La mortificación mata el amor propio



Un campo principal de nuestras mortificaciones ha de ser el que se refiere a las relaciones y al trato con los demás, donde ejercitamos continuamente una actitud misericordiosa, como la del Señor con las gentes que encontraba a su paso. El aprecio por quienes cada día tratamos en la familia, en nuestro quehacer profesional, en la calle, empuja y ordena nuestra mortificación. Nos lleva a hacerles más grato su paso por la tierra, de modo particular a aquellos que más sufren física o moralmente, a prestarles pequeños servicios, a privarnos de alguna comodidad en beneficio de ellos.
Esta mortificación nos impulsará a superar un estado de ánimo poco optimista que necesariamente influye en los demás, a sonreír también cuando tenemos dificultades, a evitar todo aquello –aun pequeño– que puede molestar a quienes tenemos más cerca, a disculpar, a perdonar... Así morimos, además, al amor propio, tan íntimamente arraigado en nuestro ser, aprendemos a ser humildes. Esta disposición habitual que nos lleva a ser causa de alegría para los demás, solo puede ser fruto de un hondo espíritu de mortificación, pues «despreciar la comida y la bebida y la cama blanda, a muchos puede no costarles gran trabajo... Pero soportar una injuria, sufrir un daño o una palabra molesta... no es negocio de muchos, sino de pocos».
Junto a estas mortificaciones que hacen referencia a la caridad, quiere el Señor que sepamos encontrarle en aquello que Él permite y que de alguna manera contraría nuestros gustos y planes o el propio interés. Son las mortificaciones pasivas, que hallamos a veces en una grave enfermedad, en problemas familiares que no parecen tener fácil arreglo, en un importante revés profesional...; pero más frecuentemente, cada día, tropezamos con pequeñas contrariedades e imprevistos que se atraviesan en el trabajo, en la vida familiar, en los planes que teníamos para esa jornada... Son ocasiones para decirle al Señor que le amamos, precisamente a través de aquello que en un primer momento nos resistimos a admitir. La contrariedad –pequeña o grande– aceptada con amor, ofreciendo al Señor aquel contratiempo, produce paz y gozo en medio del dolor; cuando no se acepta, el alma queda desentonada y triste, o con una íntima rebeldía que la aleja de los demás y de Dios.
Otro campo de mortificaciones en las que mostramos el amor al Señor está en el cumplimiento ejemplar de nuestro deber: trabajar con intensidad, no aplazar los deberes ingratos, combatir la pereza mental, cuidar las cosas pequeñas, el orden, la puntualidad, facilitar su labor a quien está en el mismo quehacer, ofrecer el cansancio que todo trabajo hecho con intensidad lleva consigo...
Mientras trabajamos, en el trato con los demás..., en toda ocasión, manifestamos, a través de ese vencimiento pequeño, que amamos al Señor sobre todas las cosas y, más aún, por encima de nosotros mismos. Con estas mortificaciones nos elevamos hasta Él; sin ellas, quedamos a ras de tierra. Esos pequeños sacrificios ofrecidos a lo largo del día disponen al alma para la oración y la llenan de alegría.


http://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.aspx

Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:


Jueves 13 de Diciembre, 2012



Mi muy querida hija, el don de la humildad se debe ganar. Nunca se debe confundir con la cobardía.

Fue debido a Mi propia Humildad que Satanás se dejó engañar y, como tal, pierde el derecho de ganar todas las almas y maldecirlas con la condenación eterna.

Satanás es arrogante, presumido, falso y lleno de amor-propio y odio. La batalla por las almas fue ganada por el acto de Humildad cuando Yo, el Rey de la humanidad, Me permití ser menospreciado, torturado, despreciado, burlado y atormentado por los pecadores infestados con el odio de Satanás.

Es imposible para la bestia sentir humildad. Él(la bestia) conocía el Poder de Dios y lo difícil que sería su batalla en contra de Sus hijos. Él Me esperaba para, no sólo proclamar la Palabra de Dios, sino para demostrar Mi Autoridad entre los hombres, declarándome ante ellos en un estado de majestad exaltado. Aún así, él se mostró confiado a vencer Mi Misión.

Lo que él no esperaba fué Mi rechazo para condenar a Mis verdugos, o la Humildad que Yo mostré. Mi falta de comprometerme con mis torturadores significó que ellos no tenían poder sobre Mí. Mi tolerancia a la flagelación, burlas y persecución ayudaron especialmente a diluir más el poder del maligno. Él nunca se esperó esto y lo intentó todo, incluyendo la tortura física, para hacerme renunciar a la raza humana.

