Jesús: sed sumamente expresivos para conmigo




EN LAS FUENTES DE MI DIVINO CORAZÓN


Jesús os ama con un amor infinito


Jesús os ama con un amor infinito. Orad desde vuestro corazón y repetidme muchas veces que me amáis así como sois expresivos con vuestros sentimientos para con los hombres. Sed sumamente expresivos para conmigo. Os he traído a mi Tabernáculo, pequeño mío, para que me adoréis por los que no me adoran, para que me alabéis por los que no me alaban y para que me deis la gloria por los que no me rinden la gloria de un Dios Único y Verdadero.

Frente a la Divinidad de Dios Altísimo, abismaos porque durante el tiempo que estáis frente a Mí, haced de cuenta que no estáis en la tierra, porque os he traído a un pedacito de cielo. Llegaos a Mí con espíritu de recogimiento para que, sosegado vuestro espíritu, escuchéis la voz del
Maestro, del amor que os habla.


Cuando la turbación sucumba en vuestro corazón, venid a Mí que soy el Maestro Espiritual que os enseñará secretitos para que crezcáis en mi Divino caminar.
Cuando el ruido, que hay fuera de mi dulce prisión, os ensordezca y os robe la paz, estoy aquí para susurraros palabras de amor y aquietaros.


Decidle al mundo, pequeño mío: que estar ante mi presencia Eucarística, es estar frente al mismo hombre que sanó a diez leprosos y tan sólo uno regresó para agradecerme, y que hoy quiero sanar la lepra de vuestro corazón. Que soy el mismo hombre que cautivó a María Magdalena porque encontró en mi mirada bálsamo sanador para las innumerables heridas de su corazón y hoy deseo cautivaros a vosotros para ungiros con mi amor.

Que soy el mismo hombre que llenó el cántaro del corazón de la mujer samaritana supliendo vacíos con el agua de mi amor y hoy llenaré vuestros corazones con el agua viva para saciaros de Mí.

Que soy el mismo hombre que resucitó a Lázaro y quiero resucitaros a una nueva vida.


Que soy el mismo hombre que está frente a vosotros, pero vestido con nuevos ropajes, en la sencilla apariencia de una Sagrada Hostia.

Por lo tanto, mi amado Agustín, diles que hay que guardar respeto y reverencia solemne frente a Jesús 
Eucaristía, ya que no están adorando a un dios yeso, sino a un Dios real, presente en el velo Sacramental, que hiere mi Divino Corazón con sus irreverencias, porque aún, no han comprendido la Magnitud de mi amor en el Sagrario para con todos vosotros.

Hijitos míos, hechuras de mis llagadas manos, el mundo
aún no ha colapsado, por la adoración constante de almas eucarísticas que han sabido responder generosamente a mi voz, que un día os llamé para traerlos al desierto y hablarles al oído. Orando en compañía con vuestro Santo Ángel de la guarda, vuestro espíritu se os abrirá y vuestro entendimiento se desarrollará frente a cada uno de los misterios místicos e invenciones de amor, para con cada uno de vosotros pequeños míos. 

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