Las razones del odio de Satanás







14 de Junio de 1976

LAS RAZONES DEL ODIO

Escribe, hijo mío:
Satanás odia a la naturaleza humana en cuanto tal, por esto odia a todos los hombres, en modo particular a los cristianos.
Antes de su rebelión, la obra maestra de la Creación era él. Después de Dios no había nada más grande, más perfecto, más resplandeciente.
Esta grandeza suya le hizo calcular ser semejante a Dios.
— de aquí el rechazo de reconocer al Señor Dios, Alfa y Omega de todo y de todos.
— de aquí su grito de rebelión "non serviam tibi"[45]
— de aquí el desafío de San Miguel que se puso a la cabeza de las legiones fieles al grito de "¿Quien como Dios?". 
Hubo así en el Cielo la más terrible batalla que la historia de la Creación recuerde. Las legiones Angélicas se dividieron y para los rebeldes hubo el Infierno.
Satanás tiene una segunda razón para odiar a la naturaleza humana. De la naturaleza humana brotó el Retoño de Jesé. 
Para la naturaleza humana el Verbo se hizo Carne, asociando a Su Naturaleza Divina la humana, en la persona de Cristo. La naturaleza humana mortalmente herida, caída bajo la tiranía de Satanás, fue liberada y sublimada. Le fue restituida la primitiva dignidad, brutalmente pisoteada y destruida con el engaño: “Si coméis de este fruto, os haréis semejantes a Dios”.

La flor más bella

Pero Satanás tiene todavía otra razón para odiar a la naturale­za humana, una razón de envidia y celos. 
De la natura­leza humana surgiría una criatura, la más bella flor del Cielo y de la tierra, "Humilde y alta más que criatura", ningún ser la podrá igualar. Objeto de las complacencias divinas, Ella no conoció nunca, ni siquiera por un solo instante, la esclavitud de Satanás.
Satanás no puede mirarla, no puede pensar en Ella sin ser por ello turbado desesperadamente, sin sufrir como a ninguno de vosotros os es dado poder comprender. 

Satanás odia a MARIA, la Hija de Dios, la Madre de Dios, la Esposa de Dios, el objeto de las complacencias divinas, la flor más bella del cielo y de la tierra, la Obra Maestra de la poten­cia, de la omnisciencia, de la omnipresencia divina.

De estos dones divinos la "llena de Gracia" vive, en una comunión perfecta con el Padre, su Creador, con el Hijo, su Redentor, con el Esposo su Santificador. 

Ante Ella se inclinan las legiones angélicas, todos los Santos del Paraíso.
María pone en fuga las potencias tenebrosas y con su pié aplasta, cada vez que quiere, la cabeza de la serpiente venenosa, Satanás.

Desesperada ilusión

Por María, Satanás ha sido destronado; por Ella ha perdido desde el comienzo su obstinada guerra contra la hu­manidad. 
La oscuridad le impide ahora conocer toda la ver­dad. Él, de nombre Lucifer, es decir, emisor de luz, es ahora tiniebla y genera oscuridad. No conoce, sino en modo confuso, el Misterio de la Encarnación del Verbo, por lo que nutre y cultiva en sí mismo la desesperada ilusión de poderlo vencer, destruyendo con Él a la Iglesia, brotada de su Corazón herido.

Satanás odia sin límites a Cristo, a Su Madre y a la Iglesia con la ilusión de poder destruir a quien le impide a él el dominio sobre la humanidad, a la que él considera aún su presa. 

La loca ilusión es originada por su desmedido orgullo, puesto que la soberbia es, por sí misma, oscuridad espiritual. El soberbio no podrá nunca poseer límpida la verdad, que es hija de la humildad.

(...) Reza y ámame.



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