Cuando san Francisco vio al demonio



Capítulo XXIII

Cómo San Francisco, estando en oración,
vio al demonio entrar en un hermano

Estaba una vez San Francisco en oración en el convento de la Porciúncula, y vio, por divina revelación, todo el convento rodeado y asediado por los demonios como por un grande ejército; pero ninguno de ellos lograba entrar en el convento, porque todos aquellos hermanos eran de tanta santidad, que los demonios no hallaban por dónde penetrar. Pero ellos perseveraban en su empeño; y he aquí que uno de los hermanos tuvo un enfado con otro, y andaba maquinando cómo poder acusarlo y vengarse de él. Y este mal pensamiento fue la brecha que vio abierta el demonio; así pudo penetrar en el convento y fue a ponerse en el cuello de aquel hermano.

El pastor amante y solícito, que velaba de continuo sobre su grey, viendo que el lobo había entrado para devorar su ovejita, hizo llamar en seguida a aquel hermano y le ordenó que descubriera allí mismo el veneno del odio que había concebido contra el prójimo, y que le había hecho caer en las manos del enemigo.

Quedó él espantado al verse conocido por el Padre santo, declaró todo el veneno de su rencor, reconoció su culpa y pidió humildemente penitencia y misericordia. Hecho esto, una vez que él fue absuelto del pecado y recibió la penitencia, inmediatamente huyó el demonio ante San Francisco. El hermano, librado así de las manos de la bestia cruel por la bondad del buen pastor, dio gracias a Dios y, volviendo corregido y amaestrado a la grey del santo pastor, vivió en adelante en grande santidad.
En alabanza de Cristo. Amén.

Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:


Domingo, 26 de agosto del 2012



Mi muy querida y amada hija, el odio es la causa de todo el mal en el mundo y éste toma muchas formas.

La hostilidad en contra de otra persona brota del miedo, el miedo de que esa persona pueda herirte de alguna manera.

Los desacuerdos con otra persona, pueden ocurrir por el pecado del orgullo. Esto sucede cuando tú sientes que debes probar tu valor, a toda costa, incluso si estás equivocado.

Los celos se convierten muy pronto en odio, aunque pueden ser leves al comienzo.

El desagrado de uno mismo, comienza porque comparas tu vida con la de otros, de quienes tú sientes que han tenido mejor fortuna que tú.

Muy pronto, este desagrado se desarrolla en odio de uno mismo y del propio cuerpo. Esto entonces conduce hacia los pecados de la carne.

El odio puede también desarrollarse por el pecado de codiciar las posesiones de otros.

Esto puede conducir a la guerra, cuando un país codicia las riquezas de otros.

O puede significar el permitir la codicia para consumir vuestra alma, cuando apetecéis las mismas riquezas mundanas de vuestro prójimo.

La envidia también se convierte en una forma de odio, especialmente cuando, no importa cuán fuerte trates de competir con otros, y fracasas al no alcanzar lo que te propusiste hacer.

Todos los pecados, si se les permite persistir, pueden conducirte hacia el odio.

Cuando tú sientas odio, debes saber que Satanás ha logrado invadir tu espíritu.

Cuando esto suceda, él te apretará firme, fuertemente y no te dejará en paz.

No importa cuánto trates de escaparte de su control, él te sostendrá toda la vida. Tu única arma es la oración.

Reza, reza, reza cuando el odio surja en tí; porque no podrás sentir nunca paz, amor o alegría de nuevo, hasta que éste te deje.

Cuando el odio se apodera de tu corazón y de tu alma, llegas a estar un paso más alejado de Mí, vuestro Jesús.

Tú sufres terriblemente y sientes una ira (rencor) e impotencia, la cual no puedes controlar.

Nunca creas la mentira final que Satanás plantará en tu alma, cuando él haya arrojado una carga de odio sobre ti.

La mentira es ésta: Que tu odio sólo puede ser disipado cuando busques la venganza final sobre el objetivo de tu odio.

¿Qué hacer cuando el odio te envuelva? El poder del amor puede evaporar el odio, instantáneamente.

Cuando reces y me pidas que te ayude, Mi respuesta será ésta:

Perdona a tus adversarios y a aquéllos que crees son la causa de tu odio.

Pero para perdonar debes humillarte ante Mí y primero pedirme que te perdone.

Una vez que perdones a aquéllos que odias, debes entonces reparar por tu pecado.

Muestra amor a tus adversarios. Combate el odio, una perversa y peligrosa enfermedad del alma, con amor.

El amor es la cura para liberar tu alma de esta infestación.

Cuando puedas hacer esto, tu habrás vencido a Satanás y él te dejará en paz.

Nunca tengas miedo de combatir el odio que hay en tu alma, aunque te parezca muy difícil.

Si el odio puede ser diluido de esta manera mediante la humildad del pecador, la paz reinará en el mundo.

Vuestro Jesús



Leer más: http://m.elgranaviso-mensajes.com/news/a26-sep-2012/
marrb1 ha dicho que…
Gracias por este mensaje tan pedagogico e ilustrativo