Meditación diaria: Hombres de fe


Desde la cima, Jesús ve a los Apóstoles ya mar adentro, cuando la barca, batida por las olas porque el viento les era contrario, se encuentra en peligro. Jesús podía divisar la pobre embarcación en medio del lago, pues era el plenilunio y la Pascua estaba ya cercana. A la cuarta vigilia de la noche, hacia las tres de la madrugada, antes de apuntar el día, vino hacia ellos caminando sobre el mar.
Los discípulos, al ver una figura desdibujada que se acercaba por el mar hacia donde ellos se encontraban luchando contra las olas y el viento, tuvieron miedo: Es un fantasma, dicen. Y comenzaron a gritar. Pero pronto Cristo se da a conocer: Tened confianza, soy yo, no temáis. Es la actitud con que Cristo se presenta siempre en la vida del cristiano: dando aliento y serenidad. Pedro cobra confianza y, llevado por su amor, que le hace desear estar cuanto antes junto al Maestro, le hace una petición inesperada: Señor, si eres Tú, manda que yo vaya a Ti sobre las aguas. La audacia del amor no tiene límites. Y la condescendencia de Jesús tampoco tiene término. Él le dijo: Ven. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a andar sobre las aguas hacia Jesús. Fueron momentos impresionantes para todos: Pedro ha cambiado la seguridad de la barca por la de la palabra del Señor. No se quedó aferrado a las tablas de la embarcación, sino que se dirigió hacia donde estaba Jesús, a unos pocos metros de sus discípulos, que contemplan atónitos al Apóstol encima del agua embravecida. Pedro avanza sobre las olas. Le sostienen la fe y la confianza en su Maestro; solo eso.
No importan el ambiente, las dificultades que rodean nuestra vida, si nos dirigimos llenos de fe y confianza hacia Jesús que nos espera; no importa que las olas sean muy altas y el viento fuerte; no importa que no sea natural al hombre caminar sobre el agua. Si miramos a Jesús, todo nos será posible; y ese mirarle es la virtud de la piedad. Si con la oración y los sacramentos nos mantenemos unidos a Jesús, estaremos firmes en nuestro caminar; dejar de mirar a Cristo es hundirnos, es incapacitarnos para dar un paso, aun en tierra firme.
 La fe, grande a los comienzos, se hizo pequeña después. Pedro se dio cuenta de las olas, del viento (San Juan señala que el mar tenía gran oleaje aún), de lo imposible que es para el hombre caminar sobre el agua; se preocupa de las dificultades y se olvida de lo único que lo mantenía a flote: la palabra del Señor. Ante los obstáculos, de los que toma ahora conciencia, su fe disminuye, y el milagro iba unido a una confianza plena en Cristo.
Dios pide a veces «aparentes imposibles» que se hacen realidad cuando actuamos con fe, con los ojos puestos en el Señor. En cierta ocasión, el Fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá, decía a una hija suya que marchaba a otro país en el que encontraría las lógicas dificultades propias de los comienzos de una labor apostólica: «Cuando te pido una cosa, hija, no me digas que es imposible, porque ya lo sé. Pero, desde que empecé la Obra, el Señor me ha pedido muchos imposibles... ¡y han ido saliendo!»2¡Y han ido saliendo!: labores apostólicas en muchos países..., y surgían vocaciones y gentes que se prestaban para colaborar en esas tareas con mucha generosidad y desprendimiento. De muchas maneras les decía: «hombres de fe hacen falta y se renovarán los prodigios de la Escritura...». Y esos prodigios se realizan cada día sobre la tierra... Así ha pasado siempre en la historia de la Iglesia.
Es Dios quien nos mantiene a flote y nos hace eficaces en medio de «aparentes imposibles», de un ambiente que frecuentemente es contrario al ideal cristiano. Es Él quien hace que caminemos sobre las aguas, y la condición es siempre la misma: mirar a Cristo y no detenernos demasiado en los obstáculos y en las tentaciones.
San Juan Crisóstomo, al comentar el Evangelio, señala que Jesús enseñó a Pedro a conocer, por propia experiencia, que toda su fortaleza venía de Él, mientras que de sí mismo solo podía esperar flaqueza y miseria, y añade: «cuando falta nuestra cooperación, cesa también la ayuda de Dios». Por eso, en el momento en que Pedro empezó a temer y a dudar, comenzó también a hundirse.
Cuando la fe se empequeñece, las dificultades se agigantan: «la fe viva depende de la capacidad que yo tenga de responder a ese Dios que me llama y quiere tratarme y ser mi amigo, el gran testigo de mi vida. Por tanto, si yo le respondo y le quiero y es alguien familiar en mi vida, si yo vivo junto a Él, estoy asegurando mi fe, porque mi fe se basa en Dios (...). Por el contrario, si me distancio de Dios, si le olvido, si Dios queda en la periferia de mi vida, que se sumerge en lo puramente material y humano; si me dejo arrastrar por las evidencias inmediatas y Dios se desdibuja en mi alma, ¿cómo voy a tener fe viva? Si no trato a Cristo, ¿qué es lo que queda de mi fe? Por eso, hemos de decir que, en última instancia, todos los obstáculos para la vida de fe se reducen en su génesis a un alejamiento de Dios, a un apartarse de Dios, a un dejar de tratarle cara a cara». Entonces cobran fuerza las tentaciones y las dificultades. Pedro hubiera permanecido firme sobre las aguas y habría llegado hasta el Señor si no hubiera apartado de Él su mirada confiada. Todas las tempestades juntas, las de dentro del alma y las del ambiente, nada pueden mientras estemos bien afincados en la oración. Por el contrario, abandonarla, hacerla con poca intimidad o en el anonimato es exponernos a hundirnos en el desaliento, en el pesimismo, en la tentación.
Nunca debe flaquear nuestra fe; aunque sean enormes las dificultades; aunque nos parezca que nos han de aplastar con su fuerza. «¿Qué importa que tengas en contra al mundo entero con todos sus poderes? Tú... ¡adelante!
»—Repite las palabras del salmo: “El Señor es mi luz y mi salud, ¿a quién temeré?... ‘Si consistant adversum me castra, non timebit cor meum’. —Aunque me vea cercado de enemigos, no flaqueará mi corazón”».


