Dios quiere que le tratemos con familiaridad

«A Dios –enseña San Alfonso Mª de Ligorio– le gusta que tratéis familiarmente con Él. Tratad con Él vuestros asuntos, vuestros proyectos, vuestros trabajos, vuestros temores y todo lo que os interese. Hacedlo todo con confianza y el corazón abierto, porque Dios no acostumbra a hablar al alma que no le habla». Huyamos en la oración de la autosuficiencia, de la complacencia en los aparentes o posibles frutos en el apostolado, en la propia lucha ascética... y también de las actitudes negativas, pesimistas, que reflejan falta de confianza en la gracia de Dios, y que son frecuentemente manifestaciones de una soberbia oculta. La oración es siempre tiempo de alegría, de confianza y de paz.
Preparemos con especial esmero el rato que dedicamos a la oración, «estando a solas con quien sabemos nos ama», pues de ahí hemos de sacar fuerzas para santificar nuestro quehacer diario, para convertir en gracia las contradicciones diarias y para vencer todas las dificultades. Somos tan fuertes como sea de verdadero nuestro trato con el Señor. Al comenzarla «es necesario aparejar el corazón para este santo ejercicio, que es como quien templa la vihuela para tañer». En esta preparación nos ayudan el ofrecimiento de nuestro trabajo al Señor a lo largo del día, las pequeñas mortificaciones, el recogimiento interior... y, en el momento en que la comenzamos, el acto de presencia de Dios, en el que nos recogemos interiormente y nos ponemos ante su mirada. Este acto de presencia de Dios será normalmente una breve oración vocal que nos introducirá en el diálogo con Dios; muchas veces, ella sola nos dará materia para ese rato de conversación con el Señor. Nos puede ayudar el recitar despacio esas palabras, con la mente atenta: Creo firmemente que estás aquí..., que me ves..., que me oyes... Le miramos y nos mira. Y ese sentirnos junto a Él ya es oración, aunque no formulemos expresamente ninguna palabra. Él nos entiende y nosotros le entendemos. Le pedimos y Él nos pide: más generosidad, más amor, más lucha...
No nos preocupe si algunas veces, ¡o siempre!, no tenemos un especial sentimiento en la oración. «Para quien se empeña seriamente en hacer oración, vendrán tiempos en los que le parecerá vagar en un desierto y, a pesar de todos sus esfuerzos, no sentir nada de Dios. Debe saber que estas pruebas no se le ahorran a ninguno que tome en serio la oración (...). En esos períodos, debe esforzarse firmemente por mantener la oración, que aunque podrá darle la impresión de una cierta artificiosidad se trata en realidad de algo completamente diverso: es precisamente entonces cuando la oración constituye una expresión de su fidelidad a Dios, en presencia del cual quiere permanecer incluso a pesar de no ser recompensado por ninguna consolación subjetiva». Muchos días en los que, con lucha por estar con el Señor, nos había parecido que pasaba el tiempo sin sacar fruto, quizá ante Él resultó ser una oración espléndida. El Señor nos recompensa siempre con su paz y sus fuerzas para pelear todas las batallas que tengamos por delante. No dejemos nunca la oración. «No me parece otra cosa perder el camino –escribe Santa Teresa de Jesús, con su habitual claridad– sino dejar la oración». En no pocas ocasiones, puede ser la tentación más grave que sufra un alma que un día decidió seguir a Cristo de cerca: abandonar ese diálogo diario con Dios porque cree que no saca fruto, porque considera más importantes otras cosas, incluso empresas apostólicas..., y nada es más importante que esa cita diaria, en la que Jesús nos espera. «A toda costa –escribe un autor espiritual– debe tomarse y cumplirse inflexiblemente la determinación de perseverar en dedicar a diario un tiempo conveniente a la oración privada. No importa si no se puede hacer más que permanecer de rodillas durante ese tiempo y combatir con absoluta falta de éxito contra las distracciones: no se está malgastando el tiempo». Por el contrario, no existe tiempo mejor ganado que aquel que hemos «perdido» junto al Señor.
Pidamos hoy ayuda a Nuestra Señora para que nos enseñe a tratar a su Hijo como Ella lo trató en Nazaret y durante su vida pública. Y hagamos el propósito de no cometer la torpeza de abandonar la oración jamás y de no consentir distracciones voluntarias en ese tiempo en el que el Señor nos mira y nos escucha con tanta atención.


https://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.aspx

Comentarios

Cristina V. ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD:


Viernes 31 de Agosto, 2012


Mi muy querida hija, tú estás en la cúspide de una explosión, que verá Mi Misericordia derramarse sobre el mundo en un evento el cual cambiará la faz de la tierra.

Esta misión ha sido rápida.

Tú fuiste llamada repentinamente y con prisa mientras me movía para asegurar que al mundo le fuera dada la Verdad.

Tan poca gente entiende que así es como Dios llama a los profetas, sin saberlo, sin dejar tiempo para la preparación por parte del profeta.

Esto significa que las palabras fluyen sin titubeos.

Ningún hombre tiene la capacidad de escribir mensajes como éstos. Decir que éste es el caso, es un insulto a Mi Padre y al Espíritu Santo.

Ningún hombre puede, a través de las palabras humanas, encender la Llama del Amor de Dios en las almas de Sus hijos como estos mensajes lo pueden.

Sólo Dios podría producir tal resultado.

Ningún hombre conoce la verdad de los contenidos reales del Libro del Apocalipsis. Sólo Dios lo conoce.

Sólo Yo, el Cordero de Dios, tiene la autoridad para revelar su contenido. Lo hago ahora a través de Mi Mensajera María de la Misericordia Divina quien transmitirá Mis Palabras, no de ella, a un mundo incrédulo.

Prestad atención a Mi Palabra ahora para que se las estoy dando a vosotros, para salvaros. Para alertaros. Para prepararos. Y para purificaros.

Estad preparados cuando llegue el momento.

Vengo a través de los Mensajes, para prepararos. Vosotros no sabéis ni el día ni la hora; por lo tanto, debéis preparar vuestra alma, como si el tiempo para que Yo llegue fuera el día siguiente.

Siempre estad preparados. Os pido que mantengáis una mente clara y abierta al leer Mis Mensajes por primera vez, por lo que probablemente será la única vez que vosotros seréis testigos de Mi Voz proveniente del Cielo, hasta el día en que todos han estado esperando a que llegue.

Os bendigo a todos.

Os invito a venir a Mí.

Cuando os pido que oréis Yo simplemente os pido que confiéis en Mí, en vuestras propias palabras simples.

En vuestra manera propia. En vuestros pensamientos privados. Yo escucho todo. Yo veo todo. Siento lo que vosotros sentís. Yo estoy con cada uno de vosotros de pie a vuestro lado, sólo esperando por el día en que finalmente os rendiréis a Mi Llamado.

No tenéis nada qué temer de Mí, porque Mi Amor por vosotros va a superar cualquier oscuridad, que os mantiene alejados de Mí.

Volved a Mí, y yo derramaré Mi Luz sobre vosotros.

A continuación os daré la paz que anheláis. Estoy a la espera. Soy paciente.

Venid a Mí cuando estéis dispuestos.

Os quiero. Yo os bendigo.

Vuestro Salvador, Jesucristo



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