Sor Mónica de Jesús y su ángel


La Vble. Sor Mónica de Jesús (1889-1964) fue una santa mística, agustina recoleta, que tenía un trato familiar con su ángel custodio, a quien llamaba hermano mayor. Veamos los que nos dice en algunas de sus cartas a su director, el Padre Eugenio Cantera: “El día dos me regaló la Madre unos caramelos. Estando en la celda, le dije al ángel: No quisiera que “matachín” (el diablo) me los quitara. Me dijo: Yo te enseñaré a esconderlos para que no te los quite. Saqué una cajita y me dijo: Échalos ahí. En la tapa puso una estampa de la Madre de Jesús y me dijo: No tengas cuidado, que aquí no puede llegar” (4-10-1923).


“El día 7 me dijo el hermano mayor: Nuestro abuelito (el padre de su director) ha muerto. Al ver el ángel que lloraba, me dijo: No llores, ha sido la voluntad de Jesús el llevárselo y le ha hecho un beneficio. Le pregunté al ángel, si su alma se había salvado, y me dijo que sí, pero que había sido llevada al purgatorio por un poco de tiempo. Yo le dije que salía fiadora de él y que le dijese a Jesús que me diese a mí lo que él tuviera que sufrir y se lo llevase a gozar. El hermano mayor me dijo que comulgase por él nueve días con mucho fervor” (15-7-1919).


El día 30 de mayo de 1919 tuvo lugar en el cerro de los Ángeles, de Madrid, la consagración de España al Corazón de Jesús, hecha por el Rey alfonso XIII. Ella dice: “¡Qué hermoso día! Mandé a mi hermano mayor para que ayudase al Rey y así lo hizo, pues se colocó en su hombro derecho” (19-6-1919).

En la Navidad de 1921 vino el Niño Jesús con María a visitarla y dice: “¡Cuántos besos le di al Niño Jesús, que María traía en sus brazos! ¡Cuántas cosas le dije en la Nochebuena! Al terminar la octava de Reyes, me quité la medalla que mi ángel me dio en esa Nochebuena. Yo decía: Es muy buena, no se me vaya a perder. Y el ángel me dijo: No te la quites, yo la he llevado puesta todos los días y tú enseguida quieres meterla en un rincón. La cogí y la llevo puesta todos los días” (30-1-1922).

“En mi día, muy temprano, vino primero el hermano mayor, al poquito rato vino Jesús. Y ¿sabe Ud. lo que hizo el hermano mayor? Siempre, cuando viene Jesús, se postra un poquito retirado, pues en mi día no hizo eso. Me tomó de la mano y me presentó a Jesús. Después vino la Madre de Jesús e hizo lo mismo. Después vino nuestra madre santa Mónica y me presentó también. Estuvieron un ratito los tres, me preguntaron cuánto los amaba y me aconsejaron que amara a Jesús como quería amarlo... Todos se reían de mis palabras y se marcharon todos juntos. El hermano mayor se quedó, dándome noticias. De parte de Jesús me dijo que el día anterior se habían confesado cinco almas que tanto tiempo hacía lo estaba pidiendo, que me lo hacía de regalo. El hermano mayor también me dijo: Yo te he conquistado dos almas para Jesús en tu día. Una hacía catorce años que no se confesaba y otra veinticinco. Éstos fueron los regalos de Jesús y del hermano mayor en mi día” (8-5-1918).


El día de jueves santo de 1919, desde las diez de la mañana hasta las diez y media de la noche del sábado santo, estuvo acompañando a Jesús en su dolor. Dice: “Me embargaba una pena tan grande que yo no me daba cuenta de nada de esta vida y ni sabía dónde estaba. 


Mi hermano mayor, recuerdo después, que durante este tiempo me iba diciendo de vez en cuando: A esta hora Jesús se halló en esta parte, de este modo y del otro, y todo cuanto me iba diciendo me embebía más en las penas y amarguras que Jesús había sufrido. También me decía cuándo tenía que ir a los actos de comunidad y qué iba a hacer en ellos, cómo ir al comedor y a la disciplina... Al final, vino el ángel con la cara tan alegre que parecía otro y me dijo: Jesús ya resucitó. ¡Aleluya! Su alegría penetró de tal modo en mi espíritu y en todo mi ser que ya me di cuenta de todo lo que pasaba y hacía y en dónde estaba. Yo me encontré en la celda... A las tres de la mañana vino Jesús tan resplandeciente que, por todas partes, todo Él era un resplandor, pero especialmente salía una luz de sus cinco llagas” (21-4-1919).


“Estuve unos días en cama y el ángel me trajo a Jesús por la mañana, y el hermano mayor de Ud. y el de la Madre traían cada uno una vela, alumbrando a Jesús. Esto fue el 8 y el 13, los demás días bajé yo a comulgar. ¡Cuán bueno es mi ángel! ¡Cuánto me quiere!” (22-1-1923). “En la madrugada vinieron los siete ángeles (del grupo de almas víctimas). Estaban muy contentos y les saqué las estampitas, una para cada uno. Yo le di a mi ángel la que yo quería para él y después él repartió las demás. Pasamos un buen rato y apostaron a amar a Jesús. Y ¿sabe Ud. que la pobre de Sor Mónica, toda de Jesús, les ganó a los siete?... La víspera de los ángeles, en el rezo de Vísperas, me estaba fijando. Vi a todos los hermanos mayores de cada una de las que estaban en el coro. Me dio mucha alegría, pero también tuve pena, porque todos estaban contentos, aunque no todos alegres. Se lo pregunté a mi ángel y me dijo que era por no rezar con todo el fervor que ellos querían que tuvieran las almas” (4-10-1923).


Sor Mónica no sólo jugaba con su ángel, sino que hacía todos sus trabajos en la huerta o en el gallinero con él. En todas partes, los dos tenían un solo pensamiento: JESÚS y la salvación de las almas.



Del padre Peña

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