http://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.aspx

Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:


Sábado 02 de agosto de 2014



Seguirme en este, Mi último viaje a cumplir con el Pacto de Mi Padre, se puede asemejar a lo que hace un grupo de escaladores ascendiendo una montaña. Sabed que esto es una alta montaña, un terreno duro y lleno de obstáculos, que presentará problemas, incluso para el alpinista más experimentado, ya que presentará giros sorprendentes e inesperados y vueltas en cada nivel y en cada esquina. Aquellos que confían en lo que digo y me siguen, con un corazón abierto y dispuesto, encontrarán este viaje más fácil que los otros. Sin embargo, muchos de los que están confiados al comienzo de este viaje pueden caminar demasiado rápido y dar grandes saltos en un intento de subir a la cima. Estas son las personas que caerán más duramente y su descenso al fondo será el más doloroso.

Otros que no son experimentados escaladores, pero que siguen las instrucciones claras dadas por Aquel que les guía, será en muchos casos quienes lleguen a la cima primero. Su confianza, su paciencia y su voluntad de alcanzar la cima a toda costa, los proveerá de una gran energía y entusiasmo que los sostendrá en su ascenso a la cima. Los que no se detienen con regularidad y beben para saciar su sed se deshidratarán y aquellos que se olvidan de llevar los alimentos con ellos les resultará imposible mantener su fuerza.

Cada paso de este viaje presenta nuevos desafíos, curvas peligrosas y rocas casi imposibles de escalar. Deberá ser una persona muy fuerte con mente y cuerpo sanos para permanecer alineada en la subida a la cima. Ellos se encontrarán siendo distraídos por otros que han perdido la fe en su propia capacidad para andar su camino por la montaña y constantemente tratarán de alejarlos de su cometido.

Luego habrá otros, celosos de aquellos que están dando grandes pasos hacia adelante, que intentarán hacer tropezar a los escaladores, colocando trampas y otros obstáculos delante de ellos para que aminoren su velocidad. Estas almas desilusionadas y celosas harán todo lo posible para detener el escalador decidido y comprometido a alcanzar a la cima. Crearán mentiras para intentar y convencer a las personas en su viaje para detenerse - a alejarse, por temor a grandes peligros, que pueden yacer por delante. Ellos les dirán que el líder de los alpinistas no es apto para llevarlos a la cima y por eso van a estar en gran peligro, en caso de que sean tan tontos como para continuar en lo que ellos dirán que es un viaje peligroso y arduo.

Y así seguirá, este viaje Mío, hasta el Día en que vendré de nuevo. Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos a permanecer fieles a Mí. Algunos son llamados y me seguirán. Luego me traicionarán. Su odio hacia Mí es el peor de todos, porque son los que me trajeron almas a lo largo de este camino hacia la salvación. Pero cuando sucumben a la tentación de Satanás, que siembra terribles mentiras dentro de sus almas, serán los que alejarán a las almas de Mí.

Solo los que tienen un alma humilde, un tierno corazón - libres de malicia, de orgullo y de ego, tendrán éxito en alcanzar la cima de la montaña Cuando ese día llegue, aquellos que se alejaron de Mí y me traicionaron, no encontrarán a dónde ir, porque el camino que subía a la colina ya no estará más.

Vuestro Jesús



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