca pone al hombre nervioso.  Cosas muy pequeñas y sin importancia aparente,  puede desestabilizar el alma. Hay que estar muy atento cada día, en cada momento, para no tener ninguna puerta abierta; para ello no dejar nunca la oración diaria, el momento de soledad con el Señor, la confesión frecuente, la Santa Misa. Hay que estar muy atento a las cosas pequeñas, a los detalles que suceden a nuestro alrededor.
El Señor nos muestra el camino a cada uno, hay que estar preparado para  escuchar su Voz. Por esta razón, qué importante es no ser del mundo aun cuando estamos en él. No compartir las cosas del mundo  que nos apartan de la santidad. El Señor puede mostrar caminos muy altos al alma si está preparada. En la santificación del momento presente habrá subidas y bajadas, por ello el alma ha de estar muy atenta a las acciones del maligno que hará todo lo posible para que el alma desista de su santificación.
El alma que quiera santificar el momento presente no debe preocuparse antes de tiempo por nada. Ha de hacer y no temer. El Señor la guiará en sus acciones, en lo que tenga que hacer y  decir. Santifica el momento presente porque sabe que está haciendo la voluntad de Dios en cada momento. Y el Señor premia la fidelidad y entrega llenando de gracias al alma. El alma entenderá que haciendo la voluntad de Dios en cada momento es querer ir con Él a la Cruz.
Cuando el alma ha entendido las palabras del Señor: Ven a la Cruz. Venid a la CruzVenid con Mi Madre, entonces ya nada ni nadie le apartará del camino de santidad, ya la santificación del momento presente será la vida diaria del alma santa, serán las  acciones santas diariamente realizadas. La santificación del momento presente será la acción del alma santa.
Ave María Purísima.
Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

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