La Victoriosa
Reina del Mundo
Sor María Natalia Magdolna (Hungría)
Sor María Natalia Magdolna (Hungría)
Así me dijo el Señor:
—Hija Mía, dile a tu confesor: ―Si Yo encuentro un alma, pura y pronta a hacer sacrificios, a través de ella Yo puedo salvar no solamente un millar de almas, sino naciones enteras!!.
—Te has olvidado, Señor mío, quién soy yo.
—Verdaderamente tú no eres nada ni nadie; lo único que tienes que hacer es transmitir Mis Mensajes, tal como Yo te diré.
Esto me dio paz; de esta manera puedo permanecer en mi insignificancia.
En otra ocasión me quejé con el Señor de que yo no hablaba la lengua húngara muy bien y por eso yo esperaba que Él me librara de esta ardua tarea. Él contestó:
—Tú no sabes nada, creatura torpe. ¿Para qué crees que Yo te he dado a tu confesor y a tu maestra de novicias? Ellos estarán a tu lado y te ayudarán.
Le pregunté a Jesús cuáles eran Sus intenciones para mí. Él me contestó:
—Hija Mía, a través del amor y del sufrimiento, serás víctima por los Sacerdotes, por los pecadores y por las almas del Purgatorio. Sé pronta para toda clase de sufrimientos por ellos. Cuando Yo pida un sacrificio, tú deberás comunicarlo a tus superioras y a tu confesor. Si ellos no aceptan, Yo te daré sufrimientos internos. Por esto ellos sabrán que Soy Yo el que te pide este sacrificio.
Lo que me dijo ocurrió. Los sufrimientos en mi alma fueron tan tremendos que yo preferiría mejor cualquier dolor físico.
Un día, Jesús me atrajo hacia Él con tal fuerza que perdí completamente el control de mis sentidos y no pude decir mis oraciones vocales. Cuando recobré el conocimiento, estaba avergonzada porque había interrumpido la oración de la comunidad. Sufrí mucho porque Jesús me mostró las catástrofes que sobre-vendrían sobre el mundo y la perdición de las almas.
Mis superioras me ordenaron que Le pidiera a Jesús que me enviara Sus regalos sin
signos sensacionales externos, de otra manera no podría participar en la oración
comunitaria ni tampoco quedarme en la comunidad de las Hermanas de Santa María
Magdalena. Comuniqué esto a Jesús que me contestó:
—Muy bien. En el futuro tú recibirás Mis Gracias sin signos visibles. Yo viviré y actuaré en ti como lo hice cuando vivía entre los hombres. Yo viví, oré y trabajé como cualquier otro hombre. Mientras pasaba el tiempo con Mi Padre en éxtasis, el mundo no se percataba.
La misión que yo recibí de Jesús me causó mucho sufrimiento. Cuando yo me quejé con Jesús, Él dijo:
—¡Hija Mía! Yo salvé al mundo en la Cruz. Yo di Mi Sangre por ti; tu confesor y tu maestra de novicias todavía no han derramado su sangre. No olvides que los sufrimientos son el precio de la Tierra en la que Yo estoy preparando un futuro más feliz para tu país y para todo el mundo.
En 1940, cuando yo tuve dudas acerca de la autenticidad de los mensajes que recibía, Jesús me habló:
—¡No tengas miedo! Yo fui el que te habló; Yo, el Amor duradero y la Verdad duradera. Mi deseo y voluntad son que el mundo reconozca a Mi Madre Inmaculada como Reina del Mundo. Este Mensaje debe llegar a los Sacerdotes. Mi Corazón no puede descansar hasta que Mi Madre Inmaculada haya subido públicamente al trono del mundo como Reina del Mundo.
Tímidamente le contesté:
—Yo no puedo decir esto a los Sacerdotes, porque mi húngaro es pobre, y hay peligro que no pueda transmitir Tus Mensajes correctamente.
Al oír esto, el Señor me consoló diciendo:
—Yo Soy el Dios del Poder; Yo soy pequeño con los pequeños, pero soy grande con los grandes. No vaciles, solamente dile todo a tu confesor. Él no malentenderá ni Mi Voluntad ni Mi divina Intención.
Algunos días después, Jesús me urgió así:
—¡Si Yo hablo, tú debes hablar también. Siempre y cuando Yo esté callado, ¡tú debes estar callada también! ¿Por qué tienes miedo? Tú no fracasarás. ¡Mi Madre Inmaculada recibirá los honores que Ella merece! ¡Esta es la última vez que Yo te confío algo! ¡Ve y haz lo que te ordené que hicieras! ¡Tú no debes retrasar el gozo que Mi Corazón quiere realizar por medio tuyo y completar contigo!
