La llave será compartida y habrá gran confusión (María)



Queridos hijos, soy vuestra Madre Dolorosa y sufro por aquello que viene para vosotros. Doblad vuestras rodillas en oración. He aquí los tiempos más difíciles para vosotros. Buscad fuerzas en la Eucaristía y no permitáis que el enemigo de Dios venza. Los hombres actuarán para apartaros de la verdad. La llave será compartida y habrá gran confusión. No permitáis que la llama de la fe se apague dentro de vosotros. Vuestra victoria está en el Señor. (...)

Los proyectos que inicié no son de los hombres, sino del Señor, y ninguna fuerza humana podrá destruirlos. Camináis hacia un futuro donde los hombres y mujeres de fe sufrirán por defender la verdad. La Iglesia de Mi Jesús llevará pesada cruz. Las puertas se abrirán y los enemigos entrarán en la Casa de Dios. Los ministros fieles beberán el cáliz amargo del sufrimiento, pero Mi Jesús no os abandonará. 
(...)
Confiad en Él que ve lo oculto y os conoce por vuestro nombre. Amad y defended la verdad. Mi Jesús necesita de vosotros. Sed dóciles a Él y en todas partes testimoniad que estáis en el mundo, pero no sois del mundo. Dadme vuestras manos y Yo os conduciré a Aquel que es vuestro Único Camino, Verdad y Vida. 
Los asesinos actuarán y en el Palacio se oirán lloros y lamentaciones. 

No os apartéis del camino que os he señalado. Suceda lo que suceda, no permitáis que la llama de la verdad se apague en vuestras vidas. Abrid vuestros corazones y dejad que la Luz de Dios os ilumine y os conduzca. Adelante sin miedo. 

Este es el mensaje que hoy os transmito en nombre de la Santísima Trinidad. Gracias por haberme permitido reuniros aquí una vez más. Yo os bendigo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Quedad en paz.

Comentarios

penthos ha dicho que…

La realidad del infierno
Me dirijo a ustedes para recomendarles el tremendo e impresionante ultimo documental
de Café con Galat titulado “¿Con que no existe el infierno?”. Búsquenlo en el You Tube y véanlo y seguro que les hará un gran beneficio. Al hilo de esto os dejo las siguientes reflexiones:
A los seres humanos se nos hacen duras las palabras que dicen la verdad. Querríamos siempre misericordia, pero ¿estamos seguros de merecerla? ¿no es acaso misericordia la voz severa que nos habla de castigos para incitar al arrepentimiento? Y muchas veces ni por eso nos arrepentimos.
El deseo de oir solo promesas de bondad y de recibir solo caricias es una desviación de la religión, a la que hemos convertido en un epicureismo. Solo queremos recibir goces sin ningún esfuerzo a cambio. Este es un vicio espiritual que se llama quietismo, que en el fondo es una gula del espíritu, tras la que se esconde una profunda soberbia y el querer ser como dioses. Es lo que en otras religiones buscan con tanto denuedo, el gozo de falsos éxtasis paradisíacos. Esta gula del espíritu, la vemos en los grupos carismáticos, cuando buscan el gozo del espíritu sin ningún esfuerzo, lo que lleva a la destrucción del espíritu y a la satanización de la vida. Así el ego se convierte en un absoluto y la carne humana es capaz de creerse un dios.
En cambio a la más grande misericordia de Dios, que nosotros llamamos dureza y que recibimos espantados son las que nos avisan de nuestra condenación eterna, que nos despeja de tantos falsos espejismos para descubrir la verdadera realidad, y esta es que somos pecadores y ofendemos a Dios constantemente haciendo daño a los demás y a nosotros mismos.
Los hombres de nuestro tiempo son más culpables que los de Sodoma. Nuestras obras parecen más de brutos, que de seres con alma espiritual, que tienen la semejanza de Dios y cada pecado tiene un valor infinito. Por un solo pecado, el de Adán, cayó toda la humanidad y negar esto es negar nuestra fe.
En el libro de la Sabiduría, en relación a los cananeos, leemos: “… Realizaban hechicerías y sacrificios. Mataban sin piedad a sus hijos, comían las vísceras humanas y bebían la sangre dentro de tu tierra sagrada”. Pues bien la humanidad actual aventaja en malicia a estos cananeos.
Grandes y pequeños, cultos e ignorantes y tantos ministros de Dios tienen el sello inconfundible del demonio. Ya no efectuamos los sacrificios de los cananeos, sino que peor aun, inmolamos, no las carnes sino nuestras almas y la de nuestros semejantes conculcando el derecho de Dios y la libertad del hombre. Porque constantemente violentamos con burlas o con mandatos, las conciencias que todavía saben mantenerse fieles, derrocándolas de su fe, corrompiéndolas con doctrinas malditas. Malditos son los que siembran todo de corrupción, convirtiéndolo en un cenagal.
Son asesinatos morales, mucho peores y graves que la corrupción de la carne. Con nuestra incredulidad, racionalismo, sensualidad y bestialidad terminamos matando a lo único que nos queda, la carne, que como bestias lujuriosas, creamos un mercado en el que nos nutrimos y gozamos con el sacrificio de nuestros hijos.
Los padres desertan de ser tutores de sus hijos, para que cultiven de la verdadera fe, abdicando de sus derechos y deberes, convirtiéndose en ídolos de si mismos, en idolatras. Adoran todo menos el alma, dando culto al cuerpo y como nuevos paganos no son más que culpables, porque alguna vez conocieron la verdadera religión de la que se burlan y desertan y que un dia caerá sobre ellos implacablemente.
Penthos 25-11-2017