29 de agosto de 2018 (CatholicCulture.org) - El arzobispo Vigano ha respondido rápida y eficazmente a la acusación de que él trató de sofocar los cargos de conducta sexual inapropiada por parte del arzobispo John Nienstedt. (Sospecho que cuando dio a conocer su testimonio, el Arzobispo Vigano sabía que este ataque vendría y estaba listo). Señala que el sacerdote que era la fuente principal de una historia del New York Times en julio de 2016 no había estado presente. en la reunión en discusión, que tuvo lugar dos años antes. Y los documentos archivados en el Vaticano, dice el arzobispo Vigano, respaldan su lado de la historia.
(...) Pero sin pretender resolver todos los problemas involucrados, permítanme llamar la atención sobre una frase de la nueva declaración del Arzobispo Vigano:
El mismo día en que aparecieron las noticias en el New York Times el 21 de julio de 2016, el Santo Padre (Fco) le pidió al Cardenal Parolin que telefonease al Nuncio en Washington, DC (Christophe Pierre), ordenando que se abriera inmediatamente una investigación sobre mi conducta
¿Le ha llamado la atención algo? ¿Lo mismo que me llamó la atención a mí?
El mismo día en que estalló una historia, sugiriendo que Vigano había participado en un encubrimiento, el Papa exigió una investigación. Entonces sabemos que el Papa Francisco puede actuar rápidamente, cuando lo desea.
Pero, ¿cuántos días, y meses y años pasaron antes de exigir una investigación exhaustiva del Obispo Barros? ¿Del cardenal Danneels? ¿Del cardenal Errázuriz? ¿Del cardenal Maradiaga?
Los leales defensores del Papa nos dicen que el Arzobispo Vigano está motivado por su aversión personal hacia el Papa Francisco. ¿Y qué fue, entonces lo que motivó al Papa a tomar una acción tan rápida sobre una acusación contra Vigano?
https://www.catholicculture.org/commentary/the-city-gates.cfm?id=1635

Comentarios
Los peones de Bergoglio http://archive.fo/qNSVv#selection-1875.0-1875.27
PEDACCHIO ESPÍA DEL CARDENAL BERGOGLIO
«De Roma viene lo que a Roma va». Roma depende en sus decisiones de la información que recibe y de cómo se prioriza la difusión y procesamiento de esa información. Lo sabe muy bien un gran ambicioso de poder, el Cardenal Arzobispo de Buenos Aires. El Cardenal Bergoglio sabe decir mentiras con verdades a medias –o infladas, o disimuladas, según convenga en cada caso. Pero no duda, cuando se hace necesario, en mentir pura y simplemente.
Lo cierto es que para tejer su red de poder e influencia sobre los obispos y sus nombramientos, así como sobre los sacerdotes y seminarios, sabe disparar difamaciones o calumnias y, por sobre todo, sabe direccionarlas arteramente. Lo hace a partir de adiestrados informantes quienes, violando la confidencialidad a la que los obliga el secreto pontificio, le informan acerca de todo lo que llega a Roma sobre los temas o personas que le interesan. Después, esos mismos informantes se encargan de «informar» o «cajonear la información» a las autoridades romanas, priorizando las agendas de manipulación del Cardenal –«El Jesuita», como lo llama el título de una obra comisionada para exaltarlo.