En una visión me di cuenta que mi querido país no sería una excepción en la catástrofe que se avecinaba y pensé que sería inútil escribir y comunicar todo esto. Jesús me reprendió dulcemente:
—¿Qué? ¿Yo corrí y dejé Mi misión cuando vi Mi Cruz y Mi Muerte? ¡Tú debes hacer lo mismo que Yo! ¡Tú debes continuar escribiendo aunque mueras mañana y todo se perdiera! Yo Soy el Único que da la orden sobre Mi Proyecto; nadie puede pedirme cuentas. ¡Nadie puede entrometerse en lo que Yo hago!
—¿Y si mi confesor me prohíbe escribir? —le pregunté.
—¡Entonces no escribirás! ¡La palabra de tu confesor es la Mía! Conserva tus escritos cuidadosamente porque se necesitarán después de la guerra (Segunda Guerra Mundial). El padre Gologi continuará Mi trabajo como Mi apóstol.
—Muy bien. En el futuro tú recibirás Mis Gracias sin signos visibles. Yo viviré y actuaré en ti como lo hice cuando vivía entre los hombres. Yo viví, oré y trabajé como cualquier otro hombre. Mientras pasaba el tiempo con Mi Padre en éxtasis, el mundo no se percataba.
La misión que yo recibí de Jesús me causó mucho sufrimiento. Cuando yo me quejé con Jesús, Él dijo:
—¡Hija Mía! Yo salvé al mundo en la Cruz. Yo di Mi Sangre por ti; tu confesor y tu maestra de novicias todavía no han derramado su sangre. No olvides que los sufrimientos son el precio de la Tierra en la que Yo estoy preparando un futuro más feliz para tu país y para todo el mundo.
En 1940, cuando yo tuve dudas acerca de la autenticidad de los mensajes que recibía, Jesús me habló:
—¡No tengas miedo! Yo fui el que te habló; Yo, el Amor duradero y la Verdad duradera. Mi deseo y voluntad son que el mundo reconozca a Mi Madre Inmaculada como Reina del Mundo. Este Mensaje debe llegar a los Sacerdotes. Mi Corazón no puede descansar hasta que Mi Madre Inmaculada haya subido públicamente al trono del mundo como Reina del Mundo.
Tímidamente le contesté:
—Yo no puedo decir esto a los Sacerdotes, porque mi húngaro es pobre, y hay peligro que no pueda transmitir Tus Mensajes correctamente.
Al oír esto, el Señor me consoló diciendo:
—Yo Soy el Dios del Poder; Yo soy pequeño con los pequeños, pero soy grande con los grandes. No vaciles, solamente dile todo a tu confesor. Él no malentenderá ni Mi Voluntad ni Mi divina Intención.
Algunos días después, Jesús me urgió así:
—¡Si Yo hablo, tú debes hablar también. Siempre y cuando Yo esté callado, ¡tú debes estar callada también! ¿Por qué tienes miedo? Tú no fracasarás. ¡Mi Madre Inmaculada recibirá los honores que Ella merece! ¡Esta es la última vez que Yo te confío algo! ¡Ve y haz lo que te ordené que hicieras! ¡Tú no debes retrasar el gozo que Mi Corazón quiere realizar por medio tuyo y completar contigo!
En una visión me di cuenta que mi querido país no sería una excepción en la catástrofe que se avecinaba y pensé que sería inútil escribir y comunicar todo esto. Jesús me reprendió dulcemente:
—¿Qué? ¿Yo corrí y dejé Mi misión cuando vi Mi Cruz y Mi Muerte? ¡Tú debes hacer lo mismo que Yo! ¡Tú debes continuar escribiendo aunque mueras mañana y todo se perdiera! Yo Soy el Único que da la orden sobre Mi Proyecto; nadie puede pedirme cuentas. ¡Nadie puede entrometerse en lo que Yo hago!
—¿Y si mi confesor me prohíbe escribir? —le pregunté.
—¡Entonces no escribirás! ¡La palabra de tu confesor es la Mía! Conserva tus escritos cuidadosamente porque se necesitarán después de la guerra (Segunda Guerra Mundial). El padre Gologi continuará Mi trabajo como Mi apóstol.
En otra ocasión Jesús me consoló:
—Tú tienes que recibir Mis órdenes divinas con paz en tu corazón. Tú encontrarás esta paz interior solamente si enfocas tus pensamientos sólo en Mí. Yo quiero que digas Mis Mensajes a tu confesor. Tú eres el instrumento con el cual Yo quiero abrir la puerta y alcanzar a Mis Sacerdotes.
