En la Transfiguración del Señor



Todavía estaba hablando, cuando una nube resplandeciente los cubrió y una voz desde la nube dijo: Este es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias: escuchadle. ¡Tantas veces le hemos oído en la intimidad de nuestro corazón!
El misterio que hoy celebramos no solo fue un signo y anticipo de la glorificación de Cristo, sino también de la nuestra, pues, como nos enseña San Pablo, el Espíritu da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo; con tal que padezcamos con Él, para ser con Él también glorificados. Y añade el Apóstol: Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se ha de manifestar en nosotros. Cualquier pequeño o gran sufrimiento que padezcamos por Cristo nada es si se mide con lo que nos espera. El Señor bendice con la Cruz, y especialmente cuando tiene dispuesto conceder bienes muy grandes. Si en alguna ocasión nos hace gustar con más intensidad su Cruz, es señal de que nos considera hijos predilectos. Pueden llegar el dolor físico, humillaciones, fracasos, contradicciones familiares... No es el momento entonces de quedarnos tristes, sino de acudir al Señor y experimentar su amor paternal y su consuelo. Nunca nos faltará su ayuda para convertir esos aparentes males en grandes bienes para nuestra alma y para toda la Iglesia. «No se lleva ya una cruz cualquiera, se descubre la Cruz de Cristo, con el consuelo de que se encarga el Redentor de soportar el peso». Él es, Amigo inseparable, quien lleva lo duro y lo difícil. Sin Él cualquier peso nos agobia.
Si nos mantenemos siempre cerca de Jesús, nada nos hará verdaderamente daño: ni la ruina económica, ni la cárcel, ni la enfermedad grave... mucho menos las pequeñas contradicciones diarias que tienden a quitarnos la paz si no estamos alerta. El mismo San Pedro lo recordaba a los primeros cristianos: ¿quién os hará daño, si no pensáis más que en obrar bien? Pero si sucede que padecéis algo por amor a la justicia, sois bienaventurados.
Pidamos a Nuestra Señora que sepamos ofrecer con paz el dolor y la fatiga que cada día trae consigo, con el pensamiento puesto en Jesús, que nos acompaña en esta vida y que nos espera, glorioso, al final del camino. Y cuando llegue aquella hora // en que se cierren mis humanos ojos, // abridme otros, Señor, otros más grandes // para contemplar vuestra faz inmensa. // ¡Sea la muerte un mayor nacimiento!, el comienzo de una vida sin fin.


Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:


Miércoles 17 de julio de 2013



Mi amadísima hija, cómo las oraciones de todos Mis amados seguidores me levantan en este momento. Estoy en sus corazones y almas y sus almas son favorecidas. Debo pedirles que sufran las burlas que encararán por seguir Mi sendero y por Mi Cruz, que ellos soportan, ya que con el tiempo entenderán por qué esto debe ser así.



No podéis seguirme verdaderamente sin soportar el dolor de la Cruz. Cuando me amáis, una Luz está presente dentro de vuestra alma. Esta Luz pura es como un imán, ya que atrae lo peor en otras personas. Almas bien intencionadas son con frecuencia atacadas por el espíritu del mal, para infligir daño sobre cualquiera que siga la Verdad de Mis Enseñanzas.



Cuando declaráis la Verdad de Dios, seréis odiados por aquellos que no aman a Dios. Cuando me seguís, incluso en silencio, soportáis el mismo dolor. Este dolor es causado por aquellos – generalmente aquellos con quien estáis encariñados y respetáis – quienes os atacan, porque vosotros me amáis y sois fieles a Mis Enseñanzas.



El tiempo ha llegado para que salgáis y habléis de Mis Mensajes. Los sacerdotes, sin embargo, encontrarán esto difícil, ya que deben permanecer obedientes a sus superiores. Muchos en Mi Iglesia estarán temerosos de dar testimonio de Mis Mensajes, pero esto no significa que no puedan defender la Verdad de Mi Santa Palabra. La Palabra, dada a Mis Apóstoles, perdura, aunque muchos tratan de matarla. Notaréis cuán poco Yo soy venerado en público - casi nunca.



Mis Enseñanzas ya no juegan un papel importante en vuestra sociedad. Debéis insistir, a cualquier Iglesia Cristiana a la que pertenezcáis, que Mis siervos no olviden mencionar Mi Nombre, cuando se refieran al bien, ya que el bien no puede venir de una piedra. El bien solo puede venir de Dios.



Vuestro Jesús



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