Si somos cristianos verdaderos, siendo a veces muy distintos por tantos motivos, estaremos comprometidos en llevar a Dios la sociedad en la que vivimos Esto es lo que realmente importa: que Cristo sea conocido y amado.
La Buena Nueva ha de llegar a todos los rincones de la tierra. Y para esta tarea, el Señor cuenta con la colaboración de todos: hombres y mujeres, sacerdotes y laicos, jóvenes y ancianos, solteros, casados, religiosos.... asociados o no, según hayan sido llamados por Dios, con iniciativas que nacen de la riqueza de la inteligencia humana y del impulso siempre nuevo del Espíritu Santo.
Todo cristiano está llamado a extender el Reino de Cristo, y toda circunstancia es buena para llevarlo a cabo. «Dondequiera que Dios abre una puerta a la palabra para anunciar el misterio de Cristo a todos los hombres, confiada y constantemente hay que anunciar al Dios vivo y a Jesucristo, enviado por Él para salvar a todos». Ante la cobardía, la pereza o las múltiples excusas que pueden surgir, hemos de pensar que muchos recibirán la incomparable gracia de acercarse a Cristo a través de nuestra palabra, de nuestra alegría, de una vida ejemplar llena de normalidad. El apostolado con las personas entre las que Dios ha querido que transcurra nuestra vida no debe detenerse nunca: los modos y las formas pueden ser muy diversos, pero el fin es el mismo. ¡Qué caminos tan distintos escoge el Señor para atraer a las almas!
«Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas». No podemos considerar las circunstancias adversas como un obstáculo para dar a conocer a Cristo, sino como medio muy valioso para extender su doctrina, como demostraron los primeros cristianos y tantos –también ahora– que han padecido a causa de la fe. San Pablo, desde su prisión en Roma, escribe de esta manera a los cristianos de Filipo: la mayor parte de los hermanos en el Señor, alentados por mis cadenas, se ha atrevido con más audacia a predicar sin miedo la palabra de Dios. Y aunque algunos predicaban por envidia, con falta de rectitud de intención, el Apóstol exclama: Pero ¡qué importa! Con tal de que en cualquier caso, ya sea por hipocresía o sinceramente, Cristo sea anunciado; de esto me alegro y me alegraré siempre. Lo verdaderamente importante es que el mundo esté cada día un poco más cerca de Cristo. Y a esta tarea llama el Señor a todos, pero no de la misma manera, en una uniformidad que empobrecería el apostolado. No cabe inhibirse en este quehacer divino, ni tampoco cabe la mentalidad de «partido único». Nunca la Iglesia trató de «uniformar» a los cristianos; por el contrario, consideró siempre como un tesoro la variedad de espiritualidades y de apostolados.
Aunque es bien cierto que el trabajo, los tiempos de descanso, la visita a un amigo, el deporte, pueden ser camino para llevar a Dios a esas personas, también lo han de ser las contradicciones de un ambiente abierta o solapadamente contrario a la fe. Sea cual fuere el modo apostólico al que el cristiano se sienta llamado y las circunstancias en las que haya de ejercerlo, la caridad ha de ir siempre por delante. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, había anunciado el Señor.
(...) Así hemos de procurar hacer nosotros con aquellos con quienes compartimos el mismo lugar de trabajo, el mismo hogar, la misma clase..., la vecindad. Acercarnos primero con la caridad bien vivida, base de todo apostolado, apreciando de corazón a quienes nos rodean aunque al principio pueda resultar difícil el trato; sin permitir que defectos, aparentes o reales, nos separen de ellos. «La obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza». En cada uno vemos a un hijo de Dios de valor infinito, y esto nos lleva a un aprecio sincero, que está por encima de los defectos, de los modos de ser...
Quienes hemos recibido el don de la fe sentimos la necesidad de comunicarla a los demás, haciéndoles partícipes del gran hallazgo de nuestra vida. Esta misión, como vemos frecuentemente en la vida de los primeros cristianos, no es competencia exclusiva de los pastores de almas, es tarea de todos, cada uno según sus peculiares circunstancias y la llamada que ha recibido del Señor. Examinemos hoy si la influencia cristiana que ejercemos a nuestro alrededor es la que espera el Señor. No olvidemos las consoladoras palabras de Jesús, que también leemos en el Evangelio de la Misa: Y cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa. ¿Qué nos tendrá preparado el Señor a nosotros si a lo largo de la vida hemos procurado que se acerquen a Él tantas almas?

