Sin conversión no entraréis al Cielo




A Agustín del Divino Corazón

Hijos míos: es María, Madre de la Iglesia, la que llama a toda la humanidad a una conversión de corazón; a un volver vuestros ojos a Dios, a un dejar vuestro pecado para caminar tomados de la mano de Jesús; esperar sin ningún temor su segunda venida, venida que está muy próxima, venida que vendrá acompañada de signos extraordinarios; signos palpables y fehacientes de su llegada; signos que serán vistos por el mundo entero; signos que, aún, los incrédulos y los ateos tendrán que aceptar por la claridad y la evidencia de los hechos; hechos que tendrán que suceder como preámbulo a la purificación; hechos que suscitarán en el corazón de muchos hombres deseos de cambio, anhelos de Cielo.

Por favor, hijos míos, no andéis desbocados en vuestra bajas pasiones; no andéis como ovejas sin pastor y sin ley. Tomad conciencia: que si no os arrepentís de vuestros pecados, pereceréis e iréis a tomar posesión de una caverna oscura; iréis a padecer, iréis a sufrir, iréis a lamentaros por toda una eternidad. Pero, aún, os queda un poco de tiempo; tiempo para que despertéis de vuestro sueño letargo, tiempo para que reparéis por vuestras miserias, tiempo para que viváis en estado de gracia y de santidad, tiempo para que os enroléis en el Ejército Victorioso de los Corazones Triunfantes. Basta que digáis sí, basta que sintáis la luz del Espíritu Santo. Espíritu de Dios que os muestra vuestras imperfecciones. Espíritu de Dios que os da sabiduría para discernir y elegir el mejor de los caminos. No despreciéis las gracias que el Padre Dios os está concediendo en este final de los tiempos. 

Acogedlas todas con amor, guardadlas en vuestro corazón como perlas finas. Mirad que en mi Corazón de Madre hay una gran preocupación; preocupación de perderos, preocupación de que seáis arrebatados por los demonios y seáis llevados al infierno. Preocupación de que no volteéis vuestro rostro al Señor. Escuchadme: os hablo con mi voz entrecortada; os hablo con lágrimas en mis ojos porque una buena Madre siempre busca lo mejor para sus hijos, una buena Madre no tiene preferencias, a todos os ama por igual. Una buena Madre os espera a todos con la mesa lista; una buena Madre se interesa por el bienestar y la salud de sus hijos.

Dejadme ablandar la dureza de vuestro corazón con mis lágrimas, dejadme limpiar el mosto que lleváis dentro, dejadme sanar las llagas purulentas de vuestro corazón y dejadme arroparos bajo los pliegues de mi Sagrado Manto. Manto que os dará calorcito de Madre. Manto que os protegerá del mal. Manto que os resguardará de cualquier peligro porque son muchos los peligros que os acechan, son muchas las distracciones que os sustraen de Dios, son muchas las filosofías extrañas que os circundan. Tomad conciencia de que sin Dios no hay salvación, sin conversión no entraréis al Cielo, sin el cumplimiento de la ley no se llega a la santidad.

Regresad al Señor. Él os perdonará. Él os declarará libres e inocentes. Él ya pagó vuestra deuda muriendo en una cruz. Seguidle para que seáis santos.

Os amo y os bendigo: . Amén. 

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