María explica la importancia de los sacramentos



Los Sacramentos, medios de salvación


La Virgen:
No pretendáis ganaros el Cielo sin verdadero arrepentimiento. No aspiréis habitar en una de sus moradas si no os acercáis a las fuentes de gracias. No dejéis para mañana lo que podéis hacer hoy. Id, ahora mismo al Sacramento de los Ríos de la Gracia, preparad una buena confesión y desataos de las cadenas que os oprimen; liberaos de vuestros yugos terrenales y vivid la verdadera libertad de un hijo de Dios.

Los Sacramentos fueron instituidos por Jesús. No son inventos humanos. El Señor os los da como medios de salvación, son Gracias Divinas que os elevan en escalas de la santidad hasta llegar al punto culmen de fundir, de unir vuestra voluntad humana con la Voluntad Divina. Cuando un alma piensa en Dios, vive para Dios, actúa en función de Dios, evita contristarle su Sacratísimo Corazón, actúa movida por las inspiraciones del Espíritu Santo. Es celosa en el cumplimiento de su Palabra. Es cuidadosa de cumplir cabalmente con los mandamientos de la ley de Dios y con los mandamientos de la Santa Madre Iglesia.

Pobres de aquellos que creen que se van a salvar en el momento final, cuando quizás Dios les llame furtivamente y no tengan tiempo del arrepentimiento. Si vuestros pecados son muchos: expiad y reparad; si os consideráis buenos: trabajad con entereza, trabajad con ahínco para que verdaderamente sí seáis santos, para que verdaderamente vuestras acciones sean del agrado de Nuestro Señor.

María, Madre de la Iglesia, os llama a la práctica y ejercicio de los Sacramentos. Dejad ya, la palabrería; dejad ya, las frases sin sentido. Muchos de mis hijos aducen que: no necesitan ir a confesar sus pecados con un hombre, quizás, más pecador que él. Pobres de estas creaturas que creen tener la razón, cuando han caído en los ardides y astucias de satanás; satanás es tan astuto que le hace creer a la grey amada de mi Santa Iglesia que no es necesaria la confesión, que no es necesario el Sacramento de la Eucaristía, que no es necesaria la oración. 

Si se atreven a señalar, se atreven a decir que no necesitan orar, ni rezar para salvarse, cuando la oración es el alimento sólido que os da fuerzas para vencer obstáculos, os da fuerzas para derribar muros de acero, trampas que sutilmente el demonio os pone; trampas y engaños apetitosos, agradables a vuestro paladar y a vuestro corazón; y una vez hayáis ido a beber y a saborear de esa aparente miel, de ese aparente manjar: os tocará probar su amargura, su acidez y después os cobra vuestras caídas.

Soy vuestra Madre, por ende soy María, Madre de la Iglesia, que os llama a la vida de santidad; vida adherida a los Sacramentos, vida moldeada de acuerdo al Santo Evangelio y a las normas de nuestra Santa Madre Iglesia
Católica.


Os amo y os bendigo, hijos amados de mi Inmaculado Corazón: . Amén. 


Junio 12/09  Agustín del Divino Corazón

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