Fue al aceptar Mi muerte, el sacrificio hecho por mi Padre, de permitir Mi Crucifixión, que el hombre fue puesto libre de pecado.

Esta fue la primera batalla librada y ganada. Así es cómo la segunda batalla será librada, para llevar a la humanidad de vuelta a Mi Reino, para que puedan disfrutar de la vida eterna.

Él, la bestia y todos sus ángeles caídos, tientan a muchas almas para que muchas sean engañadas y Mi Existencia no la acepten. Muchos de los que están peleando fuerte, con las tentaciones colocadas ante ellos, desatienden en este momento Mi Llamado desde el Cielo.

Después están los que se hacen pasar por servidores en Mi Iglesia que están planeando, junto con el grupo de la élite, destruir millones de personas. Lo harán obstaculizando Mi Palabra y después por la persecución física. Su traición final contra los hijos de Dios será presenciada por todos.

Las almas que más Me preocupan son las de los ateos y las de los jóvenes a los que no se les ha enseñado la Verdad. Os insisto a todos los que Me reconocen, a vuestro Jesús, para que Me llevéis a ellos. Cubro a ellos con Mi Luz y Protección y lucharé contra el maligno hasta el último segundo por estas almas.

Debéis marchar hacia adelante, Mis valientes discípulos y tratad de tapar el mal que os rodea. Si os involucráis con los que están desesperados por detener ésta Misión, Me fallaréis.

¿Por qué? os preguntaréis, ¿están estas personas tan desesperadas por obstaculizar Mi Palabra? La respuesta es que siempre ha sido así en donde Yo camino, en donde hablo y en donde Yo esté presente.

Avanzad y manteneos cerca de Mí. Mi Poder os cubrirá y estaréis protegidos. Pero no apartéis vuestra mirada de Mí, porque hay muchos que os acechan, insultan, y tratan de haceros tropezar. Cuando escuchéis las arrogantes, pero desordenadas diatribas verbales, que os echan, vosotros sabréis lo que hay qué hacer.

La mayor determinación de vuestros adversarios es, tratar de convenceros de que no soy Yo, Jesucristo, el Rey de la humanidad, quien habla contigo actualmente, entonces sabréis que Yo Estoy realmente presente entre vosotros.

Yo camino con vosotros mientras permanezcáis cerca de Mí. Vuestro silencio y vuestro rechazo para no involucraros con esos insultos os mantendrán fuertes. Dejad, a los que gritan insultos y ridiculizan Mi Santa Palabra hacer lo que hacen. Orad mucho por ellos, porque ellos están necesitando vuestra ayuda. Pensad en ello de esta manera:
Cristina Villarroya ha dicho que…
Miras a todas estas personas como si estuvieran reunidas en una habitación y que tan sólo, son niños pequeños. Cuando miráis a los niños pequeños sentís un amor profundo a causa de su desprotección. Podéis ver la confianza que sienten por sus padres y tutores y os sentis deslumbrados por el amor que tenéis en vuestro corazón por ellos.

Algunos de estos niños se comportan de acuerdo a lo que se les ha dicho es la forma correcta de comportarse. Otros muestran crueldad con los otros niños. Y mientras os aterraréis posiblemente por su comportamiento, sabéis que debéis corregirlos, y después castigarlos, si ellos continúan negándose a comportarse correctamente. Por encima de todo, todavía los amáis, no importa lo que ellos hagan, ya que son los preciosos hijos de padres amorosos.

Esta es la manera como Mi Padre siente por todos Sus hijos. No importa lo que hacen, porque Él todavía los sigue amando. Pero Él no permitirá que algunos de Sus hijos destruyan a Sus otros hijos y Él los castigará; pero sólo para que Él pueda volver a re-unir a Su familia.

Al orar por aquellos que ofenden a Dios y por los que hacen daño a Sus hijos, provocáis terribles sufrimientos a Satanás, que afloja el agarre que tiene sobre la persona por quien vosotros suplicáis.

La humildad es algo más que la aceptación del sufrimiento. Es un medio poderoso para vencer el mal. Al orar por los que os atormentan, Me traéis un gran regalo de amor verdadero. Un amor especial para Mí, vuestro Jesús.

Continuaré dandoos instrucciones, Mis discípulos, para que os mantengáis fuertes y fieles a Mis Enseñanzas. Es en estos tiempos de gran apostasía, Mi Santo Evangelio y Mis mensajes, se están dando para que os preparéis, se deben propagar por todo el mundo en Mi lucha para salvar almas.

Vuestro Jesús



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