Sin la Iglesia, no se puede ir a Cristo


La Iglesia hoy, sufre del abuso de poder de ciertos falsos pastores que reivindican doctrinas ajenas a la Iglesia de Jesucristo, y tratan de hacerlas pasar por novedosas inspiraciones de Dios, instaurando verdaderos sacrilegios, por ejemplo la distribución de la Sagrada Eucaristía a protestantes, a concubinos o a divorciados recasados.

Esta reflexión se refiere a la Iglesia que permanece fiel al Magisterio y los Dogmas:
Quienes pretenden ir a Cristo dejando a un lado a su Iglesia, o incluso maltratándola, podrían un día llevarse la misma sorpresa de San Pablo en el camino de Damasco: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Y «no dice –resalta San Beda–: ¿por qué persigues a mis miembros?, sino ¿por qué me persigues?, porque Él todavía padece afrentas en su Cuerpo, que es la Iglesia». Pablo no supo hasta ese momento que perseguir a la Iglesia era perseguir al mismo Jesús. Más tarde, cuando hable sobre Ella, lo hará describiéndola como el Cuerpo de Cristo, o simplemente como Cristo; y a los fieles como sus miembros.
No es posible amar, seguir o escuchar a Cristo, sin amar, seguir o escuchar a la Iglesia, porque Ella es la presencia, sacramental y misteriosa a la vez, de Nuestro Señor, que prolonga su misión salvífica en el mundo hasta el final de los tiempos.
. Nadie puede decir que ama a Dios si no escoge el camino –Jesús– establecido por el mismo Dios: Este es mi Hijo amado (...), escuchadle. Y resulta ilógica la pretensión de ser amigos de Cristo despreciando su palabra y sus deseos.
Aquellas gentes que llegan de todas partes encuentran en Jesús a alguien que, con autoridad, les habla de Dios –Él mismo es la Palabra divina hecha carne–: encuentran a Jesús Maestro. Y ahora quedamos vinculados a Él cuando aceptamos la doctrina de la Iglesia: El que a vosotros oye, a Mí me oye, y el que a vosotros desecha, a Mí me desecha.
Jesús es, además, nuestro Redentor. Es el Sacerdote, poseedor del único sacerdocio, que se ofreció a sí mismo como propiciación por los pecados. Cristo no se apropió la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que se lo otorgó el que le dijo: Tú eres mi hijo...10. A Jesús-Sacerdote y Víctima, que honra a Dios Padre y nos santifica a nosotros, nos unimos en cuanto participamos en la vida de la Iglesia; de sus sacramentos en particular, que son como canales divinos por los que fluye la gracia hasta llegar a las almas. Cada vez que los recibimos nos ponemos en contacto con Cristo mismo, fuente de toda gracia. A través de los sacramentos, los méritos infinitos que Cristo nos ganó alcanzan a los hombres de todas las épocas y son, para todos, firme esperanza de vida eterna. En la Sagrada Eucaristía, que Cristo mandó celebrar a la Iglesia, renovamos su oblación e inmolación: Este es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en conmemoración mía11; y solo la Sagrada Eucaristía nos garantiza esa Vida que Él nos ha ganado: si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que Yo le daré es mi carne, vida del mundo...12.
La condición para participar en este sacrificio y banquete radica en otro de los sacramentos, que Cristo confirió a su Iglesia, el Bautismo: Id, pues; enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo13El que creyere y fuere bautizado se salvará...14. Y Si nuestros pecados nos han apartado de Dios, también la Iglesia es el medio para restituir nuestra condición de miembros vivos del Señor: a quien perdonareis los pecados -dice a sus Apóstoles- les serán perdonados; a quienes se los retuviereis les serán retenidos15. Nuestro Señor estableció que esta vinculación profundísima con Él se realizara a través de esos signos visibles de la vida sacramental de su Iglesia. En los sacramentos también encontramos a Cristo.
Y aunque alguna vez se dieran disensiones dentro de la Iglesia, no nos sería difícil encontrar a Cristo. Las mayorías o las minorías poco significan cuando se trata de encontrar a Jesús: en el Calvario solo estaba su Madre con unas pocas mujeres y un adolescente, ¡pero allí, a pocos metros, estaba Jesús! En la Iglesia también sabemos dónde está el Señor: Yo te daré -declaró a Pedro- las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos16. Y ni siquiera las negaciones de Simón fueron suficientes para revocar estos poderes. El Señor, una vez resucitado, los confirmó de modo solemne: Apacienta mis corderos (...). Apacienta mis ovejas17. La Iglesia está donde están Pedro y sus sucesores, los obispos en comunión con él.
III. En la Iglesia vemos a Jesús, al mismo Jesús a quien las multitudes querían tocar porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos. Y pertenece a la Iglesia quien a través de su doctrina, de sus sacramentos y de su régimen, se vincula a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey. Con la Iglesia, en cierto modo, mantenemos las mismas relaciones que con el Señor: fe, esperanza y caridad.
En primer lugar fe, que significa creer lo que en tantas ocasiones no es evidente. También los contemporáneos de Jesús veían a un hombre que trabajaba, se fatigaba, necesitaba de alimento, sentía dolor, frío, miedo..., pero aquel Hombre era Dios. En la Iglesia conocemos a gentes santas, que muchas veces pasan en la oscuridad de una vida corriente, pero vemos también a hombres débiles, como nosotros, mezquinos, perezosos, interesados... Pero si han sido bautizados y permanecen en gracia, a pesar de todos los defectos están en Cristo, participan de su misma vida. Y si son pecadores, también la Iglesia los acoge en su seno, como a miembros más necesitados.
Nuestra actitud ante la Iglesia ha de ser también de esperanza. Cristo mismo aseguró: Sobre esta piedra edificaré Yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella18. Será siempre la roca firme donde buscar seguridad ante los bandazos que va dando el mundo. Ella no falla, porque en Ella encontramos siempre a Cristo.
Y si a Dios le debemos caridad, amor, este debe ser nuestro mismo sentir ante nuestra Madre la Iglesia, pues «no puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre»19. Es la madre que nos comunica la vida: esa vida de Cristo por la que somos hijos del Padre. Y a una madre se la quiere. Solo los malos hijos permanecen indiferentes, a veces hostiles, hacia quien les dio el ser. Nosotros tenemos una buena madre: por eso nos duelen tanto las heridas que le producen los de fuera y los de dentro, y las enfermedades que pueden sufrir otros miembros. Por eso, como buenos hijos, procuramos no airear las miserias humanas –pasadas o presentes– de tales o cuales cristianos, constituidos o no en autoridad: no de la Iglesia, que es Santa, y tan misericordiosa que ni a los pecadores niega su solicitud maternal. ¿Cómo hablar de Ella con frialdad, con dureza o con desgarro? ¿Cómo se puede permanecer «imparcial» ante una madre? No lo somos, ni queremos serlo. Lo suyo es lo nuestro, y no se nos puede pedir una postura de neutralidad, propia de un juez frente a un reo, pero no de un hijo en relación a su madre.
Somos de Cristo cuando somos de la Iglesia: en Ella nos hacemos miembros de su Cuerpo, que concibió, gestó y alumbró Nuestra Señora. Por eso, María Santísima es «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores»20. La última joya que la piedad filial ha engarzado en las letanías de Nuestra Señora, el más reciente piropo a la Madre de Cristo, es apenas un sinónimo: Madre de la Iglesia.

Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:


Sábado 21 de diciembre de 2013



Mi amadísima hija, los que te acusan, por causa de Mi Santa Palabra, de la lucha contra la Autoridad de Mi Iglesia, ellos deben escuchar Mi llamado .



La Iglesia, creada por Mí, Jesucristo, fue construida sobre una Roca firme y no importa cuanto Mi Iglesia - Mi Cuerpo - sea atacada, las puertas del Infierno nunca la destruirán. Satanás y sus agentes sólo atacarán lo que es genuino, lo que es Verdadero y lo que es Mío. Aquí es donde se concentrará toda su energía - Mi Iglesia. Estoy presente en Mi Iglesia , a través de Mi Cuerpo, la Sacratísima Eucaristía. Mis enemigos siempre elegirán como blanco/objetivo la Sacratísima Eucaristía, ya que no es más que un símbolo de Mi Amor, Mi Promesa de redimir al mundo - Es Mi Cuerpo. Vive y respira, porque Soy Yo, Jesucristo, Quien mora en él. Yo permaneceré presente dentro de la Sagrada Eucaristía hasta cerca del final, pero Mi Iglesia, nunca morirá.



Mi Palabra se hizo Carne y por medio de Mi Carne, vosotros, hijos de Dios, permanecerán cerca de Mí. Cuando Mis enemigos atacaron a Mi Iglesia en el pasado, Mi Iglesia se unió y luchó contra sus oponentes. Pero cuando Mi Iglesia es atacada, por el espíritu del mal desde dentro, se enfrentará a muy pocos obstáculos de un mundo secular.



Satanás no ataca a su propio trabajo. Como Hijo del hombre, Yo nunca abandonaré a Mi Iglesia, ya que es impenetrable para el diablo. Mis seguidores se mantendrán fieles a Mi Iglesia hasta el último día. Sin embargo, el número de personas que no van a entender los ataques, a los que Mi Iglesia se verá sometida, desde dentro, será alto. Ellos, en su mayor parte, estarán contentos con las muchas adaptaciones a ser introducidas en los Santos Sacramentos y en las Leyes de Dios. Ellos tragarán la mentira de que la vida moderna exige una iglesia moderna, que la gente hoy día necesitan ser capaces de tomar decisiones, en base a su propio libre albedrío - independientemente de si ellos insultan o no a Dios. Entonces, cuando insulten a Dios y cometan blasfemia, cuando profanen la Sagrada Eucaristía, ya no serán más parte de Mi Iglesia. Mi Iglesia permanecerá intacta. Mi Iglesia se mantendrá en pie, debido a los que seguirán siendo fieles a la Palabra de Dios - la Palabra, que se hizo Carne. Porque no podéis separar Mi Iglesia de la Palabra - la Carne - porque entonces no puede existir.



Prometí que protegería a Mi Iglesia contra las puertas del Infierno y hago esto ahora preparando a Mis leales siervos sagrados a estar de pie por Mí y permanecer fieles y firmes hasta el Gran Día. Yo nunca rompo Mi Promesa.



Vuestro Jesús



Leer más: http://m.elgranaviso-mensajes.com/news/a21-dic-2013-no-podeis-separar-mi-iglesia-de-la-palabra-la-carne-porque-entonces-no-puede-existir/