Comentarios
Martes 7 de agosto de 2012
Mi muy querida bienamada hija, Mi Amor por ti es tan fuerte, así como es tan íntimo, aunque no te parezca así en este momento.
Necesitas dedicar más tiempo en Mi Compañía, ya que solo haciendo esto encontrarás paz en esta Misión.
Mis Gracias llenan tu alma ahora, para que puedas comunicar al mundo Mis Mensajes en el tiempo más rápido posible.
Cuán cansado y solo estoy en este preciso momento en Mi corazón, hija Mía.
Me preocupo por aquellas almas inocentes que no saben de Mi Existencia. Buenos de corazón y Cristianos en la manera en que tratan a otros, sin embargo, no creen en Mi Existencia.
Observo cada día la manera en que viven sus vidas diarias, sin fe en la Existencia de Dios o en su vida futura en el Nuevo Paraíso.
Por favor, ayúdame a decirles que los amo.
Difunde Mi Palabra y encenderé un sentido de reconocimiento en sus almas.
No importa si te rechazan, hija Mía, o a Mis amados seguidores, todos lo que se necesita es dejarlos leer Mis Mensajes.
Yo enviaré al Espíritu Santo para que una chispa, aunque sea una pequeña, encienda una llama de Mi Amor en sus almas.
Esta es Mi última Misión sobre la Tierra, en donde los Santos Mensajes de la Santísima Trinidad están siendo dados al mundo.
El Espíritu Santo está presente en estas Palabras de origen Divino. Ellas son el alimento de ustedes para nutrir sus almas con el fin de ayudarlos a prepararse para la batalla.
Escuchen la Santa Palabra de Dios. Tómenla, compártanla y unan a todos los hijos de Dios, que ya están preparados para la batalla.
Traigan a todos sus hermanos y hermanas, especialmente a aquellos que se esfuerzan por creer en Dios, hacia Mi Gran Misericordia.
Mi Corazón suspira de amor por ellos. Ellos, cada uno de ellos, son hijos de Dios.
Necesito las almas de ellos para que pueda cuidar de su futuro, y así ellos tengan Vida Eterna y felicidad.
No puedo soportar pensar de lo qué les sucederá si Yo no puedo salvarlos.
Hija Mía, mientras Mi Divina Misericordia salvará gran parte de la humanidad, necesito que tú y Mis seguidores, Mis siervos consagrados y gente sencilla difundan la red y encuentren a todas aquellas pobres, infelices y confundidas personas necesitadas del Amor de Dios.
Difundan la red de Mi Amor, como el pescador, a lo ancho y a lo largo y en lugares donde Dios es completamente rechazado, despreciado y particularmente odiado.
Luego vayan y encuentren a los preciosos jóvenes hijos de Dios, quienes no saben nada acerca del Cristianismo, sin embargo viven en los así llamados países Cristianos.
Vayan tan lejos como Rusia, China y los países en donde Dios no es reverenciado y vayan y conquisten almas.
Aliméntelas con Mis Mensajes. No importa la manera de cómo se comuniquen, pero háganlo de una manera que no parezca como si estuvieran predicando.
Atráiganlos a través de lo que les pueda interesar. Usen toda clase de comunicaciones modernas para hacer esto. Los necesito a ellos rápido. Estoy confiando con la difusión de Mi Santa Palabra por todos Mis seguidores.
Yo os guiaré.
Vosotros sabréis en vuestros corazones qué hacer. Pedidme que os ayude con esta Cruzada de Oración especial, para que os haga fuertes.
Cruzada de Oración (72): Oración del Discípulo
“Querido Jesús, estoy dispuesto a propagar Tu Santa Palabra. Dame el valor, la fuerza y el conocimiento para transmitir la Verdad, para que tantas almas como sea posible puedan ser llevadas a Ti.
Acógeme en Tu Sagrado Corazón y cúbreme con Tu Preciosa Sangre para que sea llenado con las Gracias para propagar la conversión para la Salvación de todos los hijos de Dios en todas partes del mundo, no importando cuál sea su credo. Confío siempre en Ti. Tu amado discípulo. Amén.”
Vuestro Jesús
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