Cómo aprovechar las pruebas y tentaciones

Sería temerario desear la tentación o provocarla, pero sería un error el temerla, como si el Señor no nos fuera a proporcionar su asistencia para vencerla. Podemos aplicarnos confiadamente las palabras del Salmo: Te enviará a su ángeles para que te guarden en todos tus caminos, // y ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces en las piedras. // Pisarás sobre áspides y víboras, y hollarás al león y al dragón. // Porque me amó, Yo le salvaré; Yo le defenderé porque confesó mi nombre. // Me invocará y Yo le oiré, estaré con él en la tribulación, le sacaré y le honraré. // Le saciaré de días y le daré a ver mi salvación.
Pero, a la vez, el Señor nos pide prevenir la tentación y poner todos los medios a nuestro alcance para vencerla: la oración y mortificaciones voluntarias; huir de las ocasiones de pecado, pues el que ama el peligro perecerá en é; llevar una vida laboriosa de trabajo continuo, cumpliendo ejemplarmente los deberes profesionales y cambiando de actividad en el descanso; fomentar un gran horror a todo pecado, por pequeño que parezca; y, sobre todo, esforzándonos por aumentar en nosotros el amor a Cristo y a Santa María.
Combatimos con eficacia abriendo el alma en la dirección espiritual cuando comienza a insinuarse la tentación de la infidelidad, «pues manifestarla es ya casi vencerla. El que revela sus propias tentaciones al director espiritual puede estar seguro de que Dios otorga a este la gracia necesaria para dirigirle bien (...).
»No creamos nunca que la tentación se combate poniéndonos a discutir con ella, ni siquiera afrontándola directamente (...). Apenas se presente, apartemos de ella la mirada para dirigirla al Señor que vive dentro de nosotros y combate a nuestro lado, que ha vencido el pecado; abracémonos a Él en un acto de humilde sumisión a su voluntad, de aceptación de esa cruz de la tentación (...), de confianza en Él y de fe en su proximidad, de súplica para que nos transmita su fuerza. De este modo la tentación nos conducirá a la oración, a la unión con Dios y con Cristo: no será una pérdida, sino una ganancia. Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman (Rom 8, 28)».
De las pruebas, tribulaciones y tentaciones podemos sacar mucho provecho, pues en ellas demostraremos al Señor que le necesitamos y que le amamos. Nos encenderán en el amor y aumentarán las virtudes, pues no solo vuela el ave por el impulso de sus alas, sino también por la resistencia del aire: de alguna manera, necesitamos obstáculos y contrariedades para que crezca nuestro amor. Cuanto mayor sea la resistencia del ambiente o de las propias flaquezas para ir adelante en el camino, más ayudas y gracias nos dará Dios. Y Nuestra Madre del Cielo estará siempre muy cerca en esos momentos de mayor necesidad: no dejemos de acudir a su protección maternal.



Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:


Lunes 24 de enero de 2011



Hoy, Mi amada hija, finalmente has entendido los peligros que plantea el Seductor cuando bajas la guardia. Rezar a Mi Padre Eterno, a través de la coronilla de la Divina Misericordia, es importante para santificar tu alma.



El pecado, Mi amada hija, es difícil de evitar. Más difícil es alcanzar Mis gracias especiales de lo que lo es evitar el pecado en cualquier forma. Al haber sido llamada para este sagrado trabajo, siempre serás un objetivo del Maligno, quien se propone crear negatividad en tu vida a la menor oportunidad. Usará a aquéllos alrededor tuyo como un medio para atacarte, por lo que debes estar en guardia contra él. Nunca le dejes vencer, porque cuando lo hace consigue infestar las almas y causa terrible dolor, angustia y sufrimiento. Consigue que las amistades se rompan, causa confusión, desesperación e instila pensamientos falsos en la mente de sus víctimas. Entonces, cuando Mis hijos se sienten culpables por su propia debilidad al sucumbir a la tentación, experimentan una falta de felicidad que lleva desesperación, miseria y confusión a sus vidas.



Hijos Míos, vosotros siempre seréis tentados al pecado. La perfección de vuestras almas es extremadamente difícil de alcanzar y requiere una tremenda disciplina y determinación por vuestra parte. Cuando caigáis presas de la seducción del maligno y pequéis, debéis inmediatamente rezar de corazón y buscar el perdón.



La confesión regular es un sacramento poco entendido. Sólo la asistencia semanal al confesionario permitirá a vuestra alma permanecer en estado de gracia. Sólo cuando santifiquéis vuestra alma de esta manera, y a través de la oración diaria, podréis mantener al Seductor alejado.



La culpa por el pecado

Cuando os sintáis culpables como resultado de una acción pecaminosa, independientemente de lo grave que sea la ofensa a los ojos de Mi Padre, no os inquietéis. Dad marcha atrás, abrid vuestro corazón y pedid perdón. La culpa es un sentimiento negativo. Y aunque sirve como forma de guiar vuestras conciencias, no es sano permanecer en ese estado. Pedid las gracias, mediante la oración, para alcanzar la pureza de alma requerida para servirme. La paciencia es importante. Nunca dejéis que el pecado os aparte de Mí. La culpa no debe interponerse en el camino de la búsqueda de la redención. Recordad hijos, que por el pecado original vosotros siempre caeréis víctimas de la tentación del maligno. Es por medio de la oración, el ayuno y la dedicación a la Sagrada Eucaristía, como estaréis más cerca de Mí. Esto requiere tiempo, del que hay qué saber disponer.



Id ahora, hijos Míos y recordad una cosa, nunca temáis volver a Mí cuando hayáis pecado. Nunca os avergoncéis de pedir perdón cuando sintáis verdadero remordimiento. Pero recordad también que, si no lo hacéis, atraeréis al Seductor una y otra vez y vuestra alma se sumirá en las tinieblas. La oscuridad atrae a la oscuridad. La luz atrae a la luz. Yo soy la Luz.



Ahora volveos hacia Mí y dejad que Mi amor brille a través de vuestras pobres y perdidas almas. Os amo tanto, hijos Míos, que cuando volváis vuestros corazones hacia Mí, sin importar lo solos que os sintáis, nunca seréis rechazados.



Id en paz y amor.



Vuestro Divino salvador,

Jesucristo



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