Sacerdotes vestidos de sacerdotes

por J Mª Iraburu

«Aun reconociendo que ciertas situaciones pueden justificar el quitar un tipo de hábito, no podemos silenciar la conveniencia de que el hábito de los religiosos y religiosas siga siendo, como quiere el Concilio, signo de su consagración (Perfectæ caritatis 17), y se distinga, de alguna manera, de las FORMAS abiertamente seglares» (22). 

El traje eclesiástico. En lo que se refiere al vestir de los sacerdotes, será suficiente recordar un documento-síntesis, publicado en 1994 por la Congregación del Clero, Directorio PARA el ministerio y la vida de los presbíteros. En el número 66, con el título «Obligación del traje eclesiástico », dice lo que sigue: 

«En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero –hombre de Dios, dispensador de Sus misterios– sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el VESTIDO que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público (211). El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel –más aún, por todo hombre– (212) su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia. 

«Por esta razón, el clérigo debe llevar “un traje eclesiástico decoroso, SEGÚN las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legítimas costumbres locales” (213). El traje, cuando es distinto del talar [la sotana], debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones de derecho universal. 

«Por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden CONSIDERAR legítimas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente (214). 

«Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la IGLESIA» (215). 









(210) Cfr. S. Congregación para el Clero, CARTA circular Omnis Christifideles (23 enero 1973) 9.