—¡Oh Jesús, buen Pastor! ¿Qué es lo que has hecho? ¿Qué es lo que estás pensando, escogiéndome a mí y rebajándote tanto?
Es imposible para mí resistir los deseos de Jesús; yo quiero obedecer cada uno de Sus deseos mientras que Él así lo quiera para que todo esto le glorifique en todo porque Él lo es Todo y yo soy nada.
—Tú tienes que recibir Mis órdenes divinas con paz en tu corazón. Tú encontrarás esta paz interior solamente si enfocas tus pensamientos sólo en Mí. Yo quiero que digas Mis Mensajes a tu confesor. Tú eres el instrumento con el cual Yo quiero abrir la puerta y alcanzar a Mis Sacerdotes.
—¡Oh Jesús, buen Pastor! ¿Qué es lo que has hecho? ¿Qué es lo que estás pensando, escogiéndome a mí y rebajándote tanto?
Es imposible para mí resistir los deseos de Jesús; yo quiero obedecer cada uno de Sus deseos mientras que Él así lo quiera para que todo esto le glorifique en todo porque Él lo es Todo y yo soy nada.
Comentarios
La realidad del infierno
Me dirijo a ustedes para recomendarles el tremendo e impresionante ultimo documental
de Café con Galat titulado “¿Con que no existe el infierno?”. Búsquenlo en el You Tube y véanlo y seguro que les hará un gran beneficio. Al hilo de esto os dejo las siguientes reflexiones:
A los seres humanos se nos hacen duras las palabras que dicen la verdad. Querríamos siempre misericordia, pero ¿estamos seguros de merecerla? ¿no es acaso misericordia la voz severa que nos habla de castigos para incitar al arrepentimiento? Y muchas veces ni por eso nos arrepentimos.
El deseo de oir solo promesas de bondad y de recibir solo caricias es una desviación de la religión, a la que hemos convertido en un epicureismo. Solo queremos recibir goces sin ningún esfuerzo a cambio. Este es un vicio espiritual que se llama quietismo, que en el fondo es una gula del espíritu, tras la que se esconde una profunda soberbia y el querer ser como dioses. Es lo que en otras religiones buscan con tanto denuedo, el gozo de falsos éxtasis paradisíacos. Esta gula del espíritu, la vemos en los grupos carismáticos, cuando buscan el gozo del espíritu sin ningún esfuerzo, lo que lleva a la destrucción del espíritu y a la satanización de la vida. Así el ego se convierte en un absoluto y la carne humana es capaz de creerse un dios.
En cambio a la más grande misericordia de Dios, que nosotros llamamos dureza y que recibimos espantados son las que nos avisan de nuestra condenación eterna, que nos despeja de tantos falsos espejismos para descubrir la verdadera realidad, y esta es que somos pecadores y ofendemos a Dios constantemente haciendo daño a los demás y a nosotros mismos.
Los hombres de nuestro tiempo son más culpables que los de Sodoma. Nuestras obras parecen más de brutos, que de seres con alma espiritual, que tienen la semejanza de Dios y cada pecado tiene un valor infinito. Por un solo pecado, el de Adán, cayó toda la humanidad y negar esto es negar nuestra fe.
En el libro de la Sabiduría, en relación a los cananeos, leemos: “… Realizaban hechicerías y sacrificios. Mataban sin piedad a sus hijos, comían las vísceras humanas y bebían la sangre dentro de tu tierra sagrada”. Pues bien la humanidad actual aventaja en malicia a estos cananeos.
Grandes y pequeños, cultos e ignorantes y tantos ministros de Dios tienen el sello inconfundible del demonio. Ya no efectuamos los sacrificios de los cananeos, sino que peor aun, inmolamos, no las carnes sino nuestras almas y la de nuestros semejantes conculcando el derecho de Dios y la libertad del hombre. Porque constantemente violentamos con burlas o con mandatos, las conciencias que todavía saben mantenerse fieles, derrocándolas de su fe, corrompiéndolas con doctrinas malditas. Malditos son los que siembran todo de corrupción, convirtiéndolo en un cenagal.
Son asesinatos morales, mucho peores y graves que la corrupción de la carne. Con nuestra incredulidad, racionalismo, sensualidad y bestialidad terminamos matando a lo único que nos queda, la carne, que como bestias lujuriosas, creamos un mercado en el que nos nutrimos y gozamos con el sacrificio de nuestros hijos.
