La confianza en Dios no nos lleva a la pasividad

 El abandono y la confianza en Dios no nos llevan de ninguna manera a la pasividad, que en muchos casos sería negligencia, pereza o complicidad. Hemos de combatir el mal físico y el moral con los medios que están a nuestro alcance, sabiendo que ese esfuerzo, con muchos resultados o aparentemente con ninguno, es grato a Dios y origen de muchos frutos sobrenaturales y humanos. Ante la enfermedad, además de aceptarla y ofrecer los padecimientos y dolores que lleve consigo, pondremos el remedio que el caso requiera: acudir al médico, descansar, tomar la medicina que nos indiquen... Y la injusticia, la desigualdad social, la penuria de tantos... nos llevarán a los cristianos, junto a otros hombres de buena voluntad, a buscar los recursos o las soluciones que nos parezcan más aptas, y lo mismo reaccionaremos ante la ignorancia y la falta de formación de tantas gentes... Nada más ajeno al espíritu cristiano que una mal entendida confianza en Dios que nos llevara a quedarnos inactivos ante el sufrimiento y la necesidad en cualquiera de las formas que se presente.
Dios es nuestro Padre y cuida amorosamente de nosotros, pero cuenta con la inteligencia y el buen sentido de sus hijos para seguir en el camino por el que Él nos quiere llevar, y también con el amor fraterno para actuar a través de nosotros en la vida de otros hijos suyos. Nos ha dado unos talentos para ponerlos constantemente en juego. Nos santificamos aun cuando al poner los medios que el caso requería nos parece que hemos fracasado, que no han dado el resultado esperado. El Señor santifica los «fracasos» que se originan después de haber puesto los medios que parecían oportunos, pero no bendice las omisiones, pues nos trata como a hijos inteligentes, de quienes espera que pongan en juego los remedios adecuados.
Apliquemos en cada caso lo que esté de nuestra parte, y después, omnia in bonum! todo será para bien. Los resultados, aparentemente buenos o malos, nos llevarán a amar más a Dios, nunca a separarnos de Él. En el sentido de la filiación divina encontraremos la protección y el calor paternal que todos necesitamos. «Si tenéis confianza en Él y ánimos animosos, que es muy amigo Su Majestad de esto, no hayáis miedo que os falte nada», escribe Santa Teresa después de una larga experiencia. Junto al Señor se ganan todas las batallas, aunque, aparentemente, algunas se pierdan.





Comentarios

Cristina V. ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD:


Viernes 13 de septiembre de 2013


Mi Corazón anhela por el mundo y todos los que viven en él y os prometo que haré todo lo posible por unir a todos vosotros, hijos de Dios, dentro de Mi Corazón.

Amo a cada hombre, mujer y niño, sin importar quiénes son – ya sea que sean poderosos, ricos, influyentes, humildes, pobres o solo personas simples, viviendo vidas ordinarias. Todos vosotros fuísteis elegidos por Mi Padre para nacer, Quien os creó. Cada alma tiene un propósito y cada uno de vosotros es un hijo amado de Dios.

Aquellos de entre vosotros que sufrís enormemente y quienes pudiéseis haber perdido toda esperanza en la vida, sabed que estáis en Mi Corazón y que siento vuestro dolor profundamente. Sufro dentro de vosotros. Nunca debéis perder la esperanza, porque tengo un lugar para vosotros en Mi Paraíso. Cuando perdéis la esperanza, estáis dándole la espalda a vuestro futuro, el cual está lleno de Mi Luz. Este futuro es Mi Regalo para vosotros y todo es Mío. Quitaré vuestra preocupación. Solo llamadme y decidme: "Jesús, quita mi terrible dolor y sufrimiento y déjame sentir Tu Amor." Y levantaré vuestra pesada carga al instante.

Cuando os sintáis vacíos y creáis que nadie realmente os ama, debéis saber que Yo estoy ahí a vuestro lado, porque Yo siempre os amaré, no importa cuán lejos os hayáis desviado. Cuando creáis que no tenéis nada por qué vivir, entonces sabed que Mi Nuevo Paraíso os dará la Vida Eterna. Pero debéis perseverar con vuestro sufrimiento en esta vida primero. Sin embargo, aliviaré vuestro sufrimiento y todo lo que tenéis que hacer es pedirme que lo haga.

Muchos de vosotros os sentís despreciados, no amados, fracasados, insatisfechos y de poca utilidad. Os sentís así porque el mundo está obsesionado con el supuesto éxito y ambiciones. Solo los pocos, la élite, parecen alcanzar tales grandes alturas. Las presiones creadas por los medios de comunicación del mundo para celebrar la riqueza y la belleza solo sirven para destruir la confianza del hombre ordinario. No es necesario impresionar a otros. No es necesario o deseable impresionarme con vuestro supuesto éxito. Trabajad duro, por todos los medios. Utilizad los talentos dados a vosotros por Dios, pero utilizadlos con el fin de servir a otros y por el bien de todos. Pero sabed esto. Es el débil, el humilde de espíritu y aquellos con un simple amor por Mí, Jesucristo, a quienes Yo levantaré a la mayor gloria en Mi Reino. Aquellos quienes sufren ahora nunca sufrirán de nuevo en Mi Nuevo Paraíso.

Mi promesa de venir a reunir a todos vosotros será cumplida durante Mi Segunda Venida. Ansiad este día con anhelo y alegría, ya que no está lejos y entonces os traeré los Dones de amor, alegría, felicidad y Vida Eterna. Perseverad y acercaos a Mí. Yo estoy con vosotros. Nunca os abandonaré, pero no debéis separaros de Mí porque si lo hacéis, estaréis perdidos para Mí. Venid, recostad vuestra cabeza en Mi Hombro. Permitidme consolaros. Permitidme poner fin a vuestro dolor. Permitidme que os seque vuestras lágrimas. Permitidme daros Mi Paz.

Os concedo una Bendición especial ahora. Tomadla. Aceptad Mi Mano y todo estará bien. Os amo.

Vuestro Jesús



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