Obstáculos que impiden ver a Dios


Aquí hay algo más que Jonás... aquí hay algo más que Salomón. ¡Está el mismo Cristo a nuestro lado! Llama al interior del hombre –a su inteligencia y a su corazón–, no como un extraño, sino como la persona que nos ama, que desea comunicar sus sentimientos y hasta su propia vida, que quiere dar solución divina a aquello que nos preocupa o incluso nos atenaza.
Pero, de la misma manera que en las ondas sonoras se dan interferencias que impiden una buena sintonía, se pueden presentar obstáculos en el campo de la fe. En ocasiones, puede darse la oscuridad en personas que llevan años siguiendo a Cristo y que se quedan, culpablemente o no, desconcertadas y como perdidas, sin ver la alegría y la belleza de la entrega. En esos casos, se hacen precisas unas preguntas hechas con sinceridad en la intimidad del alma: ¿verdaderamente deseo ver?, ¿estoy plenamente dispuesto a querer ver, a afirmar al menos que existe una serie de razones y de sucesos que descubren la presencia de Dios en mi vida?, ¿me dejo ayudar?, ¿expongo mi situación con claridad?
Junto a la soberbia, que es el principal obstáculo, se pueden presentar otras dificultades: el ambiente ávido de confort, que tiende a rechazar de plano lo que suponga sacrificio y cruz, y que puede tender sutiles lazos cargados de razones humanas contrarias a lo que Dios pide en ese momento: un camino lleno de alegría, pero más arduo y empinado que el de un ambiente cargado de hedonismo. Se precisará entonces un esfuerzo, hablar con valentía en la dirección espiritual y luchar decididamente para desprenderse de toda rémora, de pasiones que tiran hacia el polvo de la tierra; es necesario purificar el corazón de amores desordenados para llenarlo del amor verdadero que Cristo ofrece, pues difícilmente podrá apreciar la luz quien tiene la mirada turbia.
La pereza y la comodidad son otros tantos obstáculos que se pueden interponer en el camino hacia Dios. Como todo amor auténtico, la fe y la vocación conllevan entrega de la persona, que al amor nunca le parece suficiente. La pereza y la comodidad tienden a señalar un límite, a defender unos derechos mezquinos, que entorpecen y retrasan la respuesta definitiva para esa fe amorosa.

 Muchos hombres se encuentran hoy también como ciegos para lo sobrenatural por su soberbia, por su empeño en no rectificar su juicio cargado de suspicacias, por su apegamiento a las cosas de aquí abajo, por su desmedido deseo de confort y de bienestar, por su hedonismo y sensualidad.

Alguna vez, el Señor puede ocultarse a nuestra vista, para que le busquemos con más amor, para que crezcamos en humildad, dejándonos llevar por quien Dios ha puesto a nuestro lado para realizar esa misión. Siempre, sin fallar nunca, se acaba descubriendo el rostro amable de Cristo, con más claridad que antes, con más amor.
La palabra fe tiene en su raíz un matiz que viene a significar dejarse llevar por otra persona que es más fuerte que nosotros, confiar en otro que nos presta su ayuda. Confiamos fundamentalmente en Dios, pero también Él quiere que nos apoyemos en esas personas que ha puesto a nuestro lado para que nos ayuden a ver. Dios da frecuentemente luz a través de otros.
El Señor pasa a nuestro lado con las suficientes referencias para verle y seguirle. El sacramento de la Confesión será, de manera habitual, un medio excelente para ver a Dios con más claridad en nosotros y en quienes nos rodean. Pidamos a la Virgen que nos ayude a purificar la mirada y el corazón para poder interpretar acertadamente los acontecimientos de cada día, descubriendo a Dios en ellos.
Creo, Señor, pero ayúdame a creer con más firmeza; espero, pero haz que espere con más confianza; te amo, pero haz que te ame con más fuego.



Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:


Sábado 02 de agosto de 2014



Mi muy querida bienamada hija, seguirme en este, Mi último viaje a cumplir con el Pacto de Mi Padre, se puede asemejar a lo que hace un grupo de escaladores ascendiendo una montaña. Sabed que esto es una alta montaña, un terreno duro y lleno de obstáculos, que presentará problemas, incluso para el alpinista más experimentado, ya que presentará giros sorprendentes e inesperados y vueltas en cada nivel y en cada esquina. Aquellos que confían en lo que digo y me siguen, con un corazón abierto y dispuesto, encontrarán este viaje más fácil que los otros. Sin embargo, muchos de los que están confiados al comienzo de este viaje pueden caminar demasiado rápido y dar grandes saltos en un intento de subir a la cima. Estas son las personas que caerán más duramente y su descenso al fondo será el más doloroso.

Otros que no son experimentados escaladores, pero que siguen las instrucciones claras dadas por Aquel que les guía, será en muchos casos quienes lleguen a la cima primero. Su confianza, su paciencia y su voluntad de alcanzar la cima a toda costa, los proveerá de una gran energía y entusiasmo que los sostendrá en su ascenso a la cima. Los que no se detienen con regularidad y beben para saciar su sed se deshidratarán y aquellos que se olvidan de llevar los alimentos con ellos les resultará imposible mantener su fuerza.

Cada paso de este viaje presenta nuevos desafíos, curvas peligrosas y rocas casi imposibles de escalar. Deberá ser una persona muy fuerte con mente y cuerpo sanos para permanecer alineada en la subida a la cima. Ellos se encontrarán siendo distraídos por otros que han perdido la fe en su propia capacidad para andar su camino por la montaña y constantemente tratarán de alejarlos de su cometido.

Luego habrá otros, celosos de aquellos que están dando grandes pasos hacia adelante, que intentarán hacer tropezar a los escaladores, colocando trampas y otros obstáculos delante de ellos para que aminoren su velocidad. Estas almas desilusionadas y celosas harán todo lo posible para detener el escalador decidido y comprometido a alcanzar a la cima. Crearán mentiras para intentar y convencer a las personas en su viaje para detenerse - a alejarse, por temor a grandes peligros, que pueden yacer por delante. Ellos les dirán que el líder de los alpinistas no es apto para llevarlos a la cima y por eso van a estar en gran peligro, en caso de que sean tan tontos como para continuar en lo que ellos dirán que es un viaje peligroso y arduo.

Y así seguirá, este viaje Mío, hasta el Día en que vendré de nuevo. Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos a permanecer fieles a Mí. Algunos son llamados y me seguirán. Luego me traicionarán. Su odio hacia Mí es el peor de todos, porque son los que me trajeron almas a lo largo de este camino hacia la salvación. Pero cuando sucumben a la tentación de Satanás, que siembra terribles mentiras dentro de sus almas, serán los que alejarán a las almas de Mí.

Solo los que tienen un alma humilde, un tierno corazón - libres de malicia, de orgullo y de ego, tendrán éxito en alcanzar la cima de la montaña Cuando ese día llegue, aquellos que se alejaron de Mí y me traicionaron, no encontrarán a dónde ir, porque el camino que subía a la colina ya no estará más.

Vuestro Jesús



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