El cura de Ars: sacerdotes santos: dignidad incomparable


Cuando Juan Bautista Mª Vianney iba a ser enviado a la pequeña parroquia de Ars (230 habitantes), el Vicario general de la diócesis le dijo: «No hay mucho amor de Dios en esta parroquia; usted procurará introducirlo». Y eso fue lo que hizo: encender en el amor al Señor que llevaba en el corazón a todos aquellos campesinos y a incontables almas más. No poseía una gran ciencia, ni mucha salud, ni dinero... pero su santidad personal, su unión con Dios hizo el milagro. Pocos años más tarde una gran multitud de todas las regiones de Francia acude a Ars, y a veces han de esperar días para ver a su párroco y confesarse. Lo que atrae no es la curiosidad de unos milagros que él trata de ocultar. 

Era más bien el presentimiento de encontrar un sacerdote santo, «sorprendente por su penitencia, tan familiar con Dios en la oración, sobresaliente por su paz y su humildad en medio de los éxitos populares, y sobre todo tan intuitivo para corresponder a las disposiciones interiores de las almas y librarlas de su carga, particularmente en el confesionario». Escogió el Señor «como modelo de pastores a aquel que habría podido parecer pobre, débil, sin defensa y menospreciable a los ojos de los hombres (cfr. 1 Cor 1, 27-29). Dios lo premió con sus mejores dones como guía y médico de las almas».
En cierta ocasión, a un abogado de Lyon que volvía de Ars, le preguntaron qué había visto allí. Y contestó: «He visto a Dios en un hombre». Esto mismo hemos de pedir hoy al Señor que se pueda decir de cada sacerdote, por su santidad de vida, por su unión con Dios, por su preocupación por las almas.

En el sacramento del Orden, el sacerdote es constituido ministro de Dios y dispensador de sus tesoros, como le llama San Pablo. Estos tesoros son: la Palabra divina en la predicación; el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que dispensa en la Santa Misa y en la Comunión; y la gracia de Dios en los sacramentos. Al sacerdote le es confiada la tarea divina por excelencia, «la más divina de las obras divinas», según enseña un antiguo Padre de la Iglesia, como es la salvación de las almas. Es constituido embajador, mediador, entre Dios y los hombres. Entre Dios, que está en el Cielo, y el hombre que todavía se encuentra de paso en la tierra; con una mano toma los tesoros de la misericordia divina, con la otra los distribuye generosamente. Por su misión de mediador, el sacerdote participa de la autoridad con que Cristo construye, santifica y gobierna su Cuerpo, confecciona el sacramento de la Eucaristía, que es la acción más santa que pueden realizar los hombres sobre la tierra.
¿Qué quieren, qué esperan los hombres del sacerdote? «Nos atrevemos a afirmar señala Mons. Álvaro del Portillo que necesitan, que desean y esperan, aunque muchas veces no razonen conscientemente esa necesidad y esa esperanza, un sacerdote-sacerdote, un hombre que se desviva por ellos, por abrirles los horizontes del alma, que ejerza sin cesar su ministerio, que tenga un corazón grande, capaz de comprender y de querer a todos, aunque pueda a veces no verse correspondido; un hombre que dé con sencillez y alegría, oportunamente y aun inoportunamente (cfr. 2 Tim 4, 2), aquello que él solo puede dar: la riqueza de gracia, de intimidad divina, que a través de él Dios quiere distribuir a los hombres»7.
Hoy es un día muy oportuno para que, a través del Santo Cura de Ars, pidamos mucho por la santidad de los sacerdotes, especialmente de aquellos que de alguna manera están puestos por Dios para ayudarnos en nuestro camino hacia Él.
 Con frecuencia el Cura de Ars solía decir: «¡Qué cosa tan grande es ser sacerdote! Si lo comprendiera del todo, moriría». Dios llama a algunos hombres a esta gran dignidad para que sirvan a sus hermanos. Sin embargo, «la misión salvífica de la Iglesia en el mundo es llevada a cabo no solo por los ministros en virtud del sacramento del Orden, sino también por todos los fieles laicos, cada uno en su propia vocación y en su quehacer en el mundo, siendo como antorchas encendidas en la noche, pues estos, «en virtud de su condición bautismal y de su específica vocación, participan en el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, cada uno en su propia medida». De ninguna manera su participación en la vida de la Iglesia consiste en ayudar al clero, aunque alguna vez lo hagan. Lo específicamente laical no es la sacristía, sino la familia, la empresa, la moda, el deporte..., que procuran, en su propio orden, llevar a Dios. La misión de los seglares ha de llevarles a impregnar la familia, el trabajo y el orden social con aquellos principios cristianos que lo elevan y lo hacen más humano: la dignidad y primacía de la persona humana, la solidaridad social, la santidad del matrimonio, la libertad responsable, el amor a la verdad, el respeto hacia la Justicia en todos los niveles, el espíritu de servicio, la práctica de la comprensión mutua y de la caridad...
Pero para que puedan ejercer en medio del mundo «este papel profético, sacerdotal y real, los bautizados necesitan el sacerdocio ministerial por el que se les comunica de forma privilegiada y tangible el don de la vida divina recibido de Cristo, Cabeza de todo el Cuerpo. Cuanto más cristiano es el pueblo y cuanta más conciencia toma de su dignidad y de su papel activo dentro de la Iglesia, tanto más siente la necesidad de sacerdotes que sean verdaderamente sacerdotes».
Hoy pedirnos al Señor sacerdotes santos, amables, doctos, que traten las almas como joyas preciosas de Jesucristo, que sepan renunciar a sus planes personales por amor a los demás, que amen profundamente la Santa Misa, fin principal de su ordenación y centro de todo su día, y que orienten sus mejores esfuerzos pastorales, «como en el Cura de Ars, en el anuncio explícito de la fe, del perdón, de la Eucaristía».

Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
LIBRO DE LA VERDAD: Un mensaje para los sacerdotes y para todos aquellos siervos sagrados Míos que han dado sus vidas a Mi sagrado servicio


Domingo 17 de marzo, 2013



Mi amadísima hija, este es un mensaje para los sacerdotes y para todos aquellos siervos sagrados Míos que han dado sus vidas a Mi sagrado servicio.



Mis amados siervos, deseo que obedezcáis las Leyes de la Iglesia y a aquellos a quienes debéis mostrar obediencia en Mi Santo Nombre.



No debéis nunca abandonar vuestros deberes para con la Iglesia y debéis continuar sirviéndome como siempre. Por favor administrad todos los sacramentos, como antes, pero con aún más diligencia. Atended, como siempre, a vuestros sagrados deberes. Vuestro deber es para con los hijos de Dios y debéis guiar a vuestro rebaño. Permaneced fieles a Mis Enseñanzas en todo momento.



No seréis vosotros, mis valiosos siervos, los que abandonaréis a Mi Iglesia sobre la tierra. No será a través de vuestro hacer que las Leyes dentro de Mi Iglesia sean cambiadas, para abrazar nuevas doctrinas.



Permaneceréis fieles a los servicios de Mi Iglesia y llevaréis a cabo vuestras funciones hasta el día terrible. Este será el día en que Mi Santa Misa será cambiada más allá del reconocimiento. Serán los enemigos de Dios, que se han infiltrado en Mi Iglesia sobre la tierra, quienes os empujarán lejos de Mí.



Al presentar la nueva Misa, os quedaréis sin ninguna opción, pues, porque sabréis que ya no se ofrecerá la Santísima Eucaristía. Será entonces cuando la Verdad finalmente se os dará a conocer, aunque estaréis conscientes de las señales antes de ese momento.



Las señales incluirán nuevos extraños modos de oraciones modificadas, Satanás ya no será más denunciado y los Sacramentos serán manipulados con el fin de incluir otras denominaciones. Os pondréis intranquilos, sin embargo sentiréis una obligación de permanecer fiel a Mi Iglesia.



Será entonces que la Existencia de Mi Iglesia en la tierra será vuestro único medio de supervivencia, si vais a permanecer fieles a Mis Enseñanzas. Cuando Mis Enseñanzas, Mis Sacramentos y Mi Santa Misa sean cambiados, no permitáis ser engañados. Si no os adherís a Mis Leyes, entonces vosotros me entregaréis.



Para las otras iglesias Cristianas, os advierto que esta infestación se extenderá también a vuestras iglesias. Con el tiempo, será difícil para vosotros honrar Mis Enseñanzas en la forma en que se les dio al mundo. Todos los Cristianos sufrirán bajo el régimen del falso profeta y su cohorte, el Anticristo, cuyo rostro pronto se transmitirá en todo el mundo, como el líder más influyente de todos los tiempos.



Vuestro Jesús



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