Los padres desertan de ser tutores de sus hijos, para que cultiven de la verdadera fe, abdicando de sus derechos y deberes, convirtiéndose en ídolos de si mismos, en idolatras. Adoran todo menos el alma, dando culto al cuerpo y como nuevos paganos no son más que culpables, porque alguna vez conocieron la verdadera religión de la que se burlan y desertan y que un dia caerá sobre ellos implacablemente.
Penthos 25-11-2017
Dios Padre:
Yo revelo Mis planes futuros para los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra
Miércoles 27 de junio de 2012 a las 20:00 hrs.
Mi queridísima hija, hoy Yo revelo a todos Mis hijos Mis planes futuros para los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra.
Cuando ellos se fusionen en Un solo Glorioso Paraíso habrá doce naciones.
Estas naciones estarán compuestas de algunas naciones en el mundo que me han mostrado lealtad a Mí, Dios el Padre, a Mi Hijo Jesucristo y a la Madre de Dios, la Reina del Cielo.
Aquellas dispersas, serán reunidas para unirse a aquellas otras naciones como una sola, unidas como una Santa Familia.
Mi Voluntad será honrada. Todos vosotros tendréis el don del libre albedrío pero estará entrelazado con el Mío. Solo entonces la verdad del Paraíso será verdaderamente revelada.
Mis doce naciones están simbolizadas en las doce estrellas en la mujer en el Libro del Apocalipsis.
La mujer es la Madre de Dios y ella usa las doce estrellas para simbolizar dos cosas.
Los doce apóstoles que ayudaron a Mi Hijo a establecer Su Iglesia en la Tierra.
Las doce naciones especialmente elegidas formarán la única, verdadera y apostólica Iglesia en la Nueva Tierra, cuando el Cielo y la Tierra se fusionen como uno solo en Mi Nuevo Glorioso Paraíso.
Este es el momento que he estado esperando pacientemente.
Mi Divina Voluntad, que creó el Paraíso para Adán y Eva y el cual fue arrojado a un lado, por causa de la tentación del maligno, ahora se cumplirá y entonces esta vez el Paraíso será perfecto.
Mi Hijo, Rey de la Humanidad, Rey del universo, reinará sobre Mi Nuevo Paraíso en la Tierra.
Él designará líderes en cada nación, todos juntos, unidos por Mi Divina Voluntad.
Las gentes de esas naciones honrarán a Mi Hijo en la forma que se le debe honrar, la única forma, en paz y amor mutuo.
Su Bendita Madre, la Madre de la Salvación, fue coronada Reina del Cielo y también reinará como Reina del Nuevo Paraíso.
Su Coronación en el Cielo fue una Manifestación Divina muy especial de su labor en el futuro de la salvación del mundo.
Ella fue coronada con Gran Honor y Esplendor por la labor que ella desempeñó, no solo como la Madre de Dios y como Esposa del Espíritu Santo, sino como la Madre de la Salvación, a la que le fue dado el poder de destruir a Satanás.
Fue Mi Bienamado Hijo quien amorosamente colocó la corona de doce estrellas sobre la cabeza de la Madre de Dios en su Coronación.
Será Mi Hijo quien colocará la corona sobre su cabeza en el Nuevo Paraíso como la Reina de todos los hijos de Dios.
Mi Plan Divino para salvar a la humanidad ya ha comenzado.
Es Mi deseo que esta Misión me ayude a reunir a las almas perdidas en cada rincón de la Tierra y a salvarlas del enemigo, antes de que sea demasiado tarde.
Mi Divina intervención probará Mi amor por todos Mis hijos.
Nada es imposible. Nada es imposible en Mi batalla contra el ejército de Satanás.
Yo os traeré un nuevo mundo que os asombrará en toda su magnífica gloria. Está listo.
Su belleza y esplendor está más allá de la capacidad humana de imaginarlo.
Cuando lo presenciéis, vosotros tendréis vida eterna.
Rezad para que aquellos pobres hijos Míos, que no creen en Mí, Dios el Altísimo, que no obedecen Mis Leyes y que cometen terribles atrocidades los unos contra otros, se arrepientan.
Yo no quiero perder ni a uno solo de Mis hijos.
Ayudadme a traerlos a esta maravillosa y gloriosa heredad. Desafortunadamente, debe ser por su propio libre albedrío.
Yo os amo hijos, con una pasión desconocida para la humanidad.
El momento para el Nuevo Paraíso en la Tierra está muy cerca, pero a vosotros se os ha concedido el tiempo para ayudar a convertir a la humanidad a través de esta Misión del 7° Ángel en la Tierra que trabaja con Mi Hijo para traer a Mi familia hacia Mí.
Vuestro Amoroso Padre
Creador de todas las cosas visibles e invisibles
Dios el Altísimo
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