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Muchos dolores y problemas caerán sobre el hombre miserable que pone su corazón y deseos sobre cosas terrenales, por las cuales él abandona y pierde las cosas del cielo, y finalmente las de la tierra también.
El águila vuela muy alto; pero si se pone un peso sobre sus alas, ya no puede elevarse; y así, por el peso de las cosas terrenales, al hombre se le impide volar en lo alto, es decir, alcanzar la perfección; pero el hombre sabio, que pone el peso del recuerdo de la muerte y el juicio en las alas de su corazón, no puede volar y moverse libremente en medio de las vanidades de este mundo, no sea que le sean ocasión de condenación.
Vemos a diario cómo los hombres del mundo se afanan y trabajan duro, colocándose en muchos peligros corporales, para adquirir sus falsas riquezas; y luego, después de que han trabajado y adquirido, en un momento mueren, y dejan atrás todo lo que han reunido en su vida. Por lo tanto, no hay confianza en este mundo engañoso, que engaña a todo hombre que confía en él, porque es un mentiroso. Pero el que desea ser verdaderamente grande y rico en verdad, que ame y busque las verdaderas y eternas riquezas, que nunca sacian, ni cansan, ni dejan de crecen.
Tomemos el ejemplo de las bestias y las aves, quienes, cuando reciben su alimento, se contentan y buscan sólo lo que necesitan de hora a hora: y también el hombre debe estar satisfecho con lo que es apenas suficiente para satisfacer sus necesidades, no pidiendo más. El hermano Giles dijo que San Francisco amaba a las hormigas menos que a cualquier otro animal, debido a la gran atención que toman en el verano para recolectar y almacenar una reserva de granos para el invierno, y dijo que amaba mucho más a los pájaros, porque no acumulaban nada un día para otro.
Pero la hormiga nos da el ejemplo de que no debemos permanecer inactivos en el verano de esta vida presente, no sea que nos encontremos vacíos y sin fruto en el invierno del último y definitivo juicio.
Comentarios
En el Día del Juicio, comprenderéis finalmente el Poder de Dios
Viernes 20 de diciembre de 2013 a las 23:16 hrs.
Mi amadísima hija, es por Orden Mía que Satanás y todos sus demonios cederán. A pesar de todo su poder, no son nada frente a Mí, el Hijo del hombre, Jesucristo. Por toda Mi Humildad, Mis Sacrificios, Mis Súplicas a la raza humana, para permitir que Mi Amor les atraiga hacia Mí, Mi Divinidad nunca debe ser desestimada. Mi Poder nunca debe ser incomprendido, porque Soy TodoPoderoso y Mi Reino reinará para siempre, con o sin el hombre, quien tiene libre albedrío y, por lo tanto, la opción de seguirme o no.
Mientras que la debilidad de la humanidad, causada por el pecado, hace a cada persona vulnerable a la tentación de Satanás, nunca debéis creer que él tiene todo el poder, porque no lo hace. Cada demonio, incluido su maestro, la bestia, caerá a Mis Pies, por Orden Mía. ¿No lo sabíais? Porque solo hay Uno Quien tiene la Divinidad para someter todo bajo Sus Pies y ese soy Yo, Jesucristo.
Para alcanzar el favor de Dios, cada uno de vosotros debe venir hacia Mí. Os amo. Os atraigo hacia Mí. Os suplico. Me humillo ante vosotros. Me dejé arrastrar por el suelo, por el barro, por vosotros, antes de morir. Pronto os enfrentaréis a Mí. En el Día del Juicio, comprenderéis finalmente el Poder de Dios y entonces sabréis lo que se siente al encontrarse cara a cara con Mi Divina Luz. Tan Poderosa es Mi Luz que solo los puros y humildes la resistirán. Empujará a muchos de vosotros al suelo, cuando os protejáis la cara de Mí. Muy pocos de vosotros están en condiciones de estar de pie delante de Mí, y a pesar de ello Yo tiraré de vosotros hacia Mí, hasta que estéis de pie ahí como estaba destinado en completa entrega y en total obediencia a Mí. En Aquel Día vuestro libre albedrío llegará a su fin.
Vuestro